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Mie14042021

Última actualización09:36:03 AM GMT


¿Diversión en los pueblos? Las posibilidades de ocio en el medio rural

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La fiesta, la borrachera, el desfase... son las características básicas del ocio juvenil en nuestro país. Parece normal que esto sea así, pero... ¿nos hemos parado a pensar en cómo afecta este tipo de ocio a la juventud y, sobre todo, a la que vive en las zonas rurales? Analicémoslo en profundidad:

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Actualmente, sólo un 22% de la población española se encuentra en el ámbito rural y, a pesar de que la gran mayoría de dicha población se encuentra envejecida (más de 65 años), sigue existiendo una gran cantidad de jóvenes que residen en este ámbito, los cuales, gracias a las nocivas dinámicas del capitalismo, ven disminuidas y corrompidas sus posibilidades de ocio. Así pues, centraremos el grueso de este artículo sobre dicha cuestión; las posibilidades de ocio de los jóvenes rurales.

Hoy por hoy nos encontramos con que, al parecer, sólo hay un tipo de ocio entre los jóvenes, que suele ser el salir de fiesta, emborracharse y desfasar de un modo bastante perjudicial para la salud. A esto, en muchos casos, se le suma el consumo de drogas (ya sean legales o ilegales) o los altercados causados por comportamientos incorrectos por encontrarse los jóvenes bajo los efectos de estas o del alcohol.

Si esto ya es una constante en las grandes ciudades, donde las infraestructuras y las posibilidades de ocio son bastante variadas, no nos podemos hacer a la idea de cómo se agrava este asunto en los ámbitos rurales, donde los jóvenes están desposeídos de opciones de ocio alternativas.

En el medio rural vemos una gran escasez y, en muchos casos, inexistencia de infraestructuras y medios que ofrezcan a los jóvenes opciones de ocio alternativas a la fiesta y a la borrachera, como cines, teatros, pistas deportivas, ludotecas, etc. Existen muchos casos concretos, como son los pueblos de colonización de la comarca de las Cinco Villas (Aragón).

Uno de esos pueblos es Valareña, un pequeño pueblecito de trescientos habitantes y cuya juventud no cuenta ni tan siquiera con un parque adecentado donde poder relajarse y divertirse.

La pobreza y marginalidad de las zonas rurales de España no es una casualidad, sino que están causadas por el abandono al que son sometidas por parte de un Estado y unos gobiernos municipales que no atienden a las necesidades de los jóvenes de dichas zonas, ya que invertir en infraestructuras para mejorar su situación, como podría ser la construcción de un teatro, la inauguración de una ludoteca o el correcto mantenimiento de unas instalaciones deportivas, no reportan beneficios económicos para la élite burguesa que maneja a su antojo los resortes de poder.

Así pues, los jóvenes rurales ven reducidas sus posibilidades de ocio a las fiestas, a las borracheras y al consumo de drogas, sumiéndose en un estado de alienación y desorganización que es muy beneficioso para la burguesía dominante, ya que estas dinámicas impiden que los jóvenes desarrollen formas de ocio sanas y que fomenten la convivencia y la unidad, consiguiendo así que su fuerza de respuesta ante tal situación quede anulada completamente. Notorio es el caso de Ejea de los Caballeros, capital de las Cinco Villas que, a pesar de ser un pueblo grande (17.000 habitantes), su juventud basa sus expectativas de ocio en salir los sábados por la noche por las zonas de bares-discotecas, dejando de lado cualquier otra opción de ocio alternativo más saludable.

Debemos destacar también las extensas y arduas jornadas laborales en los trabajos agrícolas a las que se ven sometidos los jóvenes rurales, ya que la inexistencia de universidades en su zona y la ineficiencia de los sistemas de transporte público (por no decir su inexistencia), son algunas de las muchas dificultades que los jóvenes de los pueblos han de afrontar si desean cursar estudios superiores, por lo que la mayoría de ellos se ven obligados a entrar tempranamente al mercado laboral, el cual está basado en las actividades agropecuarias.

Esta gran carga de trabajo que soportan los jóvenes de las zonas rurales, entre otras cosas, hace que no dispongan más que de una noche de sábado en la que realizar las actividades sociales que no han podido hacer durante el resto de la semana, por lo que no pueden socializar todo lo que deberían, cayendo en esas actividades de alcoholismo y marginalidad para desconectar.

Por todo lo expuesto hasta ahora, los jóvenes rurales no podemos quedarnos pasivos ante esta situación. Debemos organizarnos y defender unos derechos y unas condiciones de ocio dignas para poder desarrollarnos de una forma sana, fomentando el compañerismo y la amistad. Debemos reivindicar un ocio alternativo al que nos imponen los diferentes gobiernos municipales, basado en la convivencia que forje vínculos de unidad entre la juventud y en actividades saludables que fomenten la cooperación, así como en actividades campestres para disfrutar de nuestra tierra y de nuestro paisaje y concienciarnos de su cuidado, jornadas culturales que permitan que nos formemos intelectualmente, etc. Y todo esto no lo podemos lograr sin organización, sin unidad, sin estructurar una respuesta fuerte y contundente ante las condiciones que nos vienen impuestas.

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