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Mar27062017

Última actualización05:35:47 AM GMT


"Sufragistas", la voz de media humanidad

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Con otros grandes estrenos que estas Navidades nos harán hincharnos a palomitas, el pasado 18 llegó a nuestras pantallas la esperada Sufragistas. Con un reparto que promete mucho (Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Meryl Streep), y un tema ahora más que nunca de rabiosa actualidad, la hora y tres cuartos que dura saben a poco. Las expectativas con las que una entra al cine a ver una película de esta temática normalmente ya son demasiado altas. En unos momentos en los que la crisis capitalista se ensaña con las mujeres obreras, en un año que ha sido especialmente trágico en violencia de género, las exigencias son mayores.

Sin embargo, la película empieza derribando los prejuicios que podríamos tener a priori. Nos muestra la opresión de la mujer, pero partiendo desde las paredes de una lavandería, entre las que vemos la explotación, el peso de volver de trabajar y ser madres, esposas y amas de casa, incluso los abusos sexuales por parte del patrón con la miseria como cómplice.

Una mujer, prototipo de las obreras londinenses de principios del siglo XX, será la protagonista. En un mundo en el que no tienen voz y son carne de cañón para ser explotadas, una parte de ellas elije luchar, viendo en el movimiento del sufragismo posibilidades, y entendiendo las formas estrictamente legales que defendían algunas sufragistas como pobres para la consecución de sus objetivos. La película sabe reflejar magistralmente la contradicción de que la sociedad conciba que ellas sean capaces de trabajar y enfrentarse a jornadas interminables por un sueldo irrisorio, pero no de tener voz, ni voto, ni derechos sobre la custodia de los hijos.

Y sí, el movimiento sufragista inglés tuvo un fuerte componente burgués, pero en él participaron otras tantas y tantas militantes obreras que, intentando alcanzar la meta de la igualdad, lo perdieron absolutamente todo, y en ellas se centra la película. La señora Pankhurst, interpretada por Meryl Streep, y de las mayores inspiradoras del movimiento sufragista en Inglaterra, aparece un momento breve, casi podría llamarse cameo, durante un discurso multitudinario dado desde su balcón.

Siendo así, es inevitablemente chocante que la acción se centre tanto en la lucha de unas trabajadoras de una lavandería y sea tan poco reflejado su punto de vista. Esto va en paralelo con que la fuerza con la que contase el movimiento sufragista no podría haber sido posible sin todas aquellas que, aparte de luchar por tener voz e igualdad en derechos, luchaban por unas mejores condiciones de trabajo, y sin embargo, en el movimiento tampoco acababan de representarse sus reivindicaciones. Esta contradicción pronto se hizo patente entre las sufragistas, y es que, a pesar de que en un primer momento pueda parecer que todas las mujeres (y así se refleja en la película), independientemente de su clase, puedan tener las mismas reivindicaciones, la lucha de la mujer obrera va a la vez en contra a la de la mujer burguesa, ya que inevitablemente ataca el origen de toda desigualdad y va ligada al fin de toda opresión. La posición de la señora Pankhurst y la del movimiento de la que fue representante, que se llegó a declarar llegado un momento abiertamente anticomunista, además de cesar por un tiempo la intensidad del movimiento sufragista durante la Primera Guerra Mundial con el fin de mandar a derramar sangre obrera en el frente en nombre de unos intereses que no eran precisamente suyos, poco tiene que ver con eso.

Esta contradicción de intereses tampoco se refleja en la película, y por eso la hora y 40 minutos de historia de la liberación de la mujer me supieron a poco. No obstante, la emotividad, la pasión, la abnegación de esas mujeres que nada tenían y acabaron por perderlo todo por alcanzar un mundo mejor, no puede dejar indiferente a nadie.

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