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Sab10042021

Última actualización09:36:03 AM GMT


Las bibliotecas públicas y la cultura al servicio de la clase obrera

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Para preservar conocimientos, ideas e información totalmente organizada surgen organismos como las bibliotecas. Otra de sus características fundamentales es que los usuarios podamos acceder a todo ese material informativo.

La reducción de dinero destinado a bibliotecas públicas provoca que este servicio se esté viendo afectado notablemente. Se reduce el catálogo de libros, e incluso, para acceder a determinados documentos o material visual hay que pagar por ello. El capitalismo ha encontrado otro negocio redondo limitando el acceso a la información y a la cultura por un determinado precio. Para ir supliendo estos problemas se crean diferentes Centros Obreros y Culturales que de una forma, todavía modesta, ponen la cultura al servicio de la clase obrera y los sectores populares.

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¿Por qué es importante la cultura? La cultura, palabra que cuenta con múltiples significados, podemos definirla como el conjunto de conocimientos, modos de vida, desarrollo científico-técnico, desarrollo artístico, etc. que se dan un espacio y un tiempo determinados y que viene determinada principalmente por el sistema económico si bien no lo determina completamente. Por ejemplo, las culturas de los sistemas feudales de Europa y Japón no eran exactamente iguales pero encontramos en ellas muchos puntos de encuentro. Estas diferencias determinadas por la geografía son minimizadas actualmente en el proceso de la globalización como podemos observar en nuestro día a día.

Así pues, podríamos denominar a la cultura como aquellas características que nos definen como sociedad o que han definido a sociedades anteriores. Dicho esto, queda clara la importancia de la transmisión de esta cultura, de nuestro legado como conjunto de la humanidad, a la generación actual y a las que están por venir.

No es mi intención realizar aquí un extenso tratado sobre la cultura sino precisamente hablar un poco sobre esta transmisión de la que hablaba y, concretamente, de su transmisión a la clase obrera. Uno de los mecanismos de transmisión de la cultura más importantes es el de las bibliotecas públicas. Es en estos lugares en donde se tiene un acceso ilimitado y gratuito a la cultura escrita, al arte de la literatura, y donde se puede tener un contacto con las distintas ideas que han caracterizado a sociedades anteriores a la nuestra o que se encuentran presentes en otras sociedades contemporáneas. Estos espacios también son aprovechados por muchos y muchas jóvenes de extracción obrera y popular para tener un ambiente de estudio de cara a sus exámenes y como espacios para la interacción social entre las amistades aprovechando los tiempos de descanso.

Sin embargo, no debemos perder de vista que es la infraestructura (capitalismo) la que determina la superestructura (bibliotecas públicas) y por este motivo encontramos determinadas deficiencias que no se pueden solventar en el actual sistema económico. La principal es la falta de existencia de un amplio catálogo de libros en las bibliotecas lo cual limita este acceso a la cultura que en teoría es ilimitado. De esta forma se empiezan a acotar aquellos conocimientos a los que puede acceder la clase obrera al limitarle la lectura de determinados textos. Para los y las estudiantes existen formas de acceder a algunos libros en bibliotecas universitarias que no tengamos cerca tales como el Préstamo Interbibliotecario de REBIUN (Red de Bibliotecas Universitarias) pero su elevado coste de 8€ por libro es prohibitivo para los hijos e hijas de la clase obrera sobre todo si deben pedir muchos volúmenes para un trabajo de investigación. Podríamos llegar a pensar que dicha falta de textos es intencionada puesto que normalmente encontramos una alta deficiencia en cuanto a literatura comunista y una sobredimensión de la literatura anticomunista.

A estos problemas omnipresentes debemos añadirle además los actuales ataques a la biblioteca pública enmarcados en el ataque a la educación pública por parte de los gobiernos del capital. A nivel presupuestario existe una reducción progresiva de la partida dedicada a las bibliotecas públicas que solo en relación a los presupuestos del año pasado supone una bajada del 29% unida a la de los años anteriores [1]. La consecuencia lógica de esta bajada es la destrucción de puestos de trabajo, menores salarios del personal de las bibliotecas y unos horarios cada vez más reducidos lo que repercute todo a la vez en un peor acceso a la cultura.

Y no debemos engañarnos pensando que estos problemas no son intencionados pues son necesarios para el mantenimiento del sistema capitalista ya que si la clase obrera accediera de forma amplia y crítica a la literatura adquiría una cultura política, cultura esta que le es necesaria para tomar conciencia de su papel revolucionario.

Como un intento de subsanar estos problemas surgen diversas alternativas y se abren bibliotecas en los Centros Obreros y Populares y otros centros sociales populares que pretenden salir al paso y poner la cultura al servicio de la clase obrera y las clases populares. Desgraciadamente estas iniciativas, aunque admirables y útiles, son insuficientes pues para que la clase obrera y las clases populares accedan sin límites a la cultura es necesario contar con un sistema centralizado y profesionalizado gestionado por el Estado socialista. De este modo se organizaba el Sistema Bibliotecario soviético, uno de los más alabados por la UNESCO y que fue tomado como modelo por la misma. Este sistema, ideado y gestionado principalmente por Nadia Krúpskaya, arrasó con el antiguo sistema zarista reservado a las clases altas así como abrió bibliotecas que estaban reservadas celosamente para los miembros de algunos sindicatos afectos a la patronal. La puesta de las bibliotecas al servicio de la clase obrera se basó en los siguientes puntos [2]: libre acceso a las bibliotecas, planificación de una red de bibliotecas que atienda a las necesidades de toda la población, establecimiento de un órgano central estatal que coordine la labor de todas las bibliotecas y dotación de colecciones a todos los centros. Para cumplir con este último punto se crearon las editoriales estatales Fizmatlit en 1920 y Naúka en 1923.

Solo mediante la consecución de un sistema basado en los puntos antes mencionados como consecuencia lógica del cambio del modo de producción económica será capaz de abrir las puertas de la cultura a la clase obrera pues a diferencia del capitalismo que necesita grandes cantidades de personas apáticas para sobrevivir el socialismo-comunismo necesita todo lo contrario, masas formadas a nivel cultural e intelectual capaces de presentar batalla a las viejas ideas del pasado. Solo mediante la consecución de este nuevo sistema podremos disfrutar libremente de las obras de los grandes pensadores comunistas así como los escritores Máximo Gorki, Roque Dalton, Paul Éluard, Waldo Frank John Reed, Rafael Alberti, Louis Aragon, Pablo Neruda, Martin Andersen Nexø y Miguel Hernández.



Notas:

[1] El Gobierno reduce el presupuesto para bibliotecas un 29%, ANABAD,17-08-2014

[2]  Boletín de la UNESCO para las bibliotecas: "Lenin y las bibliotecas", enero-febrero 1970, vol. XXIV, nº 3, p.133-134

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