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Vie28042017

Última actualización05:46:48 AM GMT


Del espontaneísmo a la organización: orígenes y perspectivas de la lucha en Sants

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La respuesta popular a la demolición del CSA Can Vies es muestra del rechazo de los vecinos de Sants a que el Ayuntamiento de Barcelona cerrara un espacio que cubría servicios que el propio ayuntamiento se negaba a garantizar. El gasto invertido en el helicóptero que está sobrevolando la zona continuamente es equivalente al presupuesto asignado para todo un año a Sants-Montjuic para espacios barriales: 40.000 euros. Una cifra ridícula.

Igual que en Gamonal, los vecinos se rebelan contra la gestión política de la burguesía municipal, que especula en beneficio de grandes empresarios y banqueros, mientras lleva a la pobreza a la clase trabajadora y los sectores populares. Y nuevamente la lucha es respondida con represión policial, en un Estado cada vez más reaccionario.

Entender lo que sucede estos días en el barrio de Sants, en Barcelona, implica comprender cuál es la situación en la que se encuentran la clase obrera y los sectores populares en Cataluña, que no es distinta a la que tienen en el resto del Estado español: bajada constante de salarios; destrucción de derechos laborales; mercantilización de educación y sanidad; escasa oferta de ocio, cultura y deporte en los barrios; subidas en el precio de los transportes; desigualdades y problemas con las drogas y un largo etcétera.

A pesar de los mensajes que se pueden encontrar por la red, el CSA Can Vies no es aceptado y defendido por los vecinos por ser un referente político, un "castillo de resistencia", sino más bien por ofrecer gratuitamente una serie de servicios que el Ayuntamiento se niega a garantizar a la clase trabajadora residente en Barcelona. No estamos hablando de que ese fuese el foco de una nueva cultura política ni de una forma novedosa de entender el ocio o las relaciones humanas, como defienden algunos de sus ocupantes. La nueva cultura sólo es posible en el socialismo y para llegar al socialismo es necesario que la clase trabajadora tome el poder político.

El quid de la cuestión es, pues, que el CSA Can Vies ha estado cubriendo esos huecos que el Ayuntamiento, al servicio de la burguesía, se negaba a ocupar en cuanto a oferta de diversos servicios. De hecho, y a modo ilustrativo, basta con señalar que el presupuesto que se gastan las autoridades en diez días haciendo sobrevolar el helicóptero policial que en las últimas 72 horas está agotando ininterrumpidamente la paciencia de la gente en Sants y otros distritos, es equivalente a aquel asignado para todo un año a Sants-Montjuic para los espacios barriales: 40.000 euros. Una cifra ridícula.

Los habitantes de Sants ven el desalojo del CSA Can Vies como una agresión directa de los gestores políticos del sistema hacia sus condiciones de vida: después de dedicar cifras penosas a infraestructuras de barrio, después de dejar durante años en ruinas el edificio que hoy es Can Vies, hoy el Ayuntamiento pretende convertir el proyecto literalmente en escombros y no hay ningún plan para edificar nada a posteriori. Los representantes del partido en el consistorio barcelonés aseguran que el área es considerada "zona verde" y que, por ende, entra dentro de "futuros planes urbanísticos" que no entra a especificar. Porque no están especificados. No tienen ni idea de qué harán con ese terreno después de todo: su única prioridad es arrancar a los jóvenes del espacio, con clara intencionalidad política.

Y es que al fin y al cabo el partido que actualmente manda en Barcelona, Convergència i Unió, al igual que todos sus predecesores y sucesores, está al servicio de la burguesía. Una burguesía desesperada por remontar ganancias en época de crisis estructural del sistema capitalista. Los empresarios y banqueros están decididos a cargar el peso de la "recuperación" dentro del sistema capitalista sobre los hombros de la clase obrera y los sectores populares. Dentro de ese esquema clasista entra la apuesta decidida por la especulación, que en Barcelona alcanza cuotas escandalosas aunque no superiores a las de poblaciones circundantes como Santa Coloma, que directamente son urbes levantadas sobre el trapicheo y el engaño descarado al pueblo.

