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Sab27052017

Última actualización07:49:26 PM GMT


El coste de estudiar fuera ¿Quién puede pagarlo?

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El comienzo del curso universitario puede ser más difícil de lo que aparenta. Miles de jóvenes se ven obligados a trasladarse, buscar piso o residencia para estudiar aquello que desean. Esto supone un gasto más que a veces es difícil de asumir para las familias.

No todos los estudiantes tienen acceso a la universidad allí donde viven, o bien la universidad de su ciudad no oferta el grado que ellos desean o bien no les llega la nota y deben buscar otras universidades. El resultado es que miles de jóvenes abandonan su hogar para poder estudiar fuera, desdoblando sus vidas entre su lugar de origen y la ciudad a la que acuden.

Aunque muchos agradecen el cambio, lo cierto es que estos traslados acaban afectando a los estudios, pero sobre todo al bolsillo. Por un lado están los movimientos entre poblaciones, horas y horas de tiempo perdido en autobuses, trenes o estaciones. Tiempo que no se dedica a los estudios y tiempo que sale muy caro.

El coste de ir y volver del lugar de donde estudias a tu ciudad de origen no suele bajar de los 20 euros, es más, suele oscilar entre los 30-40 euros, y eso si eres de ciudad, puesto que si vives en un pueblo tendrás que afrontar una odisea de autobuses para acabar llegando a tu casa reventado y pagando aún más.

La oferta de transporte depende del lugar de partida y destino, pero habitualmente no es muy variada, hay que ajustarse a los horarios de las compañías lo cual supone una importante limitación y en el caso de los autobuses la calidad del servicio tiende a ser pésima.

Una vez que llegas a la nueva ciudad donde vas a estudiar se plantea un problema mayor aún que el transporte: La vivienda. El primer año hay que decidir si se va a alquilar un piso para estudiantes o si vas a vivir en una residencia o colegio mayor. Si bien la primera opción es mucho más barata la segunda ofrece más ventajas, sobre todo para los estudiantes que empiezan.

Sin embargo ¿quién puede pagar una residencia? En Bilbao el precio medio está en los 850 euros mensuales (tanto los colegios mayores públicos como privados), en Madrid es difícil encontrar un colegio que baje de los 1000 euros mensuales. Claro y embotella, lo ideal es empezar en un colegio mayor donde te limpian la habitación no tienes que cocinar y conoces gente con facilidad, pero esto está reservado para aquellas familias que puedan pagarlo, es decir, no es para los hijos de la clase obrera.

Los precios de los pisos de estudiantes son muy diversos, no depende únicamente de la ciudad, sino también del barrio, y hay de todo. Es cierto que se pueden encontrar algunas joyas, pero lo habitual es encontrarse una casa vieja, que hace años que no ha sido reformada, escasos muebles en mal estado, una vajilla sucia y casi inservible etc... Los primeros días los pasarás descubriendo las sorpresas del piso que a la inmobiliaria se le olvidó comentarte antes de firmar el contrato.

Cuando has hecho cálculos y ya sabes a cuanto te salen los viajes de vuelta a casa, cuánto te vas a gastar en comida y el precio del alquiler seguramente descubrirás que es más caro vivir fuera que la matrícula de la universidad. Pero la historia no acaba ahí, hay que contratar internet para el piso, algo tan indispensable que se ha vuelto bastante caro, una vez más los precios varían muchísimo dependiendo de donde de viva uno, pero es un gasto más que añadir.

Ahora cabe preguntarse ¿cuántos jóvenes no han ido a estudiar donde quería porque no podían pagarlo? El coste de ir a la universidad va más allá de la matrícula, los libros, los apuntes... No podremos hablar de universidad pública y de fácil acceso para todos los estudiantes si el Estado no se encarga también de asumir estos costes que supone estudiar fuera.

Por desgracia es más que probable que esta reflexión sea ignorada en un momento en el cual el gobierno reduce los presupuestos para la educación, disminuyen las becas y suben las tasas universitarias. Puede que algún día los estudios universitarios sean realmente un derecho y no un privilegio. Mientras tanto la universidad seguirá siendo inalcanzable para muchas familias del Estado.

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