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Mar27062017

Última actualización05:35:47 AM GMT


Dirigido a los que aún se creen que el 15M o Podemos surgen de la nada

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Para que cualquier movilización salga adelante es necesario que alguien la impulse. Es una posición irreal pensar que los grandes hechos históricos surgen espontáneamente. Siempre hay un grupo detrás de ellos y movimientos como el 15M o ahora partidos como Podemos no son una excepción.

El 15M o Podemos lo han impulsado organizaciones políticas que previamente ya existían y las cuales durante más de 20 años estuvieron navegando a la deriva por el vacío ideológico. Solo gracias al estallido de indignación de la pequeña burguesía en riesgo de proletarización y la cobertura de los medios de comunicación de la oligarquía han conseguido tener cierta fama. Una fama por la que pugna un refrito de oportunistas de todo pelaje: anarquistas, reformistas, trotskistas...

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En la actualidad, el sistema capitalista está sacudido por la peor crisis de su historia. La burguesía se apresta a afrontar la situación ejecutando violentos ataques contra los derechos más elementales de la clase obrera que, desorganizada, responde de manera tibia y, a menudo, desde posiciones de clase que le son ajenas.

Ante la situación de desorganización e indefensión ideológica de los trabajadores, cada poco tiempo surgen a la palestra charlatanes de todo pelaje que, con más o menos éxito según las circunstancias, logran convencernos -cual vendedor ambulante- de que su mercancía es la buena. La enésima refundación de la manera de entender la política es la definitiva, nos dicen. De repente se supone que debemos abrir los ojos y darnos cuenta de que todo lo que había antes queda borrado de un plumazo y relegado al museo de historia.

Lo curioso es que los impulsores de tales ideas jamás son nuevos. Son los oportunistas de siempre con un nuevo disfraz. Y a pesar de que el nuevo envoltorio sea deslumbrante, lo cierto es que lo que esconde -la práctica, las ideas y las palabras con las que las expresa- son lo mismo de siempre.

El 15 de mayo de 2011 se sucedían en España numerosas manifestaciones, convocadas por plataformas supuestamente ciudadanas y horizontales.

¿Ciudadanas? ¿Horizontales? Uno se imaginaría, con tales palabras, que todos los ciudadanos del país se habían reunido en asamblea multitudinaria, compuesta por más de cuarenta millones de seres, para decidir dar el pistoletazo de salida a esas movilizaciones. Más adelante, de manera espontánea habrían decidido darles un nuevo empuje y ello llevaría a las masivas convocatorias de los próximos meses.

Lástima que la realidad no sea tan idílica. La plataforma Democracia Real Ya, estructura turbia, poco definida y que se prestaba con facilidad a chanchullos políticos de toda índole, estaba detrás de estas movilizaciones. A la plataforma Democracia Real Ya aparecerían asociados, a posteriori, grupos de todo tipo: desde reformistas incorregibles como Izquierda Unida hasta republicanos liberales como el Movimiento de Ciudadanos por la República Constitucional, pasando por anarcocapitalistas y libertarios.

Y es que, a pesar de que nos aseguraban que el "movimiento" no tenía líderes, pocos meses después de empezar todo el meollo nos enterábamos de que dentro había una buena dosis de peleas internas por el control de la estructura. Algo normal con el oportunismo. La socialdemocracia y los liberales, que convivían con total tranquilidad hasta entonces, se pelearon -con el consiguiente revuelo mediático- y ello se saldó con la expulsión de cinco miembros de DRY Madrid. Esos personajes, ligados al liberalismo y al anarcocapitalismo, acabarían colaborando entre sí para elaborar un libro que recibiría gran bombo por parte de los medios de comunicación y se convertiría en uno de los referentes ideológicos de los indignados: "Nosotros, los indignados". ¿Los nombres de los autores? Fabio Gándara, Óscar Rivas, Pablo Gallego y Claudia Álvarez.

La verdad es que el oportunismo de todo tipo -anarquistas, reformistas, trotskistas-, además de otras tendencias ideológicas como el liberalismo o el anarcocapitalismo se estaban peleando ferozmente para controlar el movimiento, estructura por estructura y plaza por plaza. Cada una de ellas acabaría siendo capitalizada por una de estas fuerzas.

El movimiento que intentaban controlar no era algo que hubiese brotado de la nada, espontáneamente, por acción de unos ciudadanos súbitamente iluminados por inspiración divina. Ni mucho menos. Todos los habitantes de una nación capitalista están constantemente expuestos a un bombardeo ideológico intensísimo por parte de las ideas de la clase dominante, la burguesía. Sin un referente político proletario, parte de la clase obrera puede caer en las confusas divagaciones de la pequeña burguesía.

