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Jue17082017

Última actualización02:17:39 PM GMT


Secuelas, precuelas y remakes ¿Qué le pasa al cine?

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Hay un problema en el cine actual, una enfermedad podría decirse. Siempre ha estado ahí, sus síntomas eran demasiado leves como para causar preocupación pero ahora la enfermedad está avanzando y se hace notar de forma evidente. ¿Falta de presupuesto? ¿Ausencia de buenos guiones? ¿Falta de directores creativos? Para nada, abundan por doquier los buenos profesionales en este sector y el dinero circula en manantiales. ¿Entonces que le pasa al cine contemporáneo me diréis? Os invito a que le echéis un ojo a la cartelera, miréis los 10 títulos más vistos, y luego me digáis si al menos 3 películas de la lista son secuelas, precuelas o algún tipo de continuación o revisión de una historia que ya se ha contado. La respuesta, salvo excepciones y periodos especiales, es que efectivamente parte de esos films de consumo masivo no son ideas verdaderamente originales, sino que son una continuación o un refrito de otra historia. Para poner un ejemplo muy gráfico, mientras escribo estas líneas a 30 de Julio de 2017, dentro de las 10 más vistas, 5 son algún tipo de secuela.

A simple vista este mal es causado por una falta de imaginación, pero nada más lejos de la realidad. Otras disciplinas artísticas como la literatura generan productos de éxito, relativamente nuevos y originales de forma constante y es muy difícil ver obras que contengan un 2 al final del título o sea una revisión de algo que se escribió hace muchos años. Y es que en la palabra escrita hasta los títulos que son parte de sagas, son continuaciones comedidas y saben evolucionar en algún sentido, no presentándonos de forma constante el mismo concepto.

Pero si no es por la falta de originalidad de los artistas ¿Que puede ser lo que genere toda esta decadencia? La respuesta no es sencilla y tiene muchos matices, pero la que más se aproxima al origen primigenio de la cuestión, es que el cine se ha convertido en una auténtica industria de fabricación en serie. Buscando un símil cotidiano que  se asemeje a la realidad de los productos séptimo arte contemporáneo  se me ocurre un establecimiento de comida rápida: el que lo ideó no se comió mucho la cabeza, es fácil de hacer, rápido de servir, más sencillo aun de comer y no está mal de sabor si no piensas mucho en ello. Como diría algún afamado crítico de cine; “de consumo rápido y olvido veloz”. Esta es la realidad de buena parte de los estrenos y de las películas que más consumimos y es una realidad triste, producto de una sociedad culturalmente empobrecida.

La cuestión, y este es el verdadero origen del problema, es que las grandes productoras no desean arriesgarse, quieren ir sobre seguro y juegan con la nostalgia o los gustos del espectador medio para sacar tajada de productos que son, como poco, mediocres. Mil películas de superhéroes, sagas que no acaban nunca o refritos de películas clásicas que no son capaces de llegarle a la altura del betún a las originales, esa es la realidad cotidiana de nuestras salas de cine. Y con esto no quiero decir que la industria del cine no sea capaz de sorprender y contar grandes historias, pero cada vez es menos habitual ver una película sustentada por un buen guión, dirigida con brillantez, tenga éxito y que además no esté plagiando a nadie. Ni siquiera quiero decir que no se pueda hacer un buen remake, reinventar con ingenio una historia ya contada e incluso superarla, pero creo que si no es para hacer algo decente, mejor es no sacar nada, como deberían haber pensado los productores de la lamentable Ben-Hur de 2016 que aun debe seguir haciendo removerse en su tumba al “bueno” de Charlton Heston.

A 20 años de la caída del muro, es curioso ver que uno de los grandes argumentos esgrimidos contra el sistema socialista se ha hecho realidad de forma evidente en el sistema capitalista. Nos dijeron que la falta de competencia generaría mediocridad, que en el capitalismo el deseo de ganancias aun mayores llevaría a la creación de auténticas maravillas en todos los campos, pero este principio siempre fue falso y se pone de manifiesto cada vez que compramos una entrada de cine para ver una película que solo se ha realizado porque será vista independientemente de su calidad. Y es que al final los comunistas teníamos razón al decir que el funcionamiento del sistema capitalista impide llevar la vida en toda su amplitud a un estado superior y más prospero, creando un arte nuevo que este puesto al servicio del enriquecimiento colectivo. Y si no conseguimos este gran objetivo estoy seguro de que al menos no tendremos todos los veranos una nueva película de los Transformers. Algo es algo…

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