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Dom22092019

Última actualización09:36:03 AM GMT


El error aprendido de las convocatorias del 20 y 21 de noviembre: la necesidad actual de un sindicato estudiantil

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Se suceden las reformas educativas, los diferentes recortes en educación por parte del gobierno de turno, la expulsión de miles de estudiantes de extracción obrera y popular de la educación universitaria... Y, mientras tanto, el movimiento estudiantil tiene el mismo problema que todo estudiante organizado ha escuchado, analizado y tratado de poner remedio: una falta notable de coordinación y estructuración desde la base, que permita vertebrar un movimiento estudiantil fuerte en todo el país y así plantar cara al desmantelamiento de la educación pública y defienda los intereses de las y los estudiantes.

Existen muchos ejemplos de las consecuencias de esta falta de coordinación por parte del estudiantado organizado en España y el pasado 20 de noviembre pudimos observar el último episodio de desorganización y consecuencias de la misma en el seno de la lucha estudiantil.

Tras la huelga educativa del 24 de octubre, que sacó a miles de estudiantes y trabajadores del sector de la enseñanza a la calle, secundando de forma masiva el paro y demostrando el descontento hacia los recortes impuestos por parte del gobierno al servicio del capital europeo (BCE, UE y FMI), el mal llamado Sindicato de Estudiantes y otras estructuras del movimiento estudiantil, entre las que se encuentran Estudiantes en Movimiento, se enfrascaron en una lucha por convocar una nueva jornada de huelga, que finalmente no llevó al estudiantado a dar un paso más en la organización de la respuesta contundente frente a los recortes.

El resultado de esta vorágine de convocatorias, concretada en una huelga estudiantil convocada tarde y mal por parte del apenas implantado Sindicato de Estudiantes, y por otro lado, la red Estudiantes en Movimiento, cada vez más alejada de las masas, reculó y desconvocó la huelga que había previsto convocar el día 21 de noviembre, llamando al estudiantado a realizar jornadas de lucha de carácter descentralizado.

Las consecuencias de esta multiplicación de fechas y de convocantes pudimos verlas en los centros de estudio de nuestros barrios y en las calles de nuestras ciudades; la huelga y las diversas acciones de lucha, salvo honrosas excepciones, fueron de carácter minoritario, dando una imagen de clara desmovilización por parte del estudiantado.

Ante esto hay que cuestionarse por qué se da una menor participación de los estudiantes en este tipo de convocatorias, cuando sin embargo crecen las asociaciones de base en los centros de estudio de todo el país y el descontento con la situación de nuestra educación cada vez es mayor.

Como se dice más arriba, surgen a lo largo y ancho de todo el territorio numerosas asociaciones que, desde la base, luchan por los derechos de las y los estudiantes y defienden un modelo de educación pública, gratuita y al servicio de la mayoría. Son precisamente estas asociaciones las que sacaron adelante la huelga educativa el pasado 24 de octubre.

Los estudiantes de base de la Complutense, de la universidad de Zaragoza y de Valencia fueron los que sufrieron la represión en esa convocatoria de huelga, ya que fueron ellos y ellas los que, como en el resto del estado a través de sus asociaciones, movilizaron, organizaron y siguen organizando al estudiantado combativo.

Es precisamente ésta la clave del porqué del fracaso de las convocatorias del SE y otros elementos del movimiento estudiantil. Mientras que los estudiantes organizados en la base son reconocidos por sus compañeros, están día a día en los centros de estudio, conocen sus dinámicas y sus necesidades; nadie conoce a los afiliados del SE, ni su programa reivindicativo ni por qué sus representantes son unos y otros, ya que nadie los ha elegido y nadie les conoce.

Cómo solucionar esta falta de coordinación es una tarea difícil, pero si conseguimos crear una estructura sindical estudiantil de masas, creada desde estas asociaciones de base que cuentan con la legitimidad de la lucha diaria, será más sencillo que esta nuevo estructura sindical sea reconocida por las y los estudiantes y podremos superar a estructuras que no representan a nadie. Para el éxito del movimiento estudiantil es necesario, por tanto, que las asociaciones estudiantiles entren en un proceso de unidad real, sincera y honesta, permitiendo vertebrar el futuro sindicato estudiantil.

A través de esta estructura sindical podremos canalizar la rabia del estudiantado, superar la fluctuación del movimiento estudiantil y comenzar a tejer un entramado organizativo con vocación de masas, que en tiempos de reflujo sepa aglutinar las fuerzas recogidas durante las jornadas de lucha y de huelga para crecer y tener capacidad transformadora. Todo lo contrario de lo que, por desgracia, actualmente sucede.

La Juventud Comunista, a través de su participación activa en el seno del movimiento estudiantil, sacó estas y otras conclusiones en la Asamblea de Cuadros de Movimiento Estudiantil que celebró en agosto. Ahora ha llegado el momento histórico de ponerlas en práctica.


Guillermo De Tuya es miembro del Buró Político y Responsable de la Comisión de Movimiento Estudiantil de los Colectivos de Jóvenes Comunistas (CJC).

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