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Mie14042021

Última actualización09:36:03 AM GMT


Nosotros producimos, ellos gastan

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Para más de la mitad de los jóvenes de menos de 25 años del Estado español, concretamente el 57,7% según cifras oficiales de noviembre de 2014, el paro es nuestra realidad de cada día. Fuera de este porcentaje, son muchos los que viven, o sobreviven, con empleos precarios, hasta el punto de que, siguiendo los datos de un informe del Instituto de la Juventud de 2013, sólo el 15,9% de los menores de 29 años viven de sus ingresos1.

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No podemos negar que cada día la sociedad española es más consciente del alcance de estos números, que se plasman en los diversos aspectos de la vida. En los medios de comunicación burgueses oímos cada día hablar de "la caída del consumo", como algo realmente alarmante, lo cual es lógico y normal si tenemos en cuenta que una de las principales características del sistema capitalista es la generación de nuevas necesidades que saciar, lo que llamamos consumismo, para que el obrero tenga que reinvertir su exiguo jornal. Atrás quedaron, nos dicen los citados medios, los tiempos en los que los regalos y las comidas de Navidad hipotecaban los ingresos del resto del año de las familias españolas. Pero nosotros sabemos que no es solamente que tengamos que prescindir de caprichos y que limitemos nuestro gasto en ocio, sin que en general, vivimos cada vez peor.

Sin embargo, esto no es igual para todos. Detrás de cada porcentaje, junto a las víctimas del paro y la precariedad, conviven un grupo selecto de jóvenes, los jóvenes de la burguesía, que viven la historia de una manera bien diferente. Detrás de cada familia desahuciada, de cada ERE, de cada obrero en paro y de cada hijo de obrero que no puede costearse estudios universitarios está el reducido número de privilegiados que se ríen en nuestra cara de "la caída del consumo" y de la "pérdida de capacidad adquisitiva".

Los jóvenes de clase obrera y de los sectores populares contamos cada céntimo que gastamos en nuestro ocio. Para muchos, ir al teatro, al cine, o incluso tomar algo en un bar se ha convertido en un auténtico lujo. Gran contraste con la afirmación de fondo de un capítulo del conocido programa "Callejeros", en la que aparece un grupo de jóvenes e clase alta brindando con champán "por el lujo", mientras que la voz en off reconoce que "en la alta sociedad la crisis no existe"2. Efectivamente, a pesar de la crisis sigue habiendo muchísimo dinero, pero concentrado en manos muy selectas.

Es lo que se denomina brecha social, es decir, la diferencia apabullante entre las diferentes clases sociales, para las que la crisis no afecta por igual. Un informe de 2012 aludido por distintos medios admite que "para los jóvenes pertenecientes a status alto y medio (...) la recesión supone el peligro de no conseguir sus objetivos o el aplazamiento de sus expectativas vitales. Para la población más vulnerable (sin estudios o cualificación baja), en cambio, representa un peligro"3.

Por ello es urgente que los jóvenes de las capas populares se organicen, ya que es con su sacrificio con el que unos pocos privilegiados, debido al descenso de precios, están disfrutando de mayor capacidad adquisitiva y tienen más lujos incluso que antes. Un grupo de jóvenes se reunía en junio de 2014 en la popular y madrileña Plaza del Sol para asistir a la recién inaugurada tienda de Apple, cuyos precios no pasa desapercibidos, y grababan en vídeo su particular aventura. Otro ejemplo de lo hemos visto cuando, tras el verano de 2012 se emitía un reportaje de "Equipo de Investigación" sobre la industria del ocio en Ibiza donde "todo está pensado para gastar" y son varios los jóvenes que reconocen gastarse allí al día cifras que bien superan los ingresos mensuales de miles de familias4. Unos pocos viven a todo trapo, mientras que otros luchan por sobrevivir. El lector habrá reparado en que los datos y citas textuales proporcionadas no son tomadas, precisamente, de medios de ideología "antisistema". Por ello no deja de ser sorprendente que todavía haya quien niegue la existencia de clases sociales.

Las clases sociales no son sino la base de un sistema desigual en el que los hijos de los grandes empresarios y aristócratas dispensan cifras, para muchos inconcebibles, en tecnología, moda, coches o fiesta. Todo esto mientras existe un obrero que ha puesto los ladrillos del Apple Store, otro que ha cosido las cremalleras de los vestidos de los diseñadores mejor pagados, el que ha apretado las tuercas de los deportivos aparcados en los parkings privados de Ibiza y el que allí sirve las copas.La burguesía se ríe de la clase obrera, la explota y se cubre de lujo a costa suya. A la clase obrera no le queda otra que organizarse.

Notas:

[1] Un futuro 'low cost', 15/11/2014

[2] Especial Callejeros: Ricos sin crisis, 02/02/2013

[3] La mitad de los jóvenes españoles están dispuestos a aceptar cualquier trabajo y con bajo salario,09/01/2014

[4] Ibiza, la isla del dinero, 14/10/2012

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