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Mar12122017

Última actualización02:22:47 PM GMT


26J ¿Qué opina la UE de todo esto?

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Bajadas de impuestos, aumento del gasto social, renegociación de la deuda... todo eso está muy bien, suena genial. Pero va a ser que no. Por mandato de Bruselas todo eso está fuera de lugar, porque más allá de las elecciones sólo queda una cosa: El gran capital Europeo.

El incumplimiento del programa electoral parece ya una costumbre en este país. Pero esto no debería sorprender a nadie, no hace falta leer a Marx para saber que el Estado hará lo que digan los grandes empresarios al margen de cualquier promesa electoral. Dejémonos de engaños por una vez, pues la realidad es tozuda, y hablemos con claridad, después de estas elecciones el gobierno sólo tendrá una misión: Ajustarse al objetivo de déficit marcado desde la Unión Europea.

No hay más. Hace años nos sometimos dócilmente a Maastricht y cedimos entre otras cosas nuestra soberanía monetaria para contribuir al "proyecto europeo", es decir, al proyecto para defender las exportaciones de la industria alemana, entre otras. Por ello, a pesar de promesas y gobiernos, quien tiene la última palabra es la Unión Europea, como instrumento político de los monopolios. Ya lo vimos en Grecia, dónde ni el gobierno de "izquierda radical, ni un referéndum contra las posiciones de la UE pudieron frenar los brutales recortes demandados por Bruselas.

Es más, no podemos olvidarnos como el presidente en funciones, Mariano Rajoy, mandó recientemente una carta jurando lealtad a la UE, prometiendo que acataría todas las "reformas necesarias"; simultáneamente nos decía que bajaría los impuestos...

Triste pero cierto, este no es un país soberano, no es más que una pieza de un encaje mayor, la periferia de un capitalismo voraz orquestado por los grandes capitalistas de la Europa occidental.

Quien trate de gobernar este país después del 26J lo hará dentro de este marco "europeo" y por tanto no sólo se va a encontrar con los límites del capitalismo, sino que se va a ver encerrado, encadenado, a unas limitaciones aún mayores, las del imperialismo. Así es, este capitalismo maduro lo tiene todo atado y bien atado. Estricto control de la inflación, prioridad del pago de la deuda sobre otras partidas presupuestarias, reducción del gasto público, mantenimiento de una moneda única fuerte... Ese es el "espíritu europeo" que promueven los diferentes partidos (PP, PSOE, Unidos Podemos, Ciudadanos...). Además estos puntos están recogidos en los estatutos fundacionales de la UE, es su esencia, y no es reformable.

¿Cómo se puede relanzar la industria si no controlamos el tipo de cambio de nuestra moneda, y, por tanto, no controlamos las exportaciones? ¿Cómo vamos a reducir la deuda si no es mediante la inflación? ¿Acaso va a permitir la UE una quita si nos hizo cambiar el artículo 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda? ¿Cómo vamos a aplicar medidas keynesianas (que no resuelven la crisis) de aumento del gasto público si desde Bruselas se nos indica que ese no es el camino, si la patronal pide más reformas laborales? Esas preguntas no serán ni tan siquiera planteadas, y menos aún respondidas. Son preguntas que incomodan, pues desbaratan todos y cada uno de los programas electorales de los principales partidos.

Aún con todo quedan las supuestas subidas de impuestos a las rentas más altas, a los ricos (seguro que están temblando de miedo, como no saben ya evadir impuestos...) que proponen algunos partidos. Sin embargo, estos nuevos ingresos, venidos de la subida impositiva, no significarían, como se promete, un aumento en gasto público y ayudas sociales. Y si no pregunten en Bruselas. Para la UE sólo hay dos objetivos:

-Pago de la deuda a través de reducción de gastos público y del aumento de los ingresos a través de subir los impuestos a las clases populares (como ya se ha hecho con el IVA)

-Incremento de la competitividad, es decir, bajar los salarios y las condiciones laborales, para que nuestros salarios puedan competir con los de Polonia, Marruecos o Sudáfrica.

Este 26 de junio la clase obrera no elige entre izquierda o derecha, entre PP o Ciudadanos, entre PSOE o Unidos Podemos. La clase obrera tiene que elegir entre la bajada salarial, el pago de la deuda generada por los bancos, la destrucción de la industria restante, la condena a vivir de trabajos temporales derivados del turismo y la salida de la UE para construir un proyecto alternativo, propio y socialista. Un proyecto para la clase obrera.

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