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Jue06082020

Última actualización09:36:03 AM GMT


Cine e ideología: uso que la clase dominante hace de la cultura

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Por supuesto que el cine también tiene un carácter ideológico. Solo tenemos que echar un vistazo a la cartelera para observarlo. En las películas de Hollywood los Estados Unidos siempre aparecen como la potencia salvadora del mundo, un claro mensaje propagandístico que justifica su dominación económica, política y militar en alianza con la UE a través de la OTAN.

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En los últimos meses estamos asistiendo al estreno de una serie de películas pertenecientes al género del cine bélico. Ejemplo de ello lo tenemos en "Invencible" ("Unbroken"), de Angelina Jolie, película basada en hechos reales que narra la historia de Louis Zamperini, un atleta que se alistó en las Fuerzas Aéreas de los EEUU para luchar en la II Guerra Mundial y que, en el transcurso de la misma, fue capturado junto a otros compañeros por los japoneses y llevado a un campo de concentración. Más reciente es "El Francotirador", de Clint Eastwood, aún en cartelera y que narra las andanzas de Chris Kyle, caracterizado como el francotirador más letal de la historia de los EEUU, un Seal enviado a Irak para proteger a sus compañeros.

No vamos a hacer un análisis pormenorizado de estas películas, sino que pretendemos tomarlas como ejemplo para el estudio del uso propagandístico que se hace del cine y, en general, de la cultura.

En ambos casos se pretende dar sentido, manipulando descaradamente la historia, a las ideas que enarbolaban las potencias imperialistas como justificación de lo que hicieron o aún hacen. Y ello porque la clase dominante, la burguesía, necesita dotarse de un arsenal de armas le que permitan mantener el status quo de su dominación, como el Estado, nunca neutral1 y que aparece en la historia cuando aparece la propiedad privada (y, por ende, como herramienta para defender a los poseedores de la misma2 de las otras clases sociales que se le oponen). Pero dicho Estado necesitará de otras armas a su servicio (y, por ello, al servicio de la clase social dominante, en este caso de la burguesía): de un poder público (constituido por el ejército, la policía, las cárceles, otros aditamentos materiales y demás instituciones coercitivas), de un aparato técnico-administrativo (gobierno, administración pública, etc.), y de todo un aparato ideológico (concepciones sociales e instituciones que les corresponden), una superestructura que es la forma ideológica y político-jurídica que reviste el contenido económico de la vida social3. Todo este poder, aparentemente, está situado por encima de la sociedad, pero lo que se pretende con él es que se amortigüe el conflicto4.

Y aquí es donde debemos situar el papel que este tipo de películas, al igual que otras manifestaciones culturales, cumplen dentro del capitalismo: el de justificar y mantener la dominación de la burguesía sobre la clase obrera.

De este modo, en lugar de hacer justicia, de contar los acontecimientos tal y como ocurrieron, la historia oficial olvida a los vencidos, o lo que es peor: los demoniza. Por ejemplo, en el caso de "Invencible", estamos aparentemente ante una película que habla de la superación personal de un hombre que lo tuvo todo en su contra, y que contra todo pronóstico consiguió llegar a unos juegos olímpicos y sobrevivir a las duras condiciones de un campo de concentración. No obstante, en nuestro análisis debemos ir más allá y ver cómo también se trata de una nueva muestra del uso propagandístico que los países imperialistas hacen de herramientas como la literatura, la música o, en este caso, el cine.

Podemos afirmar que después de la II Guerra Mundial fue muy necesaria una gran campaña de propaganda para humanizar los actos imperialistas de EEUU en el Atlántico, que respondían únicamente a la defensa de sus intereses económicos: en este caso, necesitaban seguir manteniéndose como primera potencia mundial, y el repentino crecimiento de Japón, también éste un país imperialista que se extendía por Asia y multitud de islas del Mediterráneo, ponía en peligro la dominación del Atlántico por parte de EEUU, pues la constitución de una gran potencia asiática habría puesto en jaque su hegemonía político y económica.

De este modo, hechos histórico, como el lanzamiento de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagashaki, que dejaron decenas de miles de muertos al instante, y otros consecuencia de la radiación de las bombas, tenían que ser justificados de alguna forma; y no son pocas las herramientas que los EEUU utilizan para tapar su infamia y revestirla de un aura de defensa de los derechos humanos, la democracia y la libertad. En este caso, tenemos una película dirigida por Angelina Jolie, pero podríamos dar muchísimos ejemplos más.

En el caso de "El Francotirador", nos encontramos con una justificación absoluta de la las guerras imperialistas actuales que los EEUU llevan a cabo. Por un lado, el mundo árabe aparece como una seria amenaza a las "libertades" y a la "democracia", se da una visión del mismo que si bien absolutamente sesgada, nos es familiar: un fundamentalismo simplón que sería la única justificación de todo lo que hacen. Bajo esta visión, se justifica en la película la entrada de las tropas estadounidenses en Irak con el mensaje de que, junto a Dios y a la familia, la Patria (estadounidense y capitalista) es lo primero.

No obstante, no se trata aquí de desmentir los hechos, ni de juzgar a este o a aquel soldado americano, sino de preguntarnos qué intereses priman en la película. No debemos olvidar, en definitiva, que lo que pretenden hacer estas películas, o, más en general, el uso propagandístico de la cultura, es dar sentido, manipulando la historia, a las ideas que enarbolaban las potencias imperialistas como justificación de lo que hicieron o aún hacen, cuando sólo había un interés económico. En lugar de hacer justicia, de contar los acontecimientos tal y como ocurrieron, la historia oficial olvida a los vencidos, o lo que es peor: los demoniza.

Con todo esto, por supuesto, no se pretende condenar el uso del cine como arma, pues hay una diferencia entre el uso de la propaganda para construir una mentira por un interés individual, y el uso del mismo para levantar al oprimido por su interés colectivo. En este caso, pues, se trataría de analizar los fines que llevaron a hacer esta película y ver los intereses a los que sirve.

Notas:

[1] V. I., El Estado y la revolución, Madrid, Alianza Editorial, 2006, pp. 47 y ss.

[2] Esta afirmación coincide con la que hace Engels en El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado: Engels, F., El origen de la familia, de la propiedad privada y el del Estado, Madrid, Editorial Ayuso, 1972, p. 175

[3] Engels, F., El origen de la familia, de la propiedad privada y el del Estado, Madrid, Editorial Ayuso, 1972, p. 175

[4] Lenin, V. I., El Estado y la revolución, Madrid, Alianza Editorial, 2006, pp. 43 y ss.

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