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Dom15092019

Última actualización09:36:03 AM GMT


¿Para qué vamos a una manifestación?

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No podemos esperar que de por sí una manifestación cambie las cosas. Antes y después las reivindicaciones tienen que adquirir una forma organizada para que la lucha alcance sus objetivos.

De tener una organización firme y unos objetivos claros depende mucho el éxito. El derrotismo que hemos acumulado tras años de retrocesos tiene que acabar. Para ello, los comunistas demostramos que nuestras maneras de actuar son diferentes. En las manifestación acudimos en bloque, organizados, coreando consignas y llevando las banderas rojas de la clase obrera. Porque sin una vanguardia las luchas se diluyen.

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En los últimos años el número de manifestaciones obreras ha aumentado considerablemente, desde manifestaciones laborales, estudiantiles, antiimperialistas, por los derechos de la mujer, antifascistas hasta las antirrepresivas. Aún así la asistencia a las manifestaciones sigue siendo escasa o al menos muy parecida a los años anteriores a la crisis. ¿A qué se debe este fenómeno?

El factor fundamental es la desmotivación y la frustración que provoca el ver que poco o nada se consigue, entonces, ¿para qué acudir?

Esto se debe mayormente a la forma y mentalidad de lucha con la que planteamos las movilizaciones. La represión que está sufriendo la clase obrera por parte de la burguesía se agudiza considerablemente día a día y la respuesta que ofrece el reformismo no pasa de la resistencia. Esta es una dinámica en la que llevamos años encasquillados y de la que no conseguimos salir. Es por ello que los comunistas debemos de ofrecer esperanza e ilusión a la clase obrera y por eso nuestro proyecto y por tanto nuestras propuestas tienen que ir encaminadas hacia la ofensiva.

En estos últimos años son muy pocas las manifestaciones o movilizaciones que han conseguido sus objetivos de paralizar una reforma impulsada por el gobierno de turno o incluso paralizar alguna medida impulsada por algún empresario, esto genera desilusión y desgasta. Tenemos que ser conscientes de que esta lucha no es a corto plazo y es algo que debemos de saber trasmitírselo a las masas obreras. Sin una lucha diaria y organizada no será posible vencer a nuestro enemigo de clase.

Hoy en día, un joven va a una movilización, quiere luchar, no sabe cómo. Está falto de referentes y espera que, encontrándose con otros que quieren luchar como él, encontrar un referente, una respuesta, una herramienta para afrontar las duras condiciones que está afrontando y que le esperan.

¿Qué pasaría si no se encontrara con un bloque comunista? Se volvería a casa quizás satisfecho de empezar a afrontar su realidad en el camino de la lucha pero volvería a casa tan falto de herramientas para el combate como empezó.

Si se encuentra con comunistas la cosa cambia.

Un bloque comunista se presenta para conseguir una reivindicación pero va más allá. Los comunistas con nuestra organización, disciplina, estética, discurso, propaganda, somos el catalizador que de una lucha parcial, económica o social no quede en nada, que sume.

Los comunistas afrontamos una movilización intentando señalar las fuerzas ocultas que rigen nuestras vidas, las necesarias consecuencias funestas que tiene el capitalismo, ofrecemos herramientas para la lucha, establecemos los verdaderos horizontes y arengamos a la lucha a los verdaderos héroes que por obligación son arrastrados a la contienda: la clase obrera y eso quiere decir tú.

Los comunistas señalamos que el capitalismo es el causante de todos los males que nos aquejan: el paro, la corrupción, la opresión y, sobre todo, la explotación. Indicamos que la clase obrera tiene que salir de cada lucha más reforzada, consciente y organizada con el objetivo de preparar la toma del poder.

Nuestros bloques son un reflejo de esto. El bloque es colectivo, nuestras pancartas colectivas, las consignas al unísono. Los comunistas realizamos una propaganda intensiva con nuestros panfletos, con el contenido de nuestras consignas y realizando un abierto proselitismo. Los comunistas portamos nuestras banderas, más que un símbolo histórico, una identidad o incluso más que el contenido nuestro proyecto: un homenaje a la sangre de los obreros vertida en sus luchas con las que conquistaron de manera ampliamente exitosa todos los derechos que nos están arrancando palmo a palmo. Los comunistas con nuestros bloques llamamos a la organización, a que la clase obrera se organice, sin una gran estructura de obreros y obreras no venceremos.

Los oportunistas de todo tipo intentan que arriemos nuestras banderas. Por un lado el oportunista reformista que intenta engañar a la clase para que no obtenga aquello que merece, por otro lado el individualista que por muy radical, estando tan prendado de sí mismo, jamás renunciará a su individualismo para ponerse al servicio de la masa anónima que hará la revolución. Muchos oportunistas aluden que el llevar banderas divide y que hace que las manifestaciones sean menos exitosas. Ellos entienden que hay mucha gente no organizada que no se siente identificada con ningún proyecto político pero que desea acudir a una manifestación por estar en contra de una reforma o alguna medida concreta aplicada. Los bolcheviques entendemos que esto es un grave error y que por supuesto es intencionado, ya que de esta manera se da prioridad a la cantidad de personas que acuden a una manifestación para conseguir una gran estampa y se le resta importancia a organizar a la clase obrera.

Hoy más que nunca, en esta etapa de acumulación de fuerzas, donde se está creciendo el Partido Comunista, nuestra tarea es crear células en los centros de trabajo y tenemos el deber de ofrecerles un proyecto, una organización, consiguiendo de esta manera que las luchas partan desde los centros de trabajo que es donde se da la contradicción principal Capital-Trabajo, es por ello que además de acudir a los conflictos de empresa, los comunistas también vemos la necesidad de que la organización acuda a las movilizaciones masivas con sus respectivos bloques.

Por todo ello, nadie nos hará bajar las banderas, recuperamos el hilo rojo con vistas a la victoria parcial primero y total después. Construyendo paso a paso ese Estado mayor de la revolución para que ese joven obrero que quiere luchar se sume a esa fuerza imparable y vencer.

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