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Vie18092020

Última actualización09:36:03 AM GMT


Las elecciones europeas no van a solucionar los problemas de la juventud obrera

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El próximo 25 de mayo tendrán lugar las elecciones al Parlamento Europeo. Durante estos meses hemos visto cómo las diferentes fuerzas políticas burguesas buscan congregar a los votantes en torno a proyectos cargados de promesas de generación de empleo, recuperación del estado del bienestar, unidad y democracia.

Un análisis de la naturaleza de clase de las elecciones y el parlamentarismo, así como del rol que juega la Unión Europea, nos hace vaticinar con toda seguridad que ninguna de esas promesas se cumplirá para la juventud de clase obrera.

De cara a un estudio marxista de las próximas elecciones europeas y la actitud que el Partido y la Juventud Comunista debe presentar ante ellas, es fundamental determinar la condición de clase del parlamento burgués que, como todas las instituciones que constituyen la superestructura del capitalismo, forma parte del juego de herramientas de gestión de este modelo de producción, destinadas exclusivamente a la defensa de los intereses de la clase dominante y que están íntegramente subordinadas al poder económico. El parlamento no es más que el órgano de poder legislativo del Estado burgués.

Ésta no es, sin embargo, la idea que la propaganda burguesa -en todas sus formas- imprime a la clase obrera, que proyecta la ilusión del parlamentarismo como una garantía de poder de todos y para todos, en la que cualquiera tiene la oportunidad de lograr sus reivindicaciones, sea cual sea la clase social a la que pertenezca. Es de esta situación de la que se nutre el oportunismo.

Los oportunistas, aglutinados ideológicamente en Europa entorno al Partido de la Izquierda Europea, plantean el parlamentarismo como vía principal y única para lograr una "transición" a una sociedad "más justa". Afirman que el capitalismo es reformable y que es posible superarlo mediante las pequeñas conquistas obtenidas en su seno. Ignoran concienzudamente en ese afán el carácter de clase del parlamento, elemento auxiliar del poder burgués, utilizando en abstracto la palabra "democracia", despojándola de su significado clasista y alentando a los trabajadores a sustituir los métodos de lucha característicos del movimiento obrero por el voto en el parlamento burgués.

Por otra parte, la posición leninista mantiene que la burguesía, como clase en el poder, jamás permitirá que uno de sus órganos de represión sea utilizado para acabar con su dictadura de clase y es por esto, por la propia naturaleza del parlamento, que la vía planteada por los reformistas se evidencia como estéril y oportunista.

No por ello debemos los comunistas abandonar la presencia en los parlamentos, ya que presenta ciertas oportunidades de reivindicación que, aunque siempre subordinada a la lucha revolucionaria de masas, supone beneficios tácticos a tener en cuenta. En palabras de Lenin: la participación en un parlamento democrático-burgués, lejos de perjudicar al proletariado revolucionario, le permite demostrar más fácilmente a las masas atrasadas por qué semejantes parlamentos merecen ser disueltos, facilita el éxito de su disolución, facilita la "supresión política" del parlamentarismo burgués. La lucha parlamentaria supone así para los comunistas una oportunidad de desenmascarar las posiciones reformistas.

En el marco parlamentario las fuerzas del oportunismo se presentan con un discurso interclasista, que concibe un capitalismo domesticable que nada tiene que ver con su naturaleza opresora y que ejerce cada vez con mayor inclemencia su dictadura sobre la clase trabajadora. Hemos podido comprobar, en el caso de España, cómo esas mismas fuerzas oportunistas, en numerosas ocasiones han actuado como gestores del capitalismo en las regiones donde ostentan el poder político del mismo modo que los elementos políticos de la derecha, aplicando sin ningún pudor las medidas anti obreras orquestadas por los monopolios europeos (véase Andalucía o Asturias con Izquierda Unida).

Esta situación se recrea de la misma forma en el cuadro de la Unión Europea y las elecciones a su parlamento.

Podemos pronosticar sin temor a equivocarnos que, tras el mensaje de reforma, participación ciudadana y mitigación de la naturaleza depredadora de la UE, el reformismo solo aspira a gestionar sin mayor margen de maniobra las políticas que dictan los monopolios, dueños del poder económico y verdaderos beneficiarios del poder político.

Es por todo esto que, en una Unión Europea, constituida como lanzadera política de los monopolios, que ha logrado en pocos años desmantelar la industria de países como España en pos de sus beneficios y condenar a la clase obrera a unos niveles de paro y precariedad históricos, la posición del Partido Comunista no ha de ser otra que la de la salida de dicho bloque imperialista, de su mercado y de la organización armada criminal de la que se beneficia.

La UE nada tiene que ofrecer a los trabajadores, sean cuales sean los gestores de su gobierno, por muy progresista que sea el discurso electoral de los mismos. Llámense Izquierda Unida o Podemos.

 


César Rodríguez Lodares es miembro del Comité de Redacción de Tinta Roja.

 

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