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Lun22072019

Última actualización09:36:03 AM GMT


La corrupción no entiende de castas: taxis pagados con matrículas de universidad

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Se abre el telón y aparecen miles de estudiantes pagando cada año más tasas, quedando cada vez más personas fuera de la educación superior. Se cierra el telón. Se vuelve a abrir y aparecen dos catedráticos de una universidad pública pagando viajes en taxi con el dinero de esas tasas. Se cierra de nuevo el telón. ¿Cómo se llama la peli?

Los casos de corrupción en España son tantos y tan clamorosos que a veces lo único que uno puede hacer para no llorar de rabia e impotencia es hacer humor negro con ello y reírse. Humor negro, porque no tiene otro nombre cuando supone el drama de miles y miles de estudiantes y sus familias que sufren la falta de acceso a unos estudios de calidad para que al final parte del dinero pagado con sacrificios y esfuerzos se lo lleven un par de funcionarios con unos ya de por sí generosos salarios.

Y es que dos catedráticos de la Universidad Carlos III de Madrid, pública, decidieron costearse varios taxis con el fondo de las matrículas del máster que dirigen. Más allá de la cantidad de estos importes -una minucia de unos 1.700€ de nada, calderilla en los bolsillos de cualquier trabajador-, está el carácter del gesto: un mísero céntimo de ese dinero, extraído de los bolsillos de familias que en su mayoría se encuentran día a día más empobrecidas, que fuera usado en gastos personales ya sería condenable. Es una evidencia más de que la corrupción está extendida en España por todas partes y en todos los ámbitos.

Si bien hace unos días aparecía en este espacio un artículo donde se expresaba que "la pobreza es un elemento intrínseco al capitalismo, está fijada en su ADN", la corrupción es el síntoma que la sociedad manifiesta por una mutación genética tan grave, es la metástasis que llega tras el cáncer, que se extiende por todo el organismo sin que nadie pueda frenarlo, matando todo tejido que encuentra por su camino sin que puedan repararse después. Capitalismo y corrupción están estrechamente relacionados entre sí, hasta tal punto que no pueden sobrevivir el uno sin el otro. No se puede desligar el segundo del primero. No hay un capitalismo "bueno" y uno "malo", no hay modelo de gestión capitalista donde no tenga cabida la corrupción. Y por supuesto, no es un problema de una "casta política" que se resuelve eliminando a los elementos podridos y sustituyéndolos por nuevas caras aún inmaculadas.

Donde hoy están sentados los corruptos, mañana se sentarán abogados, médicos, ingenieros, catedráticos de universidad o enchufados de tal o cual cargo que ya aceptan y piden favores para mejorar su posición -o al menos no perjudicarla- provocando un daño a otros. Negar estos hechos supone mantener la ilusión de que dentro de este cuerpo tan enfermo cabe la esperanza de seguir sobreviviendo. Porque la corrupción no solo es una cuestión moral -si acaso alguna vez lo fue-, sino un mecanismo parasitario para mejorar la posición social. Y aunque de parasitar nadie sabe más que los grandes magnates que tienen trabajadores asalariados cosiendo ropa en el tercer mundo, un catedrático de universidad también sabe que si el taxi puede ser pagado por otros, aunque tengan menos, mejor que no lo pague él mismo.

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