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Vie18102019

Última actualización09:36:03 AM GMT


Una decisión que marcará mi vida

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Un relato corto que refleja la situación de un joven de clase obrera, con padres separados, sin trabajo y una abuela en situación de dependencia, que se planta ante la difícil decisión de estudiar o no la carrera que le gusta tras terminar el Bachillerato, sabiendo que tendrá que dedicar mucho tiempo para aprobar todas las asignaturas y mantener la beca.

Éste es el primer relato de género narrativo que publicamos en Tinta Roja. No obstante, nuestra intención es continuar difundiendo la situación de los jóvenes trabajadores en el contexto actual, también en forma narrativa.

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Pensar en mi futuro es decepción, es miedo, es frustración, es golpearse contra un fuerte muro llamado realidad. Puedo haber obtenido buenas notas, puedo haber sido admitido en la universidad, pero eso puede ser insuficiente.

No todos somos iguales, ni vivimos condiciones iguales. Mientras que yo paso el aspirador por mi casa, la suya es limpiada por una inmigrante mal pagada. Como todo en esta sociedad, es una cuestión de clase, la suya es alta; la mía, en oposición, es mayoría. Sí, mi vida es una cuestión de clase y mi futuro estará marcado por la clase a la que pertenezco.

Entonces... ¿Para qué continuar los estudios? ¿Para qué hacer la PAU? Sólo con una beca podría pagar la carrera y aún así no tendría el tiempo necesario para estudiar. Es frustrante pensar que alguien menos capacitado que yo pueda sacarse la carrera que yo desearía hacer, simplemente porque puede pagarla, porque puede dedicar suficiente tiempo al estudio, esto es, porque tiene dinero suficiente como para dedicarse exclusivamente al estudio.

Mientras mis compañeros estudian yo estaré cuidando a mi pobre abuela, que no tiene culpa de nada, pero necesita ayuda de alguien y no podemos pagar la de un especialista, ni la de nadie ya que el gobierno nos recortó las ayudas...

Apago el aspirador igual que se apagan mis sueños al pensar en mi situación económica, con determinante lentitud.

Otro día más que me toca cuidar de mi abuela, limpiarla y ayudarla a comer... Mi vida es un agobio. Ya fue un problema durante el bachiller. Tenía que conciliar el estudio con las tediosas tareas en casa y mi actividad militante tanto en la asamblea estudiantil como en los CJC. No sé qué piruetas me veré obligado a hacer en caso de ir a la universidad. La ingeniería de telecomunicaciones exige todavía un esfuerzo mayor. No sé si me siento capaz...

Tal vez sea mejor ponerme a trabajar. Mi madre lo suele dejar caer. Desde que mi padre ya no está en casa, las cosas sólo han ido a peor. Nuestra madre no trabaja y él... a él no le vemos mucho y nos pasa una mísera pensión con la que vivimos 4 personas: la abuela, mamá, mi hermana de 12 años y yo mismo.

No estaría de más que entrará algún ingreso adicional para la familia. Sería lo justo para mi hermana, ¿no? Ella no tiene la culpa, debería poder estudiar. Todos deberíamos poder estudiar si nos lo currásemos.

Mi revuelvo entre las sábanas, estoy sudando, no logro conciliar el sueño. Últimamente estas malditas dudas sobre mi futuro me impiden dormir bien. Siento que me acerco rápidamente hacia el precipicio, debo decidir ya. ¿Hacer o no hacer la PAU? Es una decisión que no me compete solamente a mí. Influirá en las vidas de mi madre, de mi abuela, de mi hermana y en la mía. No soy libre para actuar. ¿Qué pasará si no me dan la beca? ¿Y si me la dan y suspendo? ¿No es poco realista, es decir, realmente podré dedicar suficiente tiempo al estudio?

Tengo claro que no dejaré de cuidar a mi abuela, eso nunca. Tampoco dejaré mi labor militante, pues esta me permite desarrollarme como persona. En ella me siento útil hacia los demás y también para cambiar mi situación.

Sólo me queda recortar tiempo de las labores de la casa, cargándolas sobre mi madre y mi hermana. Pero esto no me acaba de parecer correcto. Para nada. Me siento mal, aunque ellas me dicen que haga lo que crea mejor para mí.

Por su puesto, salir con los amigos quedaría aún más limitado... Es curioso como la cuestión de clase determina tantísimo la vida de uno mismo, cómo la limita, cómo te esclaviza...

"El hombre es dueño de su destino" recita una frase que sólo es cierta para quien tiene dinero. A mí me han robado el destino, mi destino. ¿Quién? Otros hombres. Ellos manejan mi destino, el de mi familia, el de mis amigos. ¿Cómo podré recuperarlo? Yo quiero ser dueño de él, quiero estudiar, quiero aprender, quiero actuar, y así también cambiar el injusto estado de las cosas.

Quien no arriesga no gana, dice el dicho popular. ¿Me atreveré a jugar estas cartas? ¿Me arriesgaré? ¿No estaré entonces siendo egoísta? Y, si no me arriesgo, ¿no me estaré rindiendo a sus pies?

Debo de luchar, me lo ha enseñado la militancia comunista. Claudicando no se gana nada, luchando todo es posible. Mi familia me apoyará. No tengo nada que temer si me esfuerzo, si le planto cara a la realidad que me imponen; si actúo con determinación, venceré. Es cuestión de saber jugar las cartas.

Me he decidido, haré la PAU, iré a la universidad y aprobaré. Quiero hacerlo. Sé que el esfuerzo será grande, para mí y para mi familia, pero no puedo rendirme ante aquellos que nos explotan y oprimen. No es una cuestión de honor, sino de estrategia. Tenemos el deber de rebelarnos contra toda injusticia, contra todo aquello que vaya contra los intereses del pueblo trabajador. No hay medias tintas.

Ya no caben en mí más dudas. Estoy convencido de qué es mi deber. Es lo que objetivamente me interesa hacer, ser consciente de ello me hace más fuerte. Mi convicción me da ánimos.

Ser consciente de la realidad de uno mismo es el primer paso para cambiarla y cambiar la realidad es luchar contra los explotadores.

Voy al salón y se lo digo a mi madre. Su cara muestra preocupación, pero cuando le argumento el porqué de mi decisión y le transmito la determinación que me invade, entonces me sonríe y me da su aprobación. Puedo observar el orgullo en su cara.

El resto de la familia también se alegra. Mi abuela y mi hermana han quedado contagiadas del buen humor. Supongo que mi seguridad les reconforta.

Se acabaron las dubitaciones. Mañana por la mañana empezaré a estudiar. No podrán controlar mi destino, no les dejaré. Lucharé individual y colectivamente por cambiar esta sociedad.

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