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Los Juegos Olímpicos de Berlín y la Olimpiada Popular de Barcelona en 1936

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En 1936, con el nazi-fascismo en plena ebullición y la tensión política en Europa a punto de desatar un enfrentamiento bélico, la Alemania nazi acoge los XI Juegos Olímpicos de Verano, con un marcado carácter propagandístico. Ya desde la ascensión al poder del partido nazi, un movimiento de boicot a los Juegos Olímpicos de los que el régimen de Alemania sería anfitrión recorre Europa, culminando en el caso de España con la organización en 1936 de la llamada Olimpiada Popular en la ciudad de Barcelona.

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Tras el ascenso al poder del Partido Nazi en 1933, el debate sobre si un régimen de semejantes características podía organizar unos Juegos Olímpicos avanzó de forma recelosa a pesar de la ya evidente política racista y militarista del gobierno de Alemania. Contados miembros del Comité Olímpico Internacional presentaron críticas contundentes y algunos de los que avanzaron en sus reivindicaciones fueron sancionados o expulsados. Exceptuando algunas organizaciones judías o abiertamente antifascistas, en países como EEUU y las democracias burguesas occidentales apenas se puso sobre la mesa la cuestión del boicot a las olimpiadas que evidentemente constituirían un escaparate ideológico para el nazismo.

Más enérgica y tenaz fue la oposición y la campaña de boicot a los juegos por parte de los comunistas alemanes exiliados que continuamente publicaban críticas y denuncias en órganos como Arbeiter Illustrierte Zeitung (El Periódico Ilustrado de los Trabajadores). A ellos se unió el creciente movimiento obrero internacional, con la Unión Soviética a la cabeza, que ya previamente había enfatizado la necesidad de trasmitir a los Juegos Olimpicos un carácter de solidaridad internacionalista con el fin de promover el deporte y la amistad entre los pueblos y no las rivalidades propias del ideario burgués que imperaba en la ética de unos juegos nacidos en el seno del nacionalismo decimonónico. Partidos comunistas y organizaciones sindicales de todo el mundo comenzaban a organizar asociaciones deportivas obreras y en esta coyuntura internacional comenzó a plantearse con fuerza la idea de realizar unas contraolimpiadas, que prosiguiesen la idea de las Olimpiadas Obreras ya celebradas en varias ocasiones (la "Espartaquiada" soviética de 1928 o las celebradas en Viena en 1931) con un especial carácter de boicot a unos Juegos Olímpicos acogidos y organizados por el nazi-fascismo.

La idea se materializó en la organización de la Olimpiada Popular, celebrada en España, en la ciudad de Barcelona y que logró la inscripción de unos 6000 atletas de 23 países de todo el mundo, todos ellos de extracción popular.

La financiación se realizó con fondos públicos y resultó muy modesta a pesar de la contribución por parte de Francia, un país donde gobernaba un Frente Popular presidido por André Leon Blum, de origen judío, alentado especialmente por el afán de boicotear la ya conocida en el ámbito obrero español como "Olimpiada Parda" (en alusión a la camisa uniforme del Partido Nazi). Sin embargo el esfuerzo y el entusiasmo planteado por las organizaciones sindicales, las delegaciones internacionales y el Partido Comunista de España logró que saliera adelante la Olimpiada Popular, con 16 modalidades deportivas en su programa entre ellas fútbol, tenis, baloncesto, boxeo, atletismo, lucha, pelota vasca y ajedrez.

Unos 25.000 visitantes se esperaban en el evento, cuya celebración se sitúo entre los días 22 y 26 de julio, aunque desde el día 18 se planificaron actos y festejos previos a las olimpiadas.

A pesar del esfuerzo y el aparente éxito que tendrían las olimpiadas nunca llegaron a celebrarse. En la madrugada del 19 de Julio el golpe de Estado fascista se evidenció en Barcelona con la sublevación de parte de la guarnición militar Catalana, lo que obligó a cancelar la inauguración de los Juegos y los festejos previos.

El carácter obrero de los deportistas participantes, con una mayoría vinculados a organizaciones sindicales y al Partido Comunista se pusieron con presteza manos a la obra para organizar la resistencia. Muchos de los atletas extranjeros se afiliaron a las Brigadas Internacionales y tras el fracaso del fascismo en Cataluña continuaron la lucha en otros puntos de la geografía española participando con gran valentía y decisión en los enfrentamientos más cruentos de la contienda.

El 1 de Agosto, con España ya sumida en la guerra total, dieron comienzo las Olimpiadas en Berlín, con el sello nazi y el objetivo por parte del régimen de exhibir el poder y la superioridad racial de Alemania ocultando los aspectos más brutales e inhumanos del nazismo que quedarían en evidencia tres años después.


César Rodríguez Lodares es miembro del Comité de Redacción de Tinta Roja.

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