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Sab10042021

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Lo que no te contarán los libros de texto sobre el joven Stalin

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La verdad histórica sobre Stalin está muy distorsionada. Las publicaciones, incluidos los libros de texto que se utilizan en los institutos, tergiversan completamente su figura hasta convertirlo en un persona sin escrúpulos con afán de personalismo que aplasató a todos los opositores por hacerse con el poder. Pero, en el aniversario de su muerte, cabe preguntarnos: ¿qué verdad hay en todo esto?

El 5 de marzo de 1953 a los 75 años de edad moría Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin, tras una vida marcada por la intensidad y tenacidad en la lucha por la construcción de la sociedad socialista en la Unión Soviética y el resto del globo. Es harto complicado, en un artículo breve de estas características, hablar sobre la figura histórica de uno de los personajes más calumniados y distorsionados de nuestra historia. A través de este artículo no se trata pues de hacer una exaltación abstracta de su figura, ni hacer un repaso de su papel en la edificación del socialismo en la URSS ni en la Segunda Guerra Mundial, sino situarnos en sus primeros años como joven revolucionario y comunista, período en el que se forjaría como bolchevique.

El papel que tuvo Stalin hasta el triunfo de la Revolución de Octubre ha sido otro episodio más de su vida intoxicado, ocultándolo y haciéndonos creer en el imaginario colectivo que su actividad militante y su ascensión fue motivo de intrigas y no de su capacidad valorada colectivamente, frente a la gran capacidad y papel central que ocuparon otros dirigentes de los episodios de Octubre, especialmente uno de ellos y de cuyo nombre no me quiero acordar. Remontémonos, brevemente, a su militancia juvenil.

Nacido en Georgia en 1878, hijo de un zapatero y una lavandera humildes, pronto empezó a destacar en sus estudios dentro de la escuela parroquial de Gori, lo que le permitió estudiar becado en el seminario de Tiflis, una institución ligada a la Iglesia ortodoxa y única posibilidad de acceder a estudios superiores que tuvo. Sin ser nunca un intelectual, fue conocido por su pasión por la lectura y la teoría del marxismo, un devorador de libros señalan algunos historiadores que han trabajado de manera más seria su figura, incluyendo libros que en ese momento estaban prohibidos.

Fue en este seminario donde Stalin comenzó a tener un contacto mucho más estrecho con los primeros círculos socialdemócratas que se estaban constituyendo de manera clandestina en Georgia con grandes lotes de liderazgo en los círculos de estudio, donde conoce de primera mano la amplia literatura de Marx, Engels y primeros escritos de Lenin. Su actividad militante llegó a un punto de clara contradicción con la institución en la que estudiaba, siendo expulsado del seminario en 1899, apenas con 20 años. Desde ese momento, quedaría ligado de por vida a la causa de la liberación de la clase obrera internacional y el pueblo georgiano.

La Rusia zarista, fundamentalmente caracterizada por un país feudal con una alta extracción de campesinos pobres, protagonistas de numerosas revueltas, iba a la par desarrollando su economía capitalista, desarrollando la clase social que estaba llamada a sepultar a las clases explotadoras: la clase obrera. El número de huelgas y pequeñas revueltas iba parejo al aumento de la miseria y explotación del pueblo. Stalin participó en numerosa de éstas, siendo en gran medida impulsor y organizador de las mismas, especialmente la de los talleres ferroviarios de Tiflis.

A inicios del siglo XX, ya en contacto con Lenin y difundiendo el ilegal periódico socialdemócrata Iskra, formará parte del núcleo dirigente junto con Ketsjoveli y Tsulukidze de la organización de Tiflis del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Comienza su vida en la clandestinidad, teniendo que abandonar su trabajo en el observatorio físico de Tiflis. Poco tiempo después se traslada a Batum, región próxima a Turquía. Allí es destacado rápidamente como dirigente del Comité de Batum del POSDR por su perfil militante y alto trabajo que realizó desde el primer momento con los obreros más avanzados. Lideraría grandes marchas y huelgas obreras en la región, como las del 8 y 9 de marzo de 1902, y sufriría con sangre y fuego las cadenas del zarismo. Por liderar estas protestas, donde además murieron 15 trabajadores y detenidos más de medio millar de manifestantes, sería mandado a prisión cerca de dos años.

Su actividad política y estudio del marxismo no cesó entre rejas y las puertas del destierro se abrieron. En Siberia Oriental consigue evadirse de la deportación y regresa a Tiflis para continuar con la organización del POSDR. Llegado el momento de la inevitable escisión, Stalin no dudó en adherirse a los bolcheviques de manera activa. Seguiría sufriendo las consecuencias de la represión zarista, sufriendo cárcel y destierro en numerosas ocasiones. Su activo papel en las tareas de la revolución en Rusia estaría en los más altos niveles.

Tal es así que en los albores de la Revolución de Octubre, con un Stalin que se acercaba a los 40 años de edad, ocupaba importantes cargos entre los bolcheviques. Director del Pravda, miembro de los máximos órganos de dirección política, así como de la comisión dedicada a los asuntos militares del partido responsable de la dirección de la insurrección. Tras el triunfo de los bolcheviques, su papel lejos de disminuir, aumentó.

Con esta pequeña aproximación a su biografía, lejos quedan las injurias sobre su figura que señalan el prácticamente nulo y oculto papel previo a la muerte de Lenin. La realidad y la historia son tozudas y acaban imponiéndose a la falsificación y a la mentira. Es deber de la juventud conocer y estudiar la historia en toda su amplitud, no de una manera retórica, no para exaltar gratuitamente figuras y episodios, sino para hacer un frío y científico análisis de la realidad que nos permitan conocer el qué, por qué, cuándo, dónde y cómo.

 

Bibliografía consultada:

Ludo Martens, Otra mirada sobre Stalin

Carlos Hermida, Cuestiones sobre Stalin

John Reed, 10 días que estremecieron al mundo

Ediciones Tinta Roja, Stalin obras completas en 16 tomos, Tomo I y II

 


Víctor Moreno es Subdirector de Tinta Roja.

 

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