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Dom18082019

Última actualización09:36:03 AM GMT


La sociedad francesa a través de las viñetas

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El miércoles 7 de enero aparecían en las noticias de gran parte del mundo el atentado producido en París por dos personas encapuchadas y armadas con AK-47 que entraron en la sede de la revista satírica semanal "Charlie Hebdo", asesinando a una docena de trabajadores e hiriendo a varios más. El principal motivo que desde el primer momento se barajó para estas brutales acciones fue la publicación por parte de esta revista de viñetas sobre la imagen de Mahoma, viñetas que algunos consideraron "ofensivas" en un país con más de 2.000 mezquitas y entre 5 y 6 millones de musulmanes.

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El eco de este atentado -y de los sucesos posteriores- se ha hecho notar rápidamente en los medios de comunicación y las redes sociales francesas, donde la comunidad musulmana francesa ha lamentado profundamente lo ocurrido argumentando que este tipo de actos no son propios de su religión, pero donde también se han multiplicado los comentarios de tinte islamofóbico en un momento político donde el fascista "Frente Nacional" de Marine Le Pen ganó las elecciones europeas del año pasado y ya se perfila como favorito para alcanzar el gobierno de la República en 2017 por delante de sus rivales políticos. La consecuencia más grave de este suceso, más allá de la muerte de trabajadores, es la exacerbación (aún más si cabe) del sentimiento islamofóbico de la sociedad francesa. Hay una pregunta que hay que responder: ¿cómo hemos llegado a esta profunda división social?

Los orígenes de los movimientos inmigratorios en Francia datan de los años 50 del siglo pasado, cuando empezó el periodo de reconstrucción del país tras la Segunda Guerra Mundial. En ese momento, la necesidad de emplear mano de obra barata en la metrópoli y la promesa de una mejor situación económica atrajeron a una ingente cantidad de trabajadores no cualificados de las diferentes colonias francesas y de otros estados de Europa (especialmente Portugal, España e Italia) que las empresas utilizaron para acrecentar sus beneficios durante dicho periodo, beneficios que luego se traducirían en importantes inversiones en el fortalecimiento del tejido industrial nacional francés en la década de los 60, algo que realizó un nuevo efecto de llamada para los habitantes de los territorios en los que se produjo la "Descolonización", un proceso que acabó para Francia en 1962 con la independencia de Argelia, país de origen de la mayoría de las olas de inmigración de esta década.

Marsella, como puerto de llegada, y París, como capital del país, formaron grandes comunidades de trabajadores inmigrantes, generalmente divididas por su origen (principalmente magrebíes y subsaharianos) a las que se les fueron sumando paulatinamente sus familias. Posteriores movimientos dentro del territorio nacional generaron otras comunidades más pequeñas en las zonas periféricas (banlieues) de otras ciudades. Las políticas urbanísticas del periodo de François Mitterrand en los 80 ayudaron a configurar esas banlieues fuera del centro de las ciudades, especialmente en las localidades de la periferia parisina, entremezclando a las hasta entonces separadas comunidades de inmigrantes en el mismo espacio.

Actualmente, en Francia viven los hijos y nietos de estos primeros trabajadores inmigrantes, la cuarta generación de personas "procedentes de la inmigración", ya ha empezado a nacer. Sin embargo, los descendientes de inmigrantes magrebíes o africanos son el colectivo que sufre con más virulencia las desigualdades sociales en el territorio francés. Mientras que el salario medio mensual de los franceses se sitúa en más de 1900 €, este colectivo apenas percibe 1330 €1. El porcentaje medio de paro de Francia en 2010 para los franceses se situaba en un 7%, mientras que para las personas de origen subsahariano era de un 19% y la de los magrebíes alcanzaba el 22%2. El 52,2% de los habitantes de las "zonas urbanas sensibles" (mayoritariamente de este colectivo) ni siquiera habían conseguido el certificado de estudios primarios3.

La represión policial y las acusaciones a varios medios de comunicación (incluyendo la cadena pública TF1) de montajes difamatorios sobre estos colectivos son frecuentes. Entre mayo y agosto de 2013, seis mujeres recibieron agresiones físicas por llevar el velo islámico en su cabeza, una cuestión ampliamente debatida durante los últimos quince años y que diferentes grupos de ultraderecha utilizan, junto con otras prácticas islámicas como el consumo de carne halal o la construcción de mezquitas, para propagar y justificar su mensaje. La aparición en la escena política de diferentes personajes con estos orígenes (como las ministras Rachida Dati o Christiane Taubira) y las medidas políticas tomadas para garantizar su integración social, así como el salto a la fama de diferentes personas de este colectivo dentro del mundo de las artes y el espectáculo (deportistas, actores, músicos) no han sido más que maquillajes de la situación real que experimenta este sector de la población.

En este contexto de rechazo social, es comprensible que buena parte de estos descendientes de inmigrantes reivindiquen los valores culturales de sus territorios de origen y hayan concebido tradicionalmente la publicación de unas viñetas humorísticas sobre Mahoma como un atentado más a su propia cultura (el diario Charlie Hebdo ha recibido múltiples críticas por parte de esta comunidad), lo que aumenta la escalada de tensión social dentro de la clase obrera francesa hasta producir una reacción violenta por parte de este colectivo, como se vivió en 2005 cuando las banlieues de toda Francia estallaron durante 21 días, quemando 9.193 coches y produciendo 2 muertos, llegando a decretarse el estado de urgencia.

El resultado producido es el ahondamiento de la división de la clase obrera por motivos étnicos y religiosos, circunstancia que perjudica gravemente a la misma en el marco de la lucha de clases en que se encuentran al debilitar la unidad de clase frente a la burguesía, que continúa aprovechando para ejercer políticas más claramente reaccionarias y acentuando la pérdida de los derechos que el proletariado francés conquistó durante los siglos XIX y XX dentro del marco de crisis económica en que nos hallamos sumidos.

Tanto los atentados de "Charlie Hebdo" como el resultante agravamiento del sentimiento islamofóbico son una grave derrota para la clase obrera francesa.

Notas:

[1] Los ingresos y la pobreza de los inmigrantes.

[2] Situación en el mercado laboral.

[3] Nivel de educación en las zonas desfavorecidas.


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