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Jue23112017

Última actualización12:02:48 PM GMT


25N: La violencia más allá de los golpes físicos

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"La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido aunque agradable y gracioso." Erasmo de Rotterdam

Que el capitalismo genera violencia no es algo que hayamos descubierto recientemente, aunque lo que sí hemos visto en estos últimos años es que éste la agudiza conforme se va sumergiendo en su propia crisis, mientras chapotea para no ahogarse y va dando desesperados aunque precisos coletazos en su intento por preservar su vida.

El estudiantado obrero y de extracción popular o los trabajadores que cada vez se aproximan más a la línea que separa la esclavitud del trabajo asalariado son sólo dos de las víctimas más perjudicadas por estos coletazos, pero hay otra que viene sufriendo no solamente la creciente agresividad de los golpes que propina el capitalismo agónico, también los de otro monstruo que, lejos de estar hundiéndose como lo hace su hermano pequeño, permanece en tierra firme y con los pies fuertemente enterrados en el suelo y aferrados a él. El patriarcado muestra su rostro desprovisto ya de máscaras que disimulen su expresión de horrible criatura, de inmunda bestia que a su paso tortura, esclaviza y asesina de manera inmisericorde y gozando de plena impunidad.

Desde los medios de comunicación se nos enseña únicamente una sola parte de este semblante, la parte meramente doméstica, que nos es mostrada tan solo cuando ya es más que evidente y resulta imposible de ocultar, cuando ya se ha derramado la sangre sobre el suelo o ha salpicado el rellano de la escalera y el caso ya no sirve más que como carnaza para los informativos del mediodía.

Ya son 44 las mujeres que han sido víctimas de la violencia de género en lo que va de este año que acaba, la parte más visible y dramática de una larga historia de dominación y supremacía, pero no la única. En el marco de crisis sistémica en el que nos encontramos envueltos, entre sentencias irrisorias contra los agresores y farisaicas campañas que nos muestran a la mujer como una criatura frágil e indefensa que lame sus heridas acurrucada en un rincón, podemos ver cómo los recursos destinados a ayudar a mujeres maltratadas como las casas de acogida o los centros municipales de asistencia ya están condenados a la desaparición, así como las ayudas a la maternidad, que con su aniquilación tan solo se pretende aumentar y preservar los viejos y estériles valores de dependencia hacia el sujeto masculino, en el caso de que éste decida hacerse responsable. A todas estas trabas se suma la de la privatización del aborto, que dificulta todavía más la libre elección en el ámbito reproductivo. Por consiguiente debemos entender que la mujer es débil por si sola tanto como lo es el hombre ante este sistema despótico, como lo es cualquier sujeto cuando no está organizado ni es consciente de su condición de explotado. Debemos entenderlo e interiorizarlo para hacer frente a unos cánones impuestos desde hace siglos, que nos muestran a la mujer como un ser vulnerable por naturaleza que poco ha de decidir sobre su futuro a parte de los nombres que les pondrá a sus hijos.

La creciente violencia contra las mujeres es un ejemplo flagrante de hacia dónde apuntan y en qué lugares pretenden herir los golpes que asesta el capitalismo de la mano de su más fiel aliado, el sistema patriarcal caduco y recalcitrante. La división sexual del trabajo destinada a negar a la mujer como productora y condenarla al ostracismo doméstico y por tanto a la dependencia del hombre, la doble explotación como obreras y como sexo débil o la desvalorización de la fuerza de trabajo femenina son los moratones que provoca el sistema a través no solamente de un marido, sino también del magistrado que alega que una denuncia es falsa y falla en favor del acusado, o del patrón explotador que somete a la cajera del supermercado o a la empleada del almacén de cítricos a base de contratos basura, impagos, extorsiones o despidos improcedentes.

Ante un panorama tan desolador, se hace urgente una respuesta organizada, por parte de hombres y mujeres, que golpee como un solo puño al patriarcado y al capitalismo que lo secunda. Porque la violencia brutal que sufren las mujeres en todos sus sentidos, deja más marcas de las que se pueden ver a simple vista.

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