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"Take eat easy" y el peligro de las startups

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En el juego de las empresas, el trabajador siempre es el gran perjudicado. Las viejas costumbres nunca mueren, y por mucho que se incluyan nuevas herramientas y las maquillen de los más pintorescos colores, las técnicas de los pequeños y los grandes empresarios para aumentar el grosor de sus carteras, seguirán siendo las mismas.

Nos referimos con esto al lavado de cara de las 'empresas emergentes' renombradas, desde hace unos años, como startups (porque el spanglish es siempre mejor, ¿o no?). Estas empresas afrontan un destacable riesgo por los años de crisis que atravesamos. Por ello, buscan apoyarse en las nuevas tecnologías y en estrategias de mercadotecnia sólidas y bien consolidadas con la intención de desarrollar un modelo económico estable, que pueda abrirse un hueco en el mercado actual. Presumiblemente, la teoría es sencilla: mejorar la producción, basarse en la innovación y cerrar el ciclo con beneficios para todos. Pero, si las analizamos, comprobamos que las startups siguen básicamente dos patrones:

  1. Buscan aumentar la tasa de beneficios a ritmos aceleradísimos sin ningún tipo de planificación a medio o largo plazo, recurriendo a la deuda si fuera necesario. Ya que el objetivo de una startup no es otro que aumentar su volumen rápidamente para que los socios fundadores consigan embolsarse grandes sumas de dinero. Si la empresa va mal, se cierra y los efectos negativos se revierten principalmente en los trabajadores.
  2. La empresa funciona correctamente y su modelo se estabiliza. Resultado: venta a la multinacional dominante en el sector correspondiente (con la reducción correspondiente de plantilla y demás efectos adversos para los trabajadores).

Nos encontramos así con el caso de una empresa de reparto de comida a domicilio: 'Take eat easy'. La contextualizaremos con brevedad: 'Take it easy' fue constituida por los hermanos Chloe y Adrian Roose en el año 2013 y tuvo sus primeros servicios en París y Bruselas. Posteriormente se expandiría a alrededor de 20 ciudades, entre ellas Madrid. Su apuesta era la de una empresa de reparto de comida de alta categoría, respetuosa con el medio ambiente (sus repartidores realizaban las entregas en bici) y con las nuevas tecnologías integradas en su servicio (seguimiento vía GPS del pedido y del repartidor en todo momento).

La empresa aprovechó la tendencia a la alza del sector de la comida a domicilio. Sector que, aunque no disponemos de datos precisos, mueve la friolera de entre 500 y 600 millones de euros al año. Respecto a su desarrollo en España cabe destacar la reciente compra de 'La Nevera Roja' por parte del gigante 'Just Eat'; así como la creación de muchas otras pequeñas empresas como 'Delivery Hero', 'Deliveroo', 'Ubereats', 'Aloha24' o el primer contacto que tiene 'Amazon' con reparto de comidas , etc.

Los hermanos Roose aprovechan el reparto en bicicleta para tener una eficacia mayor dentro de este mercado (se estima que los pedidos llegan en una media de 20 minutos). Por otro lado, este modelo pretende abaratar los costos (gasolina, alquiler de motocicletas, etc.) y así aumentar el margen de beneficios. Por último, añade una diferenciación del servicio que aporta una presumible mejoría de su imagen de empresa.

Sus datos de crecimiento, grosso modo, en boca de uno de sus cofundadores son los siguientes: "Durante los últimos 12 meses, hemos aumentado el tamaño del equipo de 10 a 160, la escala de nuestras operaciones de 2 a 20 ciudades, desarrollamos nuestras asociaciones con restaurantes de 450 a 3.200 y, en última instancia, creció nuestra base de clientes de 30.000 a 350.000" (A.Roose). En cómputo de su equipo no incluye a los repartidores: piedra angular de la empresa que, solo en Paris, supera los 400 empleados. No se les menciona en su plantilla puesto que se formulan como trabajadores externos a la empresa, siendo declarados como autónomos o mediante el pago intermediario de una cooperativa externa a la empresa.

'Take eat easy' se declaró en quiebra el pasado 26 de julio. Según A. Roose, las causas del cierre de la misma son dos. Primeramente, la imposibilidad de desarrollar un modelo económico estable que asuma los costos. En segundo lugar, que en su tercera ronda de financiación no consiguió los fondos necesarios (solamente logró recaudar 16 millones de euros), pese a haber solventado dos rondas anteriormente sin mayor dificultad. Otras empresas de la creciente competencia sí lo lograron, por ejemplo: 'Deliveroo', que llegó a reunir 200 millones de euros.

La reacción de los hermanos Roose al cierre fue dispar. Adrian Roose desglosó su proyecto de empresa y aludió a que este tenía un formato totalmente estable y a que las causas de la quiebra fueron, en su mayor parte, externas y consecuencia de la competitividad actual. Chloe Roose reaccionó publicando una emotiva carta, en la que pudimos leer que "no encontraba las palabras correctas para decir adiós". Todo ello, dentro de esa particular y trabajada campaña de mercadotecnia de carácter familiar.

Pero no nos confundamos señores, más de mil trabajadores se han quedado sin sus salarios de la noche a la mañana en ese fatídico 26 de julio. Trabajadores que ahora se encuentran en un 'limbo laboral', situación en la que uno no puede cobrar su salario, pero tampoco pueden cobrar el paro; situación que persigue forzar al trabajador a darse de baja voluntariamente en el momento en el que consigan un nuevo trabajo.

A nosotros, los comunistas, no nos engañan. Nuestra mirada y nuestro hombro deben encontrarse siempre cerca de los perjudicados de siempre por la explotación: la clase trabajadora. Es por ello por lo que hoy dedicamos este artículo a denunciar cómo 'Take eat easy' cerró sus puertas dejando las nóminas de sus empleados sin pagar y, paralelamente, de cómo sus deudas con los restaurantes ascendían a 80.000 euros.

Cabe señalar también que no nos debemos dejar engañar por su mercadotecnia ni por su fachada de apariencia familiar. En este aspecto, no hay consideración hacia el trabajador. Prueba de ello es que al ser sus trabajadores despedidos repentinamente, a muchos de ellos ni siquiera se les facilitó la recuperación de sus bienes que mantenían en la sede y se vieron forzados a acudir acompañados de la policía a recoger sus cosas. Estos son los carteles que se encontraron al llegar a la oficina.

Es por eso que hablamos de responsabilidad. De que si bien un inversor de riesgo está preparado para asumir pérdidas, no podemos hablar de que un trabajador sea capaz de asumir el impago de su salario: sus deudas no esperan.

Así pues, por mucho que en algunos sectores los hermanos Roose se hayan convertido en una especie de 'héroes', debemos denunciar que no hay nada heroico en dejar a las trabajadoras y los trabajadores, así como a las familias que de estos dependen, sin un salario con el que vivir. Debemos denunciar que cada vez más se hace necesaria la unión y la organización de estos trabajadores para que situaciones como esta no se vuelvan a dar y para que podamos luchar por unas condiciones de vida y de trabajo dignas para todos.

 


Bibliografía

Chloe Roose - Las palabras correctas para decir adiós 

Adrian Roose - De 0 a 1000000 

Página oficial Take eat easy 

La comida online en España, un sector en plena ebullición 

El País: Take Eat Easy cierra por falta de financiación 

Cerrar como un señor 

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