El 15M surgió sobre la base de ideas y teorizaciones que venían de lejos y que reciben hoy en día amplio apoyo en los medios académicos y de comunicación que tiene a su disposición la burguesía. A modo de ejemplo: uno de los principales referentes ideológicos del movimiento fue, indudablemente, Stephane Hessel. Su libro "¡Indignaos!" se vendía por miles en las librerías en el momento álgido del marasmo indignado.

El francés, que por cierto no era un elemento despolitizado en absoluto, sino que por el contrario ya se había presentado en 2009 a las elecciones europeas con Europe Ecologie (Europa Ecologia) y había firmado en 2004 un ignominioso manifiesto con otros intelectuales galos reclamando una Unión Europea más fuerte a nivel político y militar, no inventa nada. De haber estado vivos, algunos antiguos y perniciosos personajes notorios como Gandhi le habrían reclamado derechos de autor. La desobediencia civil y la no violencia son la prédica preferida de la pequeña burguesía desde tiempos inmemoriables: se trata de reconocer que "algo va mal" pero matizar que todos somos ciudadanos, desencajar todo el asunto, cubriendo la raíz del problema con tierra y atacar las "equivocaciones" de los gestores políticos, que se habrían apartado del camino de la lógica, todo ello escondiendo la lucha de clases bajo la alfombra.

De la misma manera, la negación radical de la clase obrera como sujeto revolucionario, la equiparación de todos los individuos en un puré inasible de seres al margen de clases sociales; y la negación de estructuras tradicionales de organización de los trabajadores son algo que ya habían teorizado décadas antes los tristemente célebres Toni Negri y Michael Hardt. Dos intelectuales que pasarán a la historia por haber dado forma de teoría compleja a las confusas divagaciones de la pequeña burguesía sobre la organización horizontal, en redes, entre ciudadanos iguales que luchan por mejorar las cosas en el sistema capitalista.

Pero en fin, el 15M, como todo movimiento desorganizado, se evaporó como el agua en el desierto y al marasmo indignado le sucedieron nuevas "reelaboraciones" de la manera de entender la política, esta vez herederas de lo anterior, pero sólo de lo inmediato: de los indignados. No son pocas las formaciones que han cogido el relevo para hacer lo de siempre con nuevas palabras.

Entre estas formaciones destaca, por su actual popularidad, Podemos. Esta organización, lejos de estar dirigida por ciudadanos recién incorporados a la política con "nuevas ideas", es encabezada por antiguos trotskistas con las ideas muy claras. En la lista de candidatos a las últimas elecciones europeas, de los diez primeros integrantes al menos cinco están directamente relacionados con Izquierda Anticapitalista (Maria Teresa Rodriguez, Carlos Jiménez Villarejo, Lola Sánchez Tania González y Miguel Urban).

Lo mismo le pasaba a la Coordinadora 25S, famosa por sus intentos tan descabellados como infructuosos de rodear, asaltar y tomar el Congreso. Negándose inicialmente a dar nombres de sus integrantes (en pos de una supuesta "transparencia", se presupone), acabaron saliendo a la palestra las identidades de algunos de sus miembros a raíz de su imputación por el 25 de septiembre en un juicio. Algunos nombres: Doris Benegas, militante de Izquierda Castellana y número 2 de Iniciativa Internacionalista, formación plagada de trotskistas; y Chema Ruiz, ex-concejal de IU y militante del PCE, quién por cierto fue muy bien arropado por El País durante la oleada indignada.

Los mismos trotskistas, anarquistas y socialdemócratas que actuaban en DRY, C25S u hoy en Podemos, luchaban en las plazas por adquirir protagonismo, sintiéndose a gusto al abrigo de la explosión de viejas ideas que, una vez más, volvían a adquirir popularidad gracias a la inquietud de la pequeña burguesía y al amparo descarado de los medios de comunicación de la burguesía.

Mientras tanto, muy lejos de allí, los comunistas luchaban por abrirse paso en los centros de trabajo, organizando a la clase obrera en base a sus propias ideas. Porque los comunistas, a diferencia del oportunismo, no se deja arrastrar por las ideas que pone la burguesía de moda; al contrario, luchan ideológicamente para combatir tales ideas, a pesar de tener que nadar contracorriente para conseguirlo.

 

 

 


Domenec Merino es miembro del Comité de Redacción de Tinta Roja.

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