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Nuestra Historia: 1905

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1905

El siglo XX se inauguró en Rusia con una situación tan complicada que incluso cuesta comprenderla:

Siglos de anquilosamiento bajo el sistema feudal reventaron en un puñado de años en que el desarrollo de la producción se había disparado. El sistema de los grandes señores terratenientes seguía siendo el dominante, pero las nuevas familias burguesas levantaron poderosos imperios del capital que empezaron a extenderse en mercados vastísimos; fábricas y bancos consumaron en 10 años la concentración de capitales que en Francia se extendió durante más de un siglo.[1] Surgía una nueva clase minoritaria, pero cualitativamente superior, el proletariado.

Rusia se había aparecido súbitamente como nueva potencia imperialista ante el mundo, que se sacudía entre tensiones. En el complicado teatro de mercados del Asia Oriental, Japón explotó los corsés que lo comprimían y desató la guerra contra Rusia: los países se movilizaron para la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905.[2]

En este vertiginoso y convulso 1900, de una tradición de dominio político del zarismo, la aristocracia y el Patriarcado Ortodoxo se arrancaron concesiones para el liberalismo burgués, y los primeros órganos de gobierno representativo se crearon. Asimismo, los partidos políticos. A la carrera se situaban en primer plano las fuerzas de los Socialistas Revolucionarios, los KDTs (liberales) y los Socialdemócratas. Los primeros confiaron su política revolucionaria a los campesinos, los segundos, trabajaron por conquistar una Constitución que colocara a la burguesía en una posición dominante respecto al zarismo; los últimos, por su parte, empezaban a vislumbrar desde 1903 una lucha de contrarios en su seno: mencheviques y bolcheviques. Si unos confiaban en la espontaneidad del “movimiento” y ofrecían formas organizativas abiertas, otros apostaban por una férrea organización y una dirección central por parte de revolucionarios profesionales.

1904 fue un año caracterizado por una clase obrera propensa a la huelga, un campesinado empobrecido, un ineficaz poder ejecutivo, constantes conflictos políticos y una intelligentsia de estudiantes y liberales distanciada del gobierno. Se crearon las condiciones para una oposición potencialmente revolucionaria aunque interclasista (obreros, burgueses y minorías nacionales). En febrero chocaron las luchas de dos clases diferentes: los burgueses y terratenientes, que peleaban por sentar las bases de una futura democracia representativa, y la clase obrera, organizada en los soviets, comités dirigidos bien por los Socialdemócratas, bien por los SRs. En los episodios de insurrección se tomaron miles de fábricas a lo largo de todo el Imperio Ruso, especialmente en Petrogrado, donde los soviets tomaron el control de más de 200; también el ejército, dividido en facciones por pertenecer unidades mal pertrechadas debido a la guerra, jugó un papel importante en la paralización de las principales ciudades rusas, el episodio del Potemkin es acaso el más famoso de todos, el del motín de tal acorazado que se enfrentó a la flota del Mar Negro y bombardeó el teatro de Odesa, donde se reunía el alto mando imperial, apoyando la huelga de trabajadores que se disputaba la ciudad con los oficiales… Tras meses de huelgas, motines y altercados, el zar Nicolás II se vio obligado a hