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Ocio y rutina: el pez que se muerde la cola

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Antes de llegar al viernes, los jóvenes ya andamos pensado en cómo montarnos la fiesta para el fin de semana. Después de trabajar o estudiar toda la semana, parece que la única manera de romper la rutina a la que estamos sometidos sea beber hasta la saciedad y mover el cuerpo al ritmo de la música del momento. Parques, plazas y calles, o casas particulares si no queremos jugarnos una multa, se llenan de jóvenes que botella en mano esperan a tal o cuál hora para poder entrar gratis en los pubs o discotecas.

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Para la juventud la llegada del fin de semana supone un pequeño oasis en la monótona rutina de toda la semana trabajando en puestos generalmente de menor cualificación de la que se posee y baja remuneración, de toda la semana de clases, trabajos, prácticas… o bien de una combinación de ambas.  La actividad principal en las noches de viernes y sábado se convierte en buscar la manera más económica de beber en cantidad, conocer gente nueva y así olvidar las penurias de su día a día.

Como con otros aspectos de la vida, estos hábitos de ocio nocturno están diferenciados según los barrios donde se desarrollan. Mientras en barrios populares es más habitual encontrar a los jóvenes echando unos litros en las plazas o en los bares musicales también existen, en todas las ciudades, zonas de ocio elitistas donde es necesario vestir exquisitamente para poder disfrutar de copas a 15€ y de un exclusivo ambiente VIP.

El fenómeno estrella del fin de semana es el “macro botellón”, con una gran implantación entre los menores de edad a pesar de su prohibición habiendo un 40% de jóvenes que lo practican de forma habitual iniciándose a edades tempranísimas siendo tónica general que en torno a los 13 años comiencen a pegarse auténticos atracones y a los 14 ya sea casi algo habitual. El botellón tuvo su máximo auge en 2006 donde se realizaron varias de estas multitudinarias convocatorias en muchas ciudades del estado. Acabando la mayoría de ellos en altercados y detenciones. Sin ir más lejos, esta convocatoria en Barcelona acabó con más de 50 detenidos. Hoy en día es un fenómeno en declive debido a las numerosas normativas cívicas u otras leyes que castigan con fuertes multas el consumo de bebidas alcohólicas en la calle.

El ocio, entendido como el conjunto de actividades que realizamos por placer y que no son ni trabajo ni tareas domésticas esenciales, es muy necesario para el correcto desarrollo de nuestras vidas como jóvenes. ¿Entonces significa eso que para nuestro desarrollo personal es necesario salir de fiesta todos los fines de semana?

Más allá de la respuesta de esta pregunta, cabe destacar que salir todos los fines de semana es un hábito arraigado en la juventud de hoy. Al parecer el producto de la rutina, se ha convertido en otro acto repetitivo más, cuál pez que se muerde la cola.

De hecho este modelo, puede verse en la mayoría de nuestras facultades. Es habitual que al principio de curso a modo de bienvenida o después de exámenes, por ejemplo, se organicen fiestas universitarias para todo el estudiantado. Los reclamos de estas fiestas suelen ser las consumiciones a precios moderados y la posibilidad de conocer gente nueva de tu propia facultad en un ambiente distendido.

Este modelo de ocio nocturno puede significar una válvula de escape para que los jóvenes puedan aliviar sus preocupaciones e inquietudes (pagarse los estudios, encontrar o mantener el trabajo, etc.). Para, después de un fin de semana agotador de fiesta por la noche y mañanas de resaca, estar listos para otra semana de trabajo o estudio.

¿Qué hacer entonces? No existe una fórmula mágica que nos permita cambiar el modelo de ocio actual, debemos tener en cuenta que este modelo es propio de las relaciones sociales pertenecientes al modelo de producción actual, el capitalismo. Aún a sabiendas de que este modelo no cambiara a corto plazo, no debemos quedarnos de brazos cruzados y participar activamente en este cambio de modelo, empezando por nuestro día a día.

Con esto no nos referimos en que debamos desterrar de nuestra vida los pubs o bares o que nunca más debamos tomar unas cañas con los compañeros. Sino que, debemos construir un ocio mucho más variado y completo, que incluya actividades que permitan desarrollarnos tanto físicamente como mentalmente. Las jornadas deportivas populares ya sean campeonatos de fútbol o excursiones a la montaña, son un buen ejemplo de ello donde se puede realizar actividad física y más tarde una fiesta o concierto donde el ingrediente principal no sea el consumo de alcohol sino socializar con los compañeros.

No basta con rechazar el ocio nocturno actual, hay muchas propuestas diferentes con que sustituirlo que debemos trabajar e ir descubriendo colectivamente. Es el momento de pasar al simple rechazo, a proponer alternativas. Como en otros ámbitos debemos pasar a la ofensiva, ese papel activo que debemos desarrollar como jóvenes comunistas en el cambio del modelo de ocio.

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