Y es que la burguesía sabe que puede dedicarse a jugar con los terrenos de Barcelona con total impunidad porque la justicia y el Estado están en sus manos, como no podía ser de otra manera en la sociedad capitalista. Recientemente conocimos la sentencia del caso que implicaba a Félix Millet y Jordi Montull, del Palau de la Música, en un caso de flagrante tráfico de influencias y desvíos dinero, con el que también tenían relación importantes miembros del área de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona. El veredicto del juez ha causado estupor e indignación en la población: un año de cárcel para Millet y Montull y absolución para todos los cargos del área de Urbanismo. Nadie ingresará en prisión.

El mensaje que debemos transmitir los comunistas a la clase trabajadora es que en el capitalismo no hay espacio ni para los servicios públicos y calidad, ni para infraestucturas desarrolladas a su servicio en los barrios, ni para la igualdad entre zonas dentro de la ciudad. La drogadicción, pobreza, desigualdad y carestía en los barrios es algo consustancial al sistema capitalista y no puede entenderse sin él.

También es indisociable del capitalismo un fenómeno que estos días se revela con toda su crudeza en el barrio de Sants: la represión, dura y descubierta, de las fuerzas represivas del Estado al servicio de la oligarquía financiera. Y es que el desalojo del CSA Can Vies ha sido ejecutado, ante la consciencia de las autoridades del apoyo con el que contaba, con una brutalidad policial que desgraciadamente tiene precedentes -pues los Mossos son expertos en ensañarse con la lucha obrera y popular- pero que no por ello deja de indignar en cada ocasión a los obreros de todo el país.

Golpes de porra a ancianos, golpizas en los portales a vecinos indefensos, agresiones a los manifestantes y detenciones arbitrarias -que ya suman más de una decena de personas-, además de registros por decenas en toda Barcelona. Helicópteros sobrevolando la ciudad durante todo el día, antidisturbios de toda Cataluña concentrados en la capital, blindando los barrios y muy especialmente las cercanías del Centro Social, medio derruido. Éstas son las medidas que pretende aplicar la burguesía para aplacar la ira del pueblo, sin éxito, pues cada golpe que da es respondido con centenares de personas más en la calle.

En época de crisis estructural del sistema capitalista, la burguesía no tiene más remedio que precarizar aún más las condiciones de vida de la clase obrera y los sectores populares. A la lógica lucha que sucede a este fenómeno sólo puede responder con su porra desnuda, con las balas de goma (que utiliza estos días en Barcelona, a pesar de los falsos anuncios en los medios de comunicación que aseguraban su prohibición, cuando sólo se han eliminado las bolas redondas que rebotaban en el suelo) y gases lacrimógenos.

El reto que tenemos los comunistas por delante en las próximas semanas es dotar a la lucha de un contenido obrero, en lo organizativo y en lo político. En muchos sentidos, la lucha se sitúa en coordenadas de espontaneísmo y de un marcado carácter pequeño-burgués, en parte por la extracción de clase del propio barrio en el que viven numerosas capas medias además de clase trabajadora, distinguiéndose así de otros barrios más puramente obreros como Nou Barris o localidades tales como Cornellà. Debemos saber y poder transformar la cacerolada del vecino, el estallido de rabia y violencia espontánea en organización y lucha sostenida con claves revolucionarias. Debemos entender que esto no se reduce a la mala gestión de un político, como en este caso se señala a Jordi Martí (concejal del distrito de Sants Montjuic), aunque éste sea un lacayo detestable al servicio de la burguesía, sino a las dinámicas de todo un sistema económico.

 


Domènec Merino es Responsable Político del Comité Nacional de los Colectivos de Jóvenes Comunistas en Cataluña / Joves Comunistes del Poble Català (CJC/JCPC) y miembro del Comité de Redacción de Tinta Roja.

 

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