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El Ejército y la defensa de la Segunda República

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Al hablar de ciertos hechos de nuestra historia, como norma general, se nos suelen venir a la mente afirmaciones preconcebidas, prejuicios, exaltaciones o denostaciones de los mismos. Si hablamos sobre el Ejército en España, especialmente durante la Segunda República, en seguida se nos vendrán a la cabeza los generales fascistas y reaccionarios, Franco, Mola, Muñoz Grandes, la represión en Casas Viejas o Asturias del 34, la sublevación del 18 de Julio y el puño de hierro y de terror contra el pueblo. Pero más allá de todas estas cuestiones, que por supuesto son más que ciertas, los marxistas debemos aspirar a hacer análisis fríos y certeros de la realidad. Hoy no hablaremos de esa parte reaccionaria del tradicional ejército colonial español, sino de otros de sus episodios que, por contra, fueron demostración de heroísmo e implicación en defensa de la República de alguno de sus componentes.

Por supuesto, tal complejo y arduo tema no tendrá en este artículo más que una muy breve aproximación e introducción a un apartado polémico y aun sin resolver de la historia.

Sobre el Estado, las fuerzas armadas y el papel de los comunistas

Se dice que los preliminares son importantes. Es necesario, pues, detenernos unas breves líneas sobre el carácter del Estado, el papel de las fuerzas armadas y la intervención de los comunistas en ellas. Es sabido que el Estado surge en un momento dado en el desarrollo de la humanidad, producto del carácter irreconciliable de las clases sociales, siendo, ante todo, una herramienta para ejercer la violencia de una clase contra otra. Lograr el monopolio del ejercicio de la violencia es, por tanto, un rasgo esencial de la clase en el poder [1]. Las fuerzas armadas entran en esa función y no son, en definitiva, una mera institución neutral de hombres armados y aventureros, sino que responde a los claros intereses de una clase determinada.

Pero el Ejército se nutre en buena medida de miles de jóvenes de extracción popular. Históricamente, en las Fuerzas Armadas -como elemento superestructural del sistema capitalista- han convivido diferentes clases sociales ante la necesidad de la clase dominante de servirse de parte del proletariado y de las capas populares para llevar a cabo el control del orden público [2].

Hoy, en plena crisis, ocurre igualmente que una parte de la juventud ve en las fuerzas armadas la única salida a su situación de desempleo o precariedad [3].

Los bolcheviques jamás renunciaron al trabajo en el seno de los ejércitos de los estados capitalistas y comprendieron la importancia de los asuntos militares para la revolución. Dentro del ejército también se manifiestan las contradicciones del capitalismo, donde en ciertos momentos se llegan a vivir situaciones de inmensa miseria para el grueso de la tropa (hoy también sigue ocurriendo, tenemos el ejemplo de Grecia [4]). Los bolcheviques entendieron también que era necesario ganarse a buena parte del ejército para la causa de la clase obrera. Por ejemplo, Lenin escribía en 1903 y 1905 respectivamente (antes de la escisión en el POSDR):

El Congreso llama la atención de todas las organizaciones del partido sobre la importancia de la propaganda y la agitación socialdemócrata en el ejército y recomienda que se empeñen esfuerzos para consolidar y formalizar lo antes posible todas las relaciones existentes con oficiales y soldados [5].

Tomemos lo referente a la institución militar. Ningún socialdemócrata que conozca algo de historia durará ni por un momento de la descollante significación que tienen los conocimientos militares, de la importancia inmensa de la técnica y la organización militares, como instrumento de que se valen las masas y las clases del pueblo para resolver los grandes conflictos históricos [6].

La Segunda República, el PCE y el Ejército en España

La Segunda República era un estado burgués, pero que se desarrolló en un contexto histórico particular, donde se estaba en pugna por el aniquilamiento de las relaciones de producción feudales y de sus antiguas clases explotadoras. En España, tal como analizó el PCE de José Díaz, se estaba viviendo una etapa de revolución democrática y defender este proceso era avanzar en las aspiraciones de la clase obrera y el pueblo, en el freno del fascismo y en la construcción de la dictadura del proletariado.

¿Cuáles eran los rasgos característicos de las fuerzas armadas? El ejército español, en los albores y durante la República, era un ejército técnicamente atrasado en todos sus aspectos, incluyendo el grado de oficialidad y la capacidad productiva e innovadora de fábricas y laboratorios. Además, era un ejército cuya práctica se limitaba a las guerras coloniales en el norte de África, un conflicto que desangró la región y que realmente no llegó a controlarse hasta la intervención de una potencia imperialista como Francia. Un ejército de corte tradicional y en buena medida reaccionario. Es por lo que se dice que Franco y los generales facciosos, al sublevarse los cuarteles del Protectorado, contaron con la parte del ejército más preparada y fogueada. Pese a ello, sin la determinante ayuda del eje nazi-fascista, sus sueños se hubiesen quedado en eso, en sueños.

