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Vie18102019

Última actualización09:36:03 AM GMT


Nazim Hikmet: el compromiso y la convicción plasmados en verso

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Nazim Hikmet es considerado uno de los mejores poetas de Turquía. Ni siquiera la burguesía puede ocultar a un personaje que, como nuestro Miguel Hernández, estuvo del lado de los comunistas en la lucha de clases, siempre avanzando junto a los oprimidos, lo que le llevó a pasar años en la cárcel y en el exilio.

En esta reseña recogemos algunos versos suyos que demuestran su compromiso inquebrantable, el cual hemos de recuperar hoy por parte de artistas e intelectuales jóvenes que entiendan la necesidad del Socialismo para liberar al pueblo trabajador.

..........

Nazim Hikmet, nacido a principios del siglo pasado en Estambul, fue, tras pasar por el partido nacionalista, militante del Partido Comunista de Turquía hasta el fin de sus días, en 1963. Poeta del pueblo, pasó gran parte de su vida adulta en la cárcel o en el exilio, y fruto de sus consecuente militancia y compromiso con la revolución socialista, fueron viendo la luz sus poemas. Hikmet escribe para el enamorado, para el abandonado, para quien necesita esperanza, para la naturaleza, pero sobretodo -y en ello vamos a adentrarnos a continuación- escribe para dar forma a las ideas más bellas al servicio de la revolución. Dos de los aspectos más importantes que subyacen en toda su obra son la conciencia colectiva, de su clase, de su pueblo, y la convicción del inexorable avance de la revolución, la seguridad del advenimiento de la sociedad sin explotados ni explotadores.

Nuestro poeta tiene muy claro que hay dos bandos enfrentados, tiene muy claro quién es el sujeto revolucionario. Es decir, no concibe la lucha como medio para conseguir sus intereses individuales, ni tampoco como un impulso personal, sino como expresión de la justicia colectiva, como el avanzar de una gran masa de hermanos y hermanas cuyo anhelo es romper sus cadenas y vivir juntos y en paz:

Treinta millones de hambrientos son los nuestros,

ellos son nuestros,

nosotros suyos,

las olas, del mar,

el mar, de las olas. [1]

Su poesía es la de todos los explotados, igual que su lucha: todo obrero o campesino es él mismo, se funden todos ellos en un solo ente:

Un aldeano,

más muerto que su vieja mula,

está a nuestro lado.

¿A nuestro lado? No.

En nuestra sangre,

que arde. [2]

No obstante -y esto es común en los poetas de nuestros tiempos-, Hikmet no olvida quién estará a la cabeza de esa colectividad, no se deja embaucar por teorías de la conciliación y así describe a la vanguardia de la lucha, a quien trae el color al mundo gris:

En lo que va de siglo

ellos vencieron,

ellos fueron vencidos.

Muchas palabras se dijeron sobre ellos.

Se dijo: Nada tienen que perder

excepto sus cadenas. [3]

Otra importante dimensión del colectivismo ya expresado entorno a la unidad del pueblo trabajador es el internacionalismo proletario, que Hikmet explica así:

En cada milla marina, en cada kilómetro tengo amigos y enemigos.

Amigos que no nos hemos saludado ni una vez siquiera,

sin embargo podríamos morir por el mismo pan,

la misma libertad,

la misma nostalgia. [4]

En cuanto al segundo aspecto que señalábamos, la convicción del militante comunista sobre la inevitabilidad de la revolución, nada más aclaratorio que la reproducción de Respuesta:

Este muro,

este muro vuestro

poco nos importa, poco.

El origen de nuestra fuerza

no está en la vaga promesa de un místico,

ni en un sueño cualquiera que incendia el alma.

Procede únicamente

de ese galope de la historia

imposible de detener.

Los que intentan oponerse a nosotros

se oponen también

a las leyes seculares

del movimiento de la materia,

de la sociedad en marcha.

No existe pausa sino movimiento:

si el hoy desemboca en el mañana,

el mañana derriba al hoy

y todo sigue avanzando, avanzando.

Nosotros, héroes de hoy

somos los pregoneros del mañana.

Somos el rumor

de esa corriente

que corre sin parar

y reconstruye

lo que acaba de arrasar.

Nosotros

somos los que acomodan su paso al paso de la historia,

los que pisotean al imperialismo que se derrumba,

los que edifican el mañana.

Aquel muro,

aquel muro vuestro,

poco nos importa, poco. [5]

Es tan claro el poema que poco puede explicarse más. No es sino el materialismo dialéctico en verso, no es sino la certeza de la capacidad humana para traer la justicia al mundo. Parece decir a los capitalistas y oligarcas que da igual lo que hagan, da igual cuántos muros alcen, cuántos obreros maten, cuántas cárceles construyan: la historia avanza y está de nuestra parte. El poeta tiene la sincera convicción de que la revolución socialista va a llegar, antes o después, pero llegará, pues sabe que es la única solución a la miseria creciente de todos los pueblos del mundo. Su compromiso es férreo, pues, e incluso avanza el compromiso de sus hijos; al estilo de nuestro Nuestros hijos nacerán con el puño levantado, dice Hikmet:

Pero es claro,

mi muchacho o mi niña,

que si el día que ansiamos se retrasa,

vas a pelear, e incluso... [6]

En su profunda humanidad, Nazim no concibe un futuro de opresión. Conoce la historia, conoce la ciencia, sabe que su clase mandará al vertedero de la historia a quien le explota, oprime y engaña. Se sabe en una época clave de la historia y está orgulloso de ello. Si hay unos pocos versos que señalen las claves de la obra de Hikmet, y lo que este artículo pretende trasladar a la juventud lectora, es decir: compromiso revolucionario, convicción, humanidad, sólo los siguientes pueden hacerlo. Invitado a dormir cien años y despertar cuando ya todo esté hecho, responde Hikmet:

No. Porque pronto y a pesar de todo,

mi siglo moribundo y renaciente,

mis siglos cuyos días finales serán bellos,

mi terrible noche desgarrada por gritos de amanecer,

mi siglo estallará de sol, como tus ojos, amor mío. [7]

Para que no caiga en saco roto la lucha de tantos millares de comunistas en la historia, cuyas mayores aspiraciones plasma nuestro poeta de forma simple y bella, no nos queda otra que recoger su testigo: hacer que sea nuestro siglo el que estalle de sol, edificar el mañana, derribar todos los muros, fundir nuestra lucha con la de todos los demás jóvenes, estudiantes y trabajadores, en una sola.

 

Notas:

[1] Las pupilas de los hambrientos. 835 Lineas.

[2] Descalzos. Ahí va la tercera.

[3] Epopeya de la guerra de liberación. Ahí va la tercera.

[4] Poema número dos. Desde las cuatro cárceles.

[5] Respuesta. Uno más uno igual a uno.

[6] La una de la mañana. Duro oficio el exilio.

[7] Siglo XX. Desde las cuatro cárceles.

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