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Las secuelas de 1905

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secuelas1905

El desenlace de la Revolución Rusa de 1905 se caracteriza por las concesiones que el zarismo hace al pueblo ruso y las organizaciones políticas. Tras un período de lucha contra la monarquía que se había cobrado miles de vidas, el sistema autocrático del zar Nicolás II, encarnado en el Consejo de Estado, decidió optar por el camino constitucional. El ministro de interior Serguei Witte convenció al monarca de no instaurar una dictadura en forma de tutela militar, pues estaba seguro del estallido de la revolución en Rusia, en cambio, trabajó por la construcción de un gobierno liberal apoyando tres grandes declaraciones:

• La Constitución del Bullyng era en realidad una nueva propuesta de ley electoral. La primera constitución de Rusia llegó en 1906 con las Leyes Fundamentales.

• El Manifiesto de Octubre indicaba la concesión de derechos civiles al pueblo ruso, la legalización de partidos políticos y el sufragio universal para varones mayores de 25 años.

• La medida legislativa más importante fue la creación de la Duma en 1906, con competencias legislativas, aunque sometida a la revisión del Consejo de Estado y el zar.

La lucha de obreros y campesinos entonces había conquistado una serie de derechos políticos. Con la formación de un gobierno donde los liberales, quienes ejercieron un papel director del movimiento obrero enfrentados a los bolcheviques, las uniones de campesinos y las organizaciones cristianas, buscaban ubicar bajo sus políticas a las masas, la represión se recrudeció; a los famosos episodios de ahorcamiento tras el asesinato del ministro Stolypin siguieron huelgas multitudinarias en ciudades como Odesa, San Petersburgo o Moscú. Ésta última ciudad sufrió un baño de sangre, puesto que el ejército quiso desarticular los soviets dirigidos por los bolcheviques, que ejercieron de vanguardia revolucionaria en su política de denunciar la validez del nuevo gobierno.

Especialmente cruentos fueron los episodios de antisemitismo, por el que decenas de miles de judíos fueron asesinados a raíz de las persecuciones.

Fue también contraria a los intereses imperiales la secesión del gobierno del Gran Ducado de Finlandia, que había conseguido eliminar a los funcionarios y nobles rusos tras la huelga general de 1905. También allí se creó el moderno Parlamento de Finlandia, copado por los dirigentes liberales.

Gradualmente, la autocracia zarista, apoyada por el Consejo de Estado y los cargos políticos eventualmente más conservadores, fueron desmantelando todo cuanto tuvieron que ofrecer: tras apenas un año de vida la Duma fue revocada por Nicolás II, volviéndose a constituir en 1907 y 1909, cada vez con menos competencias y mayor presencia de elementos al servicio directo de la monarquía; la rendición de cuentas personal y unilateral de los diputados, fueran KDT, SR o lo que fueran, al zar no era algo nuevo (no existía consejo de ministros), pero sus capacidades legislativas acabaron perdiéndose... el gobierno puenteaba sistemáticamente a la Duma al promulgar las ordenanzas y ésta se convirtió en un organismo menor.

Con la manipulación recurrente de los distintos colegios electorales, acto que fue siempre denunciado por los socialdemócratas, y la escalada de ejecuciones a los dirigentes de las diferentes luchas, los principales partidos políticos y fundamentalmente el movimiento obrero quedaron descabezados. La desarticulación de la dirección que se ejercía en mayor o menor grado sobre los comités de trabajadores, los soviets, hizo perder posiciones en la lucha de clases a la clase obrera.

El prestigio de la casa Romanov también se vio minado por constantes descalabros, purgas entre los cargos funcionarios, destituciones en el mando militar y escándalos en la familia: famoso fue el monje Rasputín, personaje excéntrico que atrajo las disputas de los grandes nobles y que consiguió ganar el odio del pueblo para la emperatriz Alix (detestada además por ser alemana)... La legitimidad del zarismo cada vez era menor ante la mayoría de clases sociales del imperio, incluso la pequeña nobleza terrateniente, que ya identificaba al gobierno autocrático como contrario a sus intereses.

Sin embargo, las masas volvieron a organizarse masivamente con un renovado espíritu revolucionario con los primeros años de la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1915; la Gran Guerra se había cobrado ya dos millones de vidas rusas y el Imperio Ruso la estaba perdiendo. El colapso del gobierno de los Romanov llegó con la abdicación del zar, en marzo de 1917, cuando no se podía hacer ya frente a los partidos liberales que exigían el poder político y a las escaladas revolucionarias que protagonizaban los obreros de toda Rusia, quienes cada vez más ejercían un papel director bajo los bolcheviques. El hambre, la penuria, las epidemias y la muerte empujaban al pueblo ruso hacia la toma del poder.

Finalmente en febrero (C.J.) de 1917 una Cuarta Duma cedía a la presión revolucionaria y daba paso al Gobierno Provisional, encabezado por el liberal Alexander Kerenski. Se había depuesto finalmente al zarismo y daba comienzo la era de los soviets en toda Rusia.

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