Pero como decíamos al principio, dentro de las fuerzas armadas surgían contradicciones y diferentes intereses de clase. Tal es así que, por ejemplo, cuatro meses antes de la proclamación de la República en abril de 1931, ya hubo un intento de derrocamiento de la monarquía a través de un pronunciamiento militar de los capitanes Fermín Galán Rodríguez y Ángel García Hernández: la sublevación de Jaca. Ésta finalizó con estos dos militares ejecutados. La conspiración e intrigas militares, de un signo u otro, han sido una constante desde el siglo XIX

Para lograr aprovechar estas contradicciones, que se daban sobre todo dependiendo los escalafones de las fuerzas armadas, era fundamental intervenir en el seno del Ejército y el PCE, con sus modestos medios y limitadas capacidades, dio pasos para avanzar en materia militar. Desde 1932 el PCE venía prestando mayor atención al trabajo en el ejército, atención que aumentaría desde la insurrección derrotada de Octubre de 1934, a la par que iba constituyendo las Milicias Antifascistas de Obreros y Campesinos. A través de un órgano llamado Comisión Antimilitarista, se tenía el control de la constitución de células y comités en los principales cuarteles, algo que se logró con mayor determinación en Madrid (llegando a celebrarse una Conferencia del partido en la guarnición de Madrid). Entre otras medidas, se editó una publicación denominada El Soldado Rojo. Muchos oficiales y suboficiales del ejército español acabaron instruyendo a las primeras unidades milicianas, entre ellas las propias MAOC y posteriormente las del Quinto Regimiento [7].

El estallido de la guerra supuso una fracción importante en las fuerzas armadas. Con algunos datos en la mano, podemos sacar a relucir que: 14 de los 18 más altos generales se mantuvieron leales a la República (solo Franco, Queipo de Llano, Miguel Cabanellas y Goded se sublevaron). Sin embargo, en otros grados vemos que 18 de 32 generales de brigada se sublevaron, cerca del 85% de los oficiales, 44 de las 53 guarniciones y en torno al 50% de las fuerzas del orden público también se unieron al golpe fascista.

En sí, datos mayoritarios cuantitativa y cualitativamente, pero que en ningún caso se acercan a la unanimidad y en algunos ejércitos, como el de la armada o la aviación, cambian de color. Por ejemplo, la marina de guerra que quedó en manos del Gobierno legítimo alcanzaba los 14 destructores, 12 submarinos y numerosos barcos de menos tamaño, una flota bastante superior a la de los generales facciosos. El problema vino porque buena parte de la oficialidad y los mandos técnicos, al contrario que el grueso de los marineros, se sublevaron, lo que hizo que la marina de guerra republicana derrochase heroísmo pero su efectividad fuese muy reducida. Igualmente, la mayoría de aeronaves (pues las bases estaban en zonas controladas) y pilotos se mantuvieron leales a la República [8].

Pese a que la República controló importantes partes del ejército, la desorganización y descomposición fue total. Si el trabajo en el seno del ejército hubiese sido mayor, quizás los datos hubieran sido muy diferentes. Además, existió un problema claro con ciertos elementos de la oficialidad que se mantuvieron leales a la República, pues en muchas ocasiones fueron un freno verdadero a la política de resistencia y de constitución de un ejército popular poderoso, oponiéndose a que militares no profesionales pero que se estaban batiendo desde los primeros días de la guerra accedieran a rangos superiores. Por ejemplo, Stoyan Minev señala que:

Ya desde los primeros días de la sublevación y de la intervención militar de Alemania e Italia, se supo que una gran cantidad de oficiales profesionales se pasaron al lado del pueblo y de la República solamente porque se encontraban en las ciudades donde el movimiento popular aplastó a los sublevados y, esto sólo quiere decir, que no pudieron pasarse al otro lado del frente [9].

La declaración del Estado de guerra, en los últimos meses de la guerra cuando Cataluña ya caía, fue el caldo de cultivo para que estos militares tuvieran total libertad para actuar. El golpe traidor del general Casado fue un ejemplo de ello.

Se ve pues la complejidad del asunto. Es innegable que la sublevación del 18 de julio fracasó por la respuesta del conjunto del pueblo dirigido por sus organizaciones de clase. El futuro Ejército Popular de la República bebió y se nutrió claramente de las grandes masas que salieron de los campos y de las fábricas para unirse a las milicias. Pero sería caer en sentimentalismos pensar que el apoyo decidido de ciertos sectores del ejército y las fuerzas del orden público (como la Guardia de Asalto o incluso la Guardia Civil) no fue importante en la lucha contra el fascismo en España, pese a todo lo señalado.

 

Notas:

[1] Lenin, El Estado y la Revolución. Obra básica para comprender el origen, carácter y papel del Estado.

[2] La juventud comunistas y las Fuerzas Armadas, Documentos VIII Congreso de los CJC.

[3] Cerca de medio millar de jóvenes ven en el ejército una salida a su situación, Tinta Roja, 5 de marzo de 2014.

[4] Nota de prensa de la Juventud Comunista de Grecia acerca del empeoramiento de las condiciones laborales de los jóvenes reclutas, Tinta Roja, 30 de diciembre de 2013.

[5] II Congreso del 'POSDR

[6] Artículo "Ejército revolucionario y gobierno revolucionario".

[7] Enrique Líster, El Quinto Regimiento, edición digital de la biblioteca de los CJC.

[8] Gabriel Cardona, Historia militar de una guerra civil. Estrategia y tácticas de la guerra de España.

[9] Stoyan Minev, Las causas de la derrota de la República Española.

 


Víctor Moreno es Subdirector de Tinta Roja.

 

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