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Dom26032017

Última actualización07:59:49 AM GMT


Tiempos de preparación y años de revolución ¿Qué supone el 2017?

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Desde que los seres humanos calendarizamos el tiempo para organizar las cosechas y prever el clima, nos hemos acostumbrado a planificar y valorar las cosas en base a los años que pasan. Entramos en la recta final de la segunda década del siglo XXI y se dibuja para la juventud un panorama histórico nada aburrido para quienes estudien historia o sociología de aquí unas décadas. Año nuevo, vida nueva no se cumple, nuestras vidas seguirán igual, igual de movidas, igual de sufridas e igual de luchadas.

Hace cien años se estaba realizando muy lejos de aquí la mayor revolución conocida hasta la fecha. Hoy, a este otro lado del mundo, la sociedad burguesa continúa manteniendo a raya a la juventud. Juguemos con los años: hace más de cuatro años que se realizó en el Estado Español la última huelga general, hace ya siete años que murió Michael Jackson, y nada menos que cuarenta desde que se firmaron los pactos de la Moncloa, que enviaron al pueblo trabajador varias casillas hacia atrás en este juego que es la lucha de clases en España. Cuarenta nocheviejas han pasado desde que las banderas de la república, la lucha obrera y el socialismo se guardaron en un armario viejo como los de las casas de nuestras abuelas.

Ahora, en los últimos años, la ultraderecha crece enormemente en viejos países de la decrépita Europa, las contradicciones imperialistas crecen hasta tal punto de que no tratamos de loco a quien vaticina una tercera guerra mundial, internet vocifera necesidades creadas en medio mundo y en el otro medio se malvive. ¿Y los jóvenes? Los jóvenes vamos tirando con trabajos precarios, con las becas que quedan, con la ayuda de nuestros padres, intentando sobrevivir y encontrar las cosas buenas que imaginamos que la vida debe de tener, escapando de la realidad como podemos, matando el tiempo y la monotonía de unas sociedades que están mal diseñadas para la vida de quienes no tenemos tiempo ni dinero.

Como decíamos, 2017 no va a suponer un cambio radical, y la tendencia del mundo, si no la revertimos, es decadente, aunque unos meses al año el sol mediterráneo nos caliente la esperanza y hacia Diciembre, año tras año, cíclicamente, la falsa visión de un nuevo año, nueva vida nos mantenga consolados temporalmente.

Pero en 2017 seguimos pensando que otro mundo es posible. Con el empuje de quien hace 67 años sacudió Cuba, hace 72 años liberó Berlín, hace 100 plantó un árbol en Petrogrado que aún nos da sombra, pero sobretodo con el empuje de quienes en la última década, agitada por la miseria y la crisis económica, nos han enseñado a luchar, en las minas, en las fábricas y en las calles. Tómese el lector un momento para recordar por qué estamos luchando. Aislemos, entre toda la basura del capitalismo avanzado, la degeneración cultural y la miseria económica, aquello que es bueno: estamos luchando para que esas cosas sean parte principal de la vida de los pueblos, accesibles a todo el mundo, para que, como dijo cierto poeta revolucionario, la dicha del hombre sea ley. Luchamos para que llegue el año que ya no sea de preparación, sino de revolución; pero para comer hay que encender el fuego, y para encender el fuego, este fuego tan grande, hacen falta miles de antorchas y mecheros.

Sea 1 de Enero o 28 de Agosto la juventud tenemos las mismas necesidades: poder estudiar, trabajar a gusto, movernos libremente, independizarnos, vivir donde queramos y con quien queramos, desarrollar nuestros intereses, nuestras capacidades artísticas, disfrutar de lo que nos gusta. Esto choca con lo que la oligarquía necesita de nosotros: que seamos máquinas incómodas a las que no hace falta proporcionar educación, seguridad, vivienda, transporte, ocio, cultura, sino sólo unos pocos euros para mantenernos vivos y poder comprar sus productos inútiles. Pero no nos vayamos por las ramas; queramos o no, los humanos seguimos calendarizando las cosas por años y hemos de hacer que el 2017 escriba en sus páginas victorias de los estudiantes, victorias de mineros, de obreros y obreras, del ejército de hosteleros y hosteleras que pulula por nuestras calles, de las asociaciones y plataformas que luchan por la vida mejor del pueblo trabajador. No es porque sea 2017, no es porque sea un año nuevo, no es porque coincida con 1917; es porque es ahora y ahora es siempre el momento de seguir luchando, de exigir a nuestro jefe, de paralizar el sistema educativo, de poner en común todos los problemas de cada plantilla y decidir qué hacer.

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