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Mar13112018

Última actualización08:27:18 AM GMT


Rick Y Morty: La serie de los que no creen en nada

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La premisa es la siguiente: un científico alcohólico con la capacidad de viajar a universos paralelos  y su ingenuo nieto viven aventuras interdimensionales mientras mantienen una vida “normal” en el seno de una familia de clase media norteamericana totalmente desestructurada. La verdad es que con este argumento cualquiera diría que Rick y Morty no es más que una de esas series de dibujos animados para adultos cuya única pretensión es la de ser un vehículo para chistes forzados  y provocar a sus audiencias con situaciones absurdas, la cual ha sido la tendencia dentro de este género en los últimos años.

Y aunque esta serie tenga mucho de eso, las aventuras que viven estos personajes también lanzan al espectador  algunas preguntas; preguntas sobre la imperfección de la sociedad en la que vivimos, sobre la forma en la que afrontamos nuestros sentimientos, sobre el universo o sobre nuestra propia existencia. Cuestiones incomodas y difíciles de responder como lo son todas las preguntas existencialistas. Y es en estas preguntas y en el mensaje general que nos lanza la serie en lo que quiero centrarme.

A lo largo de estas tres temporadas algo de lo que más me ha sorprendido en esta serie, y creo que es su mayor seña de identidad, es que prácticamente al final de todos los capítulos no hay ninguna moraleja. Algo que es muy habitual en las comedias de situación o en cualquier producto del medio audiovisual. De hecho cuando parece que atisbamos alguna lección que poder sacar, rápidamente salen con alguna chorrada que nos evade de ese intento de buscarle sentido a las cosas. Y esto no es casual, es totalmente premeditado, ya que esta obra no pretende aleccionarnos sobre nada, precisamente va en  dirección contraria, ya que trabaja para destruir mitos no para dar lecciones.

Mientras otros tras una sarta de chistes provocadores nos da un final feliz y familiar, aunque la lógica nos diga que es incompatible con todo lo que ha pasado anteriormente y nos sirvan una lección de moralidad barata, porque así lo quiere el consejo director de la cadena facha que lo emite, Rick y Morty rompe con ese convencionalismo. En su mundo no hay moral, el bien o el mal pasa de relativo a inexistente y sus personajes parten del nihilismo o van cuesta abajo y sin frenos hacia él. Y es que ¿Por qué nos preocuparíamos por absolutamente nada en una realidad compuesta por una cantidad infinita de universos? ¿Cómo nos sentiríamos si descubriéramos que existen infinitas versiones de nosotros mismos? Si de pronto se nos revelara que no hay nada que nos haga especiales o únicos y que somos incluso sustituibles. La respuesta  nos da la el propio Morty en la primera temporada; nada importa y todos moriremos así que más vale que nos mantengamos entretenidos mientras tanto y pensemos lo mínimo en ello.

Para verlo más claro y sin querer hacer referencia explicitas  a ningún capitulo en particular, para no “spoilear” absolutamente nada a quienes tengan intención de verla, mencionare sin destripar el argumento el conflicto planteado en uno de los capítulos de la tercera temporada, el cual es un reflejo perfecto de la ideología que manejan los guionistas. En este capítulo se nos plantean cuatros historias paralelas. Todas ellas tratan sobre personas que quieren cambiar la realidad en la que viven o su modo de vida, aunque todos de formas distintas. Por un lado está quien cree que lo conseguirá con el sacrificio personal y el misticismo sobrenatural , por otro quien se ciñe a las reglas y a los códigos buscando la mejoría en una perfección idealizada de los mismos, luego están quienes lo pretenden a través de la violencia subversiva y por último quien lo hace desde la búsqueda de poder y desde la maldad, pero a través de la persuasión. De los 4 métodos solo el último triunfa, solo el fuerte y el inmoral logra sobreponerse y , como podía esperarse, el cambio lleva a una situación peor que la que existía previamente.

Personalmente, no comparto esta forma de ver el mundo y no creo que un ser tan lejos de la moral como lo es el personaje de Rick Sanchez sea un ídolo y un modelo a seguir. No creo que la solución sea que todo nos importe una mierda y pensar que toda pretensión de cambiar al mundo sea un intento inútil avocado al fracaso o sea un paso intermedio hacia un destino aun peor. No creo en general en la ideología que nos presenta Rick y Morty, un mundo en el cual el único momento donde mostrar compasión sea el momento antes de morir y la vida humana no valga nada. Ser así, o siquiera acercarse a ese modelo de conducta, nos convertiría en monstruos en algo inaceptable para cualquier escala de valores medianamente coherente.

Y aunque no crea en ella (nadie puede hacerlo del todo), el cinismo gamberro que destila la serie me gusta, tiene atractivo y carisma. Pues ha tenido el valor de decir cosas nuevas más allá de los esquemas clásicos de las sitcom y las series de dibujos para adultos. Tal vez su mensaje general no sea el más revolucionario y sea el producto de la desilusión de una sociedad que no sabe hacia dónde va, que vive sin ilusión, no cree en nada, ni se quiere implicar en nada. Pero aunque sepamos que no tiene el mejor de los mensajes, o el más positivo al menos, hay que reconocer que al menos los trasmiten extraordinariamente bien y que han dado un soplo de aire fresco a un género que daba muestras de estar estancado.

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