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Lun23102017

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¿Ser joven y afiliarse a un sindicato?

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Este artículo pretende ser una ayuda para la juventud que pronto empezará a trabajar o trabaja para poder vivir. Es importante remarcar la cuestión de trabajar como medio de subsistencia que tenemos los trabajadores, ya que ante esa necesidad puede haber dos actitudes que más tarde desarrollaré.

Antes de ir al grano, me gustaría compartir contigo los tres perfiles de sindicalista que grosso modo nos vamos a encontrar en el maravilloso mundo del currela (cualquier parecido con la realidad no es mera casualidad):

El primero es un ser gordinflón de caspa en hombro. En sus manos no encontramos ni un callo. Sólo se deja ver cuando nadie lo necesita. Exacto, este tipo de sindicalista es el liberado vitalicio, no sirve más que para negociar con la empresa y vivir del cuento chino. Suele encontrarse en sindicatos mayoritarios.

Por otro lado, nos podemos encontrar con "el más revolucionario", también gordinflón, pero lo suyo es por su alimentación a base de choripanes y salchipapas. Unas de las características de este tipo de sindicalistas es que nadie le gana insultando al patrón – cuando no está presente-, jamás de los jamases se permitiría estar liberado y en su vocabulario abundan expresiones complejas que a simple vista emanan una radicalidad que pocos compañeros alcanzan a compartir, etc. Suele encontrarse en sindicatos minoritarios.

Por último, nos encontramos con quien intenta estar siempre al pie del cañón, trabajando como nadie y sin perder el entusiasmo. Este tipo de sindicalista no lucha por la revolución, ni por liberarse de su trabajo (aunque por el recrudecimiento de la lucha llegue el momento que tenga que hacerlo, queriéndolo así sus compañeros y compañeras), si no por mejorar las condiciones laborales que le afectan en su día a día e impiden que pueda llevar una vida plena. Este tipo de sindicalista puede y debe encontrarse.

Volviendo al hilo de lo que comentaba al principio del artículo, la necesidad de trabajar para subsistir es la razón por la cual nos puede hacer actuar de dos formas muy diferentes. Una de las formas es la actitud camaleónica; mientras menos llame la atención más probabilidad de mantener el empleo. La otra forma es la actitud combativa; necesidad de luchar para poder mantener el empleo en condiciones que permitan llevar una vida plena. Es comprensible que haya trabajadores que tengan pánico a perder su empleo, ¿quién quiere acabar en la más asquerosa miseria? Este tipo de trabajadores suelen ser los principales sustentadores de sus familias, si pierden el empleo lo pierden todo. Un aspecto importante es cuando la bondad y el amor al prójimo quedan a un lado cuando hablamos de negocios, y es que los dueños de las empresas quieren competitividad, que es sinónimo de beneficios. Ningún burgués va a ganar menos para dártelo a ti, porque la ley le ampara y puede hacer y deshacer a su antojo para que esto no ocurra. Entonces, ¿Qué nos queda a los trabajadores para poder hacer frente a los "recortes" de nuestro jefe? Los trabajadores no poseemos nada más que nuestro cuerpo y nuestra mente (que no es poco). Si deciden hacernos trabajar más tiempo por el mismo salario, se conforman unos cuantos y otros cuantos empiezan a luchar, ¿Qué crees que pasará? Te doy una pista, el refrán que mejor se saben los burgueses es: divide et impera. Entonces, si tienes la necesidad de combatir y todavía no estás organizado en un sindicato junto a tus compañeros y compañeras, ya estás llevando las de perder.

El sindicato es la herramienta construida por y para nosotros mismos, permitiéndonos remar a la par hacia una misma dirección. Sin esta organización somos como galeotes condenados de por vida a galeras. Pero la organización sindical es algo más que eso, es formar parte de una estructura identificativa donde se tejen valores y enlazan relaciones con personas con las que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, nuestros compañeros y compañeras. El sindicato es una forma de hermandad, pero no una hermandad espiritual, sino una hermandad que tiene como sustrato la necesidad, la necesidad de ser más fuerte ante las acciones denigrantes a las que estamos sometidos históricamente.

¿Qué pasa entonces con quien no está en ningún sindicato? Muy simple, debilita nuestra lucha, esa lucha continua por la mejora de nuestras condiciones de vida. Con esto no quiero decir que debamos ceñirnos a nuestro sindicato y dejar de lado al resto de compañeros y compañeras, al contrario, quiero decir que es nuestra obligación estar organizados en un sindicato y fortalecer esa estructura, dándola a conocer a quien no la conoce y haciéndola atractiva para quien todavía no se decida.

¿Y si está en otro sindicato? Entonces enriquece la savia de la que se alimenta nuestra lucha. Que existan muchos sindicatos, pero que en última instancia todos tengamos un sentido de la camaradería en nuestro centro de trabajo y seamos capaces de luchar por lo mismo, por lo que objetivamente nos perjudica.

En conclusión, el mayor logro sindical es lograr la unidad con nuestros compañeros y compañeras, pero no una unidad abstracta, sino una unidad organizada y consciente por la superación de los problemas que tenemos en el trabajo y en la vida, que, al fin y al cabo, van de la mano. De nada sirve ser el que más se queja; el que tiene las ideas más revolucionarias, si las convicciones no se materializan. Cuando tenemos hambre, comemos, no sacia nuestro apetito pensar en un bocadillo. En el sindicalismo ocurre exactamente lo mismo, de nada sirve hablar de lo mal que estamos si no nos organizamos con nuestros compañeros y compañeras para ganar condiciones que nos permita trabajar para vivir, no vivir para trabajar sin tener nada a cambio más que nuestro sufrimiento y el de nuestra familia.

Para terminar, quiero dedicar unas líneas a pensar a escala estatal. Un sindicato no debería ceñirse solamente a la realidad concreta del centro de trabajo al que pertenecemos, ya que si no hay una lucha coordinada con el resto de centros de trabajo, ya sea por la lucha de un convenio colectivo u otras cuestiones como las leyes laborales que tanto sufrimiento están causando a nuestras familias, no conseguiremos tener la suficiente fuerza para ganar y sacar adelante propuestas serias. Es una necesidad histórica del sindicalismo en España que cualquier trabajador o trabajadora, dedique a lo que se dedique, forme parte del tejido sindical. No importa el idioma, dialecto, o costumbres que tengamos, es necesario luchar contra un marco laboral estatal que nos está machacando día tras día, hora tras hora, recrudeciéndose al ritmo que los mercados imponen al Estado.

Sólo somos mercancía. Si somos desgraciados, no importa, somos mercancía. Si tenemos una vida de mierda, no importa, la mercancía no sufre. La mercancía no necesita realizar ninguna labor vital, sólo ser mercancía. El problema que tienen es que somos mercancía con conciencia, mercancía que más pronto que tarde conseguirá convertirse en mercancía tan organizada que dejará de ser mercancía.

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