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Sab24062017

Última actualización04:30:00 AM GMT


Comienza un nuevo año y nos siguen asesinando

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La violencia machista no cesa, por mucho que arranquemos una página más del calendario. La última víctima conocida ha sido Antonia, asesinada por su expareja en Huércal de Almería, pero no ha sido la única en lo que llevamos de enero. El primer día del año nos despertábamos con la noticia de que una mujer, Matilde Teresa, había sido apuñalada en Rivas Vaciamadrid, también por su expareja. Y los casos, por desgracia, no terminan ahí.

Ante todo, cabe recordar que detrás de las estadísticas hay mujeres con nombres y apellidos. Mujeres con una vida por delante arrebatada, sin embargo, por unos hombres que se creían con derecho a hacerlo, ya que consideraban a las víctimas su propiedad. «La maté porque era mía», suele escucharse como fría justificación por parte de los asesinos. Pero la violencia de género, como veremos, va mucho más allá del asesinato, y está respaldada por todo un sistema de dominación.

En 2016 fueron 44 las mujeres asesinadas, según los datos oficiales. El año anterior se presentaron aproximadamente 130000 denuncias (lo que supone unas 350 denuncias al día), y casi 40000 en el último trimestre de 2016. Estas cifras van en aumento cada año. Por otra parte, resulta llamativo y alarmante que de las casi 12000 solicitudes de órdenes de protección en órganos judiciales demandadas hace dos años, el 40% fueran denegadas, o que solo un 13% de las víctimas se acoja a la dispensa de la obligación legal de declarar. Además, únicamente 6 de las 16 denuncias presentadas por mujeres asesinadas en 2016 tenían medidas de protección en vigor.

Las cifras oficiales, sin embargo, apenas recogen una ínfima parte de la realidad. Es necesario comprender que la violencia machista no se ejerce únicamente cuando un hombre agrede físicamente a su pareja o expareja, o cuando llega al extremo y la asesina. Esta violencia es también psicológica y se produce, asimismo, fuera del ámbito de las relaciones sentimentales. Así pues, muchos feminicidios no se reflejan en las estadísticas por no merecer la consideración de violencia de género: prostitutas asesinadas por sus clientes, víctimas mortales de abusos sexuales, familiares de la mujer muertos a manos de su mismo agresor... Hasta 2011, las mujeres transexuales tampoco eran reconocidas como víctimas de esta violencia.

La punta del iceberg de la violencia machista, como decíamos, está constituida por el asesinato, la agresión física y la sexual, las formas de violencia más visibles. Pero más allá de eso se encuentra toda una retahíla de actos denigrantes contra la mujer de carácter psicológico o verbal, menos visibles pero no por ello menos peligrosos, como son la humillación, el chantaje emocional, el insulto, la desvalorización, la anulación, el control, la invisibilización...

Los medios de comunicación, por su parte, siguen insistiendo en que las mujeres morimos, sin más. Obvian el hecho de que si estamos muertas no es por un motivo casual, sino porque un hombre nos ha asesinado, y crean, en muchas ocasiones, el relato de la culpabilidad hacia las víctimas, poniendo inmediatamente el énfasis en si la mujer había presentado o no una denuncia, o en el modo de vestir de la víctima que ha sufrido una violación.

Todo ello pone de manifiesto la gran diferencia entre el papel y la realidad, y lo mucho que aún queda por hacer a la hora de erradicar la desigualdad: para conseguirlo, hemos de tener claro que la lucha no ha de enfocarse meramente en los planos institucional y legislativo, sino que ha de estar presente en todas las esferas (económica, laboral, social, sanitaria, educativa...) y, sobre todo, combatirse de raíz. ¿De qué sirve animar a las mujeres a denunciar la violencia machista si paralelamente esta se fomenta en los medios de comunicación y la publicidad, o se reproduce a través de la división sexual del trabajo?

Porque la lacra de la violencia de género no es ni mucho menos algo anecdótico. Se trata de un grave problema estructural que concierne a toda la sociedad y que está ligado al sistema capitalista, el cual, en alianza con el patriarcado, promueve y perpetúa la cosificación y mercantilización del cuerpo de las mujeres, su doble explotación por motivos de género y clase en el caso de las mujeres trabajadoras. Ellas son quienes más sufren la vulnerabilidad, la violencia, en sus centros de trabajo, de estudio y en sus barrios, con total impunidad. Recordemos que violencia de género también es la brecha salarial (del 24% en España), la trata y la explotación sexual, la feminización de la pobreza y de la precariedad, etc.

En definitiva, la situación de inferioridad de la mujer y la violencia ejercida contra ella en todos los ámbitos tiene su raíz en el sistema capitalista y, por dicho motivo, mientras a este no se le ponga fin, la liberación de la mujer no será posible.


Fuentes:

http://www.ccoo.es/noticia:230947--CCOO_exige_actuaciones_urgentes_contra_la_violencia_de_genero

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