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Mie14042021

Última actualización09:36:03 AM GMT


El efecto sonajero de las teorías conspirativas

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Gracias a la red, las teorías conspirativas cuentan en la actualidad con muchísimos adeptos, y lo cierto es que sirven para tener distraído a un amplio sector de gente crítica, cuyas inquietudes les llevan a dar con toda clase de suposiciones y supercherías más cercanas a leyendas urbanas muy bien elaboradas, que a cuestiones sociales que afecten de forma directa a las clases populares. Desde el Club Bilderberg, los Illuminati o los "Chemtrails", hasta auténticos cuentos de ciencia ficción que huyen de toda racionalidad.

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En su obra "Imperialismo: la fase superior del capitalismo", Lenin elaboró un detallado análisis sobre el poder destructivo del sistema capitalista en su fase de concentración monopolista, un análisis tan profético como científico. Conociendo esta obra, pocos se dejarían impresionar por historias de logias secretas cuya finalidad es dominar el mundo por pura maldad. En este artículo abordaremos algunas de estas teorías, no siendo nuestra finalidad desmentirlas o darlas por válidas, sino analizar esta tendencia desde un punto de vista científico, sin entretenernos demasiado con leyendas y conspiraciones sin fundamento que nos alejan por completo de la realidad de la lucha de clases.

No se trata aquí de negar la existencia de planes secretos que, a espaldas del mundo son maquinados y puestos en funcionamiento con la connivencia de las potencias más poderosas del mundo. El propio Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP), está siendo en la actualidad negociado entre el Departamento de Comercio estadounidense y la Comisión Europea a espaldas del mundo. Pero, ¿se trata acaso este tratado sencillamente de la determinación de unas cuantas personas cuyas acciones están movidas por una codicia innata? Si acoplamos a nuestra visión la óptica leninista, podremos observar con claridad lo que no responde a otra cosa que a una necesidad objetiva del capitalismo internacional, representado en esta ocasión por dos polos imperialistas como son la Unión Europea y Estados Unidos, por incrementar su capacidad de control monopolístico, llevando a cabo para ello una nueva y más agresiva ofensiva contra los derechos fundamentales de la clase obrera y los sectores populares, así como de los recursos medioambientales.

Es importante el ejemplo anteriormente expuesto para abordar el tema de las teorías conspirativas sin caer en simplismos, pues aunque estamos hablando de unos hechos probados, si no los tratamos desde una perspectiva científica, lo mismo dará que hablemos del TTIP, que de la Orden de los Illuminati. En cualquier caso, estaríamos hablando de personas que forman parte de fuerzas superiores que, o bien podrían ser desenmascaradas y sustituidas por otros gestores que lleven a cabo decisiones más humanas, o bien jamás podrían ser combatidas por tratarse de inamovibles grupos de poder.

Pero si sabemos con absoluta certeza que existen una serie de alianzas imperialistas que se dedican a esquilmar derechos a la clase obrera, y que esto responde a unos muy concretos intereses de clase, y no a las decisiones de unos cuantos poderosos guiados por su avaricia; si logramos no solamente entender la naturaleza de estos mecanismos de explotación, sino que también comprendemos cuáles son las claves necesarias para romper con estos, en alianza con la clase trabajadora, es mucho más difícil dejarnos confundir con según qué maniobras de distracción, señalando a clubes secretos de multimillonarios o hablando de complots para fumigar las cosechas mediante los denominados "Chemtrails".

Esta tendencia surge, sin duda, debida al control de los medios de comunicación por parte de la oligarquía capitalista y la desconfianza que ello genera, sumado al auge de las redes sociales desde las que se vierte información de manera desmesurada. Existe un evidente afán por conocer la verdad en una realidad social en la que las noticias nos las ofrecen dosificadas y adulteradas, pero sin una guía para el análisis, no hacemos más que acumular datos inconclusos, y de ahí, surgen y engordan las teorías.

El abanico es surtido. Hablamos de teorías no probadas, o de aquellas de las que se presentan evidencias que contradicen la versión oficial. Sabemos, por ejemplo, que existen pruebas que apuntan a que el atentado contra el World Trade Center en septiembre de 2001 fue provocado por el propio gobierno de los Estados Unidos. Dar esta versión por válida resultaría tan poco científico como confiar ciegamente en la versión oficial. Así pues, en lugar de perdernos en semejantes especulaciones, bastaría con entender que el 11-S fue el detonante de toda una operación de saqueo imperialista contra países como Irak o Afganistán, por meros intereses geoestratégicos. Operación que duraría más de una década y se saldaría con miles de muertos y torturados.

Obviar esto mientras nos perdemos por otros derroteros significaría obviar una evidencia. Estaríamos mirando al dedo que señala a la luna. Por ello las enseñanzas de Lenin nos ayudan a no caer en confusiones. Como él dijo: "la verdad es siempre revolucionaria".

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