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Mar17102017

Última actualización03:30:00 PM GMT


Uber, Airbnb… ¿los usas? ¿sabes qué esconden?

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Gracias al avance de la tecnología han surgido infinidad de opciones para viajar más barato. Plataformas como Uber o Airbnb se dedican a poner en contacto a particulares con transporte o alojamiento con usuarios que quieren hacer uso de ellos pero a un precio más económico que el que ofrecen las empresas del sector. Hace unos meses la polémica saltó al prohibirse la plataforma Uber en España.

La lógica parece ser sencilla y beneficiosa para ambas partes: pongamos que eres un joven con coche, pocos ingresos y mucho tiempo libre. Y, por otro lado, está una pareja que quiere realizar un viaje pero no encuentra más que precios desorbitados por parte de Renfe, ALSA o Iberia. ¿Solución? El primero ofrece a los segundos llevarles en su coche por una cantidad de dinero que cubre el gasto de gasolina más un plus por realizar el servicio. El conductor gana dinero y los viajeros realizan el trayecto a menor coste.

Así funciona Uber, un plataforma digital nacida en San Francisco (ciudad donde, por cierto, Uber ya supera a los taxis de la ciudad en volumen de conductores y clientes) De un modo similar funciona Airbnb, plataforma digital de alojamientos.

Hace unos meses la polémica estalló: un juez de lo Mercantil en Madrid decidió cerrar, de forma cautelar y desde abril, la actividad de Uber. El motivo es una supuesta competencia desleal ya que los conductores de Uber no precisaban tener los permisos y licencias que se exigen a los taxistas. Además, al no pagar impuesto alguno (decían los colectivos afectados) podían ofrecer precios tan bajos y eso perjudicaba al sector.

Es verdad, por ejemplo, que en San Francisco Uber casi monopoliza el sector. La mítica imagen de la ciudad estadounidense llena de taxis es casi una utopía. Uber controla el mercado, tiene más conductores y más negocio que los taxistas y ahora es la plataforma la que coloca los precios (curiosa anécdota pues entre los motivos de creación de Uber estaba, precisamente, luchar contra los supuestos preciso abusivos de las empresas de transportes)

No se puede negar que las empresas del sector de transportes (un sector, por otro lado, casi monopolizado por dos o tres grandes empresas) han puesto el grito en el cielo al ver cómo iban a perder suculentos dividendos. Bajo este argumento muchos han querido ver en Uber o Airbnb plataformas que demuestran cómo los "ciudadanos" pueden vivir sin las empresas, gestionando entre ellos sus necesidades.

Pero no todo es tan sencillo como parece. Estas plataformas esconden una realidad muy dura. Uber o Airbnb no ofrecen una herramienta a personas que quieren sacarse "un dinerillo de más". Con las actuales tasas de desempleo juvenil así como el brutal porcentaje de contratos temporales lo que Uber o Airbnb permiten es que miles de trabajadores ejerzan su oficio sin ninguna garantía. ¿De verdad Uber ampara a un joven camarero, por ejemplo, que en sus horas libres se saca un dinero extra o en realidad en Uber trabajan conductores del sector despedidos o que no pueden pagar las licencias de taxista e, incluso, trabajadores de otros sectores que, tras una larga temporada en el paro, deciden buscarse la vida así?

Si descargamos la aplicación de Uber veremos que hay conductores siempre en servicio y si queremos hacer el experimento podemos probar a llamar a un conductor por una misma zona en horas diferentes. No será difícil encontrar al mismo usuario. ¿Casualidad o hay algo más?

Así, plataformas como Uber están permitiendo la más sangrienta explotación: trabajadores que ni cotizan ni tienen derecho a vacaciones, descansos, seguridad social o jubilación. Es verdad que el trabajador no paga impuestos por su actividad pero también es cierto que si enferma no podrá cogerse la baja y que, de seguir trabajando en esto, tendrá que hacerlo hasta que fallezca pues al no haber cotizado no tendrá derecho a jubilación.

Curiosamente la polícia, espoleada por los grandes empresarios del sector del transporte, ha creado varios dispositivos especiales para "pescar" a estos particulares que realmente ejercen de taxistas auspiciados por Uber o BlaBlaCar (plataforma de distinto funcionamiento pero, a efectos prácticos, también útil para este caso) No se persiguen a estos portales que obtienen beneficios millonarios abriendo la puerta a la explotación más inhumana sino que van a por el eslabón más débil de la cadena: el trabajador que está en Uber porque no tiene nada mejor o el usuario que viaja por este medio pues no puede pagarse un billete "ordinario".

Además Uber crea un efecto perverso: al absorber clientes muchos trabajadores del sector transportes se irán al paro, donde Uber a su vez surge como una opción "laboral". Al haber menos conductores los precios van a volver a subir y eso, de nuevo, beneficia a Uber ya que los usuarios demandarán más esta plataforma. De nuevo más despidos, más conductores que antes tenían contrato y cotizaban a Uber y vuelta a empezar.

Lo más peligroso de este método de explotación es que se ampara bajo el lema clásico del liberalismo: ellos ejercen ese trabajo porque quieren. Nadie obliga a los conductores a dedicar su tiempo a Uber en vez de a formarse o a buscar otro empleo. Pero la realidad es tozuda y Uber o Airbnb ofrecen una herramienta tan sencilla como peligrosa.

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Ana Escauriaza es Subdirectora de Opinión de Tinta Roja.

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