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Mar27062017

Última actualización05:35:47 AM GMT


Si tú cobras por tu trabajo, yo también. Aviso: los políticos son (también) personas

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Una de las soluciones más recurrentes a todos los problemas del país que se escuchan en las tabernas de los bares es la de eliminar los sueldos a los políticos. ¿Es realmente una buena propuesta?

Los políticos (que, dicho sea de paso, no son más que unas personas cuyo trabajo consiste -normalmente de manera temporal- en planificar, aprobar, programar y ejecutar políticas) son la cabeza de turco de la crisis actual. Todo parece indicar que su mala gestión nos ha llevado a esta situación. Y es que los políticos se han lucrado personalmente y no son pocos los casos de corrupción conocidos. También han permitido ciertas prácticas, como las actividades de las cajas y bancos, y no han velado, como era su obligación, para impedir que Bankia estafase con sus preferentes. Y por si todo eso fuera poco, cuando se dedicaban a hacer su trabajo, lo hacían mal. Así dedicaban el dinero público a hacer aeropuertos sin aviones o a poner una ciudad patas arriba para pujar por unos Juegos Olímpicos que nunca llegaron.

Además de hacer su trabajo mal los políticos viven bastante bien. Entre sueldos, dietas, complementos y "regalos" del sector privado se levantan un buen pellizco. Y es que quizá el problema esté ahí. Si la política es una actividad tan lucrativa, donde además se maneja dinero público es fácil que atraiga a personas que no quieren ejercer este trabajo sino, simplemente, ganar dinero de manera rápida, fácil y poco limpia.

Por lo tanto, quitar el sueldo a los políticos no parece una mala idea. Aquí aparecen tres argumentos. El primero lo defino como "el tuerto en el país de los ciegos". Y es que ante las malas condiciones que tienen los trabajadores en España se critica que las personas que trabajan como políticos gocen de tantos privilegios (derechos) En este punto cabe la pena recordar que la lucha por las diferencias en las condiciones de los trabajadores siempre ha de dirigirse a igualar a lo alto, no a lo bajo.

El segundo argumento es más practicista. Si no existen contraprestaciones económicas a la labor de político sólo se meterá quien realmente esté interesado en hacer las cosas bien. Sobre este argumento, el quid de la cuestión, volveré más adelante.

El tercero es mucho más romántico. Que la política sea un hobby. Que cualquier trabajador en su tiempo libre se dedique a ella de tal manera que se elimine el trabajo de político y ésta pase a ser una actividad donde cada uno emplea su tiempo para mejorar la comunidad. Además de una idea un tanto ñoña (a mi personalmente me recuerda a cualquier película estadounidense de serie B donde Johnny, el buen vecino, ayuda a los chalets colindantes con las cañerías, búsqueda de pastores alemanes perdidos o los deberes de los niños) las condiciones objetivas impiden que esta idea tenga sentido. Y es que con las condiciones de trabajo y jornadas maratonianas que sufren los trabajadores, ¿quienes van a poder dedicar su tiempo libre a la política?

Precisamente quienes tienen tiempo libre y quienes pueden permitirse dejar de lado su trabajo (porque reciben dinero de otras rentas como acciones o bienes inmuebles) para dedicarse a ser político. Osea, los empresarios.

Y es que, y volviendo al segundo argumento, esta nueva iniciativa muestra un claro clasismo. Si la política no está remunerada un trabajador nunca podrá dedicarse a ello. Las consecuencias de ello son terribles. Si ya es difícil que un trabajador entre en un cargo político relevante y todavía más que se escuchen sus intereses (aunque sea para repartir unas migajas) si desaparecen de los cargos políticos volveremos a la política del s. XIX. Donde decir que los niños no tienen que trabajar era considerado una demanda subversiva y sin el más mínimo sentido.

Curiosamente desde diferentes sectores de la "izquierda" (como hizo Rafael Cobo) se defiende esta idea aunque, en su momento, que los cargos políticos estuviesen retribuidos fue una de las demandas del movimiento obrero (como inteligentemente señala Pablo Simón -de quien, además, he extraído parte de las ideas aquí expuestas-).

Ya sea por un mal análisis (basándose en los tres puntos expuestos) ya sea por un clasismo recalcitrante (pues recordemos que esta idea suele ir aparejada de otra gran iniciativa: permitir que sólo fuesen políticos gente con estudios o que pasen una serie de exámenes) lo cierto es que la demanda de quitar los sueldos a los políticos está cada día más asentada. Tan asentada que hasta Cospedal abanderó la propuesta en Castilla-La Mancha.

Y es que aunque el hecho de que los políticos cobren o no (y, por lo tanto, se permita en mayor medida que haya obreros y especialmente jóvenes obreros en los cargos públicos) no va a mejorar nuestras condiciones debemos ser cautos con las propuestas que se lanzan y saber analizarlas para evitar adoptar discursos que, objetivamente, nos son perjudiciales.


Ana Escauriaza es Subdirectora de Opinión en Tinta Roja.

 

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