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La Fiesta del Cine, un ejemplo más de por qué la cultura ha de ser accesible a la juventud

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En el capitalismo, la juventud cada vez tiene más dificultades para acceder a la cultura cinematográfica, debido al elevado coste de las entradas, que oscila entre los 6 y los 9 euros. Pero durante unos días al año, la Fiesta del Cine ofrece una notable rebaja que hace que miles de jóvenes en todo el país hagan cola para ver una película. ¿Pero es justo que tengan que esperar a que las empresas lo decidan para disfrutar de la cultura a un precio razonable?

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A finales del año 2014, FACUA elaboró un estudio en el que se recogían algunas de las ciudades más caras para ir al cine en España. Con Barcelona a la cabeza, donde en un día laborable la entrada cuesta una media de 8.97 euros, siendo este precio mayor en fines de semana y días festivos, le seguían A Coruña con 8,60 euros, Alicante con 8,50 euros, Oviedo con 8,45, Madrid con 8,27 euros y con 8,20 euros en Vitoria-Gasteiz.

Además, FACUA señalaba varias salas de cine situadas en Madrid y en Barcelona que presentan los precios más elevados en días laborables, llegando a los 9,50 euros en la capital y 9,30 en la Ciudad Condal.

Según este estudio, ver una película un sábado, un domingo o un día festivo puede salir mucho más caro en algunas ciudades españolas, que hacerlo durante los días laborables. Así, los fines de semana y festivos la entrada cuesta en España una media de 7,22 euros, un 3,7 por ciento más caro que durante el resto de semana (6,96 euros).

El precio abusivo de las entradas de cine responde principalmente a un motivo: se trata del carácter recaudatorio del sistema capitalista, que busca obtener ganancias de absolutamente todo lo que pueda significar un bien público para la clase obrera, sin excepción alguna. Por ello, cada vez son más las salas de cine que, a pesar de todo, se clausuran, permitiendo únicamente a las grandes salas permanecer abiertas, y dejando sin butacas, palomitas y refrescos a una enorme cantidad de localidades y zonas rurales, donde los jóvenes tienen que acudir normalmente a las capitales de provincia para disfrutar de una película de estreno.

Las leyes de propiedad intelectual y el cierre de páginas web, tampoco ayudan en absoluto a fomentar el interés por el cine entre los jóvenes, que en lugar de pagar lo que los más "afortunados" difícilmente ganan en una hora de trabajo, optan por modelos de ocio más alienantes y menos sanos, perdiendo por completo el interés por la cultura y convirtiendo así cada vez más cosas como el cine, el teatro o el deporte en privilegio para unos pocos.

Es evidente que la falta de interés por ir al cine no la ha producido un fenómeno como la piratería, pues éste más bien es una consecuencia de cómo el sistema capitalista gestiona y "elitiza" la cultura. La juventud no acude al cine porque su precaria situación le impide costearse el precio que supone el abono de una entrada, más el tradicional menú de bebida y palomitas, cuyo precio no es menos exagerado que el de las propias entradas. Una prueba de esto es ver cómo se agolpan centenares de jóvenes a las puertas de las salas de todo el país durante los días que dura la promoción de la Fiesta del Cine.

No es casual, entonces, que las salas de cine acaben cogiendo telarañas como la cabina de aquella maravillosa película italiana llamada "Cinema Paradiso". Resulta una falacia achacar el elevado precio de las entradas de cine a la "sostenibilidad de las salas", cuando es evidente que una disminución de precios se traduciría en un notable incremento de espectadores. La juventud obrera acudiría a las salas de cine con mucha más asiduidad si las entradas se vendieran a precios más razonables.

No es asunto de la juventud trabajadora si un tanto por ciento del precio de las entradas se lo queda el Estado en forma de impuesto, y otro tanto va para las productoras y distribuidoras. Lo que sí es asunto nuestro es la urgente necesidad superar, de una vez por todas, un sistema en el que el acceso al ocio cultural no está pensado para las clases populares, sino para hacer de ello un negocio del que una vez cada cierto tiempo, se permitirá participar. Así, cuando termine la Fiesta del Cine, comenzará de nuevo la fiesta de las grandes empresas.

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