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Vie24032017

Última actualización05:23:39 AM GMT


La letra pequeña de la subida del Salario Mínimo Interprofesional

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La justicia es igual para todos, ¿cierto o falso? Del dicho al hecho hay un trecho, y por más que diga la constitución del 78, en la práctica eso no se cumple ni por casualidad. Igual pasa con el SMI. En el parlamento, donde se hacen muchas cosas pero casi ninguna tiene que ver con beneficiar al pueblo trabajador, se ha aprobado subir el SMI a 707€. Veamos la letra pequeña de este acuerdo, ya que la grande, que resulta evidente que 707 es muy poco para vivir dignamente está bien clara.

Según acuerdo parlamentario desde el 1 de enero de 2017 el SMI queda estipulado en 707€, una subida del 8%. Inicialmente debía subir a 900 en 2018 pero esta cláusula se ha caído por el camino de negociación entre los grupos parlamentarios. El SMI es lo que un gobierno considera que es el sueldo mínimo que una persona necesita para vivir dignamente, la retribución por una jornada completa. Al mes, 180 horas de trabajo, no llega a cuatro euros la hora, para que nos entendamos. Técnicamente son 707€ en 14 pagas, lo que subiría un poco los ingresos del trabajador, pero en la mayoría de casos, la juventud no trabajamos un año seguido en el mismo lugar, o bien no conocemos esta cláusula, o bien al empresario no le da la gana pagárnosla. He aquí otra razón para sindicarse: estar informado de lo que nos corresponde.

En segundo lugar, la subida del 8% no es automática. Hay algunas cláusulas que la limitan, siempre para favorecer el empleo o lo que es lo mismo, al empresariado, a la patronal, a la clase dirigente. Por ejemplo, la subida no se aplicará a los convenios que estén firmados antes de 2017 -osea casi todos- y estén en vigencia. Tampoco se aplicará a las ayudas públicas, de forma que todas las administraciones que concedan becas o ayudas y usen el SMI para calcular baremos y demás, lo calcularán en base a los 655€, anterior SMI, perjudicando claramente a quien tenga que recibirlas. Parece que esta última cláusula no puede revertirse, pero la primera sí: Comités de empresa -en empresas grandes-, delegados y delegadas sindicales y trabajadores en solitario -en empresas más pequeñas que no tengan Comité- pueden, y deberían, exigir la subida, y no sólo eso sino un aumento mucho mayor de salario y otros derechos obreros, pero eso es otro tema.

Hemos visto que la subida se congela en el 8%, y que no se aplica a los convenios vigentes. Se entiende que a los trabajadores que estén bajo un convenio que sitúa su sueldo mínimo en 800€ no les afecta, pues ya cobran por encima del SMI. Por lo tanto, la limitación afecta sobretodo al sector de la clase trabajadora, la juventud a la cabeza, que tiene peores condiciones, que cobra el SMI y que como su convenio se ha firmado antes de 2017, no huele la subida.

Si lo leído más arriba parece escandaloso, lo que viene lo es aun más. El salario mínimo real de la clase obrera en España, y sobretodo de su juventud no es 707 ni 655: la verdad es que muchos jóvenes trabajamos por bastante menos que eso, bien porque no tenemos otra y necesitamos ingresos, bien porque se nos paga una nómina de 10 horas y el resto en negro, no llegando a los 707. De hecho, en el propio BOE se publican constantemente convenios y acuerdos por debajo del SMI, sobre los que el Estado hace oídos sordos y que sólo son revertidos si los sindicatos se dan cuenta y lo denuncian.

Esto respecto a la aplicación fraudulenta del SMI; pero el propio criterio que considera que los trabajadores tenemos suficiente para vivir con 707€ merecería un libro entero. Una habitación en piso compartido puede ir de los 150 a los 400 euros, a lo que hay que sumar comida, transporte, ropa, estudios, cursos, seguros... Podemos sobrevivir con 707€, y también con menos, de hecho es lo que hacemos. Pero va siendo hora de que nos convenzamos de que no es suficiente con sobrevivir, mientras hay dinero y recursos apretados en los bolsillos y en las cajas de nuestros jefes, de que el Estado gasta millones y millones en subvencionar a esos mismos jefes, a bancos gigantes o a iglesias y de que si todos los que cobramos el SMI nos parásemos, el mundo dejaría de girar: tal es nuestra importancia en la sociedad.

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