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Mar17102017

Última actualización03:30:00 PM GMT


8 de Marzo: Estudiantes, trabajadoras y vecinas, ¡a luchar!

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Hoy es 8 de Marzo, día en que, desde hace más de un siglo, se "conmemora" el día de la mujer trabajadora. Y debemos remarcar este "trabajadora", puesto que ahora y también en el pasado han sido nuestras compañeras, hermanas y madres, es decir las mujeres de la clase obrera, las que sufren con mayor virulencia las consecuencias de la ideología patriarcal y burguesa. Las experiencias de las luchas políticas desarrolladas y capitaneadas por mujeres, no sólo por cuestiones de género sino también de clase, son el espejo en el que la joven estudiante o trabajadora de hoy tiene que mirarse.

Desde las primeras reivindicaciones de la mujer trabajadora, que giraban en torno al derecho a dar a luz de forma segura lejos de su puesto de trabajo, el recorrido ha sido largo. En el siglo XX, las primeras reivindicaciones visibles son las sufragistas, y a partir de aquí se van consiguiendo algunos derechos formales, como el derecho a voto que realmente nunca se pone en práctica, o el derecho a ser elegidas en órganos públicos. Las mujeres constituyen más o menos la mitad de la clase obrera y, víctimas de la explotación del capital y de las condiciones de vida patriarcales, su historia es la historia del desarrollo de las reivindicaciones de mujeres, en claro enlace con las obreras. El papel que miles de mujeres, jóvenes, adultas y ancianas jugaron en por ejemplo en nuestra Guerra Nacional-Revolucionaria, involucrándose de lleno en la lucha política y militar contra el fascismo, es ejemplo de ello: no sólo luchaban contra la expresión más salvaje de la burguesía que quería someterlas como obreras, sino también contra todo bagaje ideológico patriarcal que el fascismo llevaba en sus entrañas y que quería anularlas por ser mujeres, todavía más, mediante la sumisión, la inferioridad política y la violencia.

Durante el franquismo las condiciones de vida de las trabajadoras serían incluso peores, destinadas a ser el último eslabón en la sociedad y a satisfacer las demandas masculinas de cuidado, reproductivas... Sin embargo, muchas no se resignaron y apostaron por la lucha clandestina, encabezando algunas movilizaciones importantes como las huelgas de textiles de los sesenta en Barcelona. El avance institucional se renueva con la mal llamada transición, aunque como de costumbre, la ley no se ajusta a la práctica.

Desde entonces hasta hoy en día, la brecha salarial sigue siendo estratosférica, los roles de género siguen reproduciéndose, no se da cobertura social a las tareas no remuneradas que las mujeres trabajadoras continúan realizando en sus hogares, la violencia de género -física y psicológica- se eleva preocupantemente sobre estas desigualdades de base...

Especialmente en la juventud, en las generaciones que hemos sido educados por aquellos primeros niños de la "democracia", se reproducen estos problemas, y nos golpea con excesiva fuerza la idea patriarcal de la superioridad masulina. La violencia de género comienza cada vez antes en las relaciones de pareja; el aborto no se asegura para la adolescente con pocos ingresos; no son pocas las jóvenes que abandonan sus estudios por tener que cuidar familiares enfermos; los módulos formativos y las carreras universitarias mantienen una fuerte división de género, fruto de la educación recibida, que casi contrapone enfermería e ingeniería mecánica, veterinaria y física, magisterio, educación social, psicología o atención socio-sanitaria y aquellos estudios que no tienen nada que ver con el cuidado de los demás: los datos son esclarecedores; cuando hay que divertirse, obligadas a soportar el machismo en cada ápice del ocio institucionalizado. Por si fuese poco, saben las jóvenes que probablemente cobrarán menos que sus compañeros, que su físico influirá despreciablemente en la obtención de un empleo, que si tiene pareja masculina, por simple inercia, el trabajo doméstico recaerá en mayor medida sobre ella.

Por todos estos motivos, hoy más que nunca es necesario que la juventud estudiante, los obreros y obreras, los jóvenes de los barrios levanten la bandera de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en una sociedad nueva, contra toda ideología patriarcal y burguesa y contra todo abuso de género y clase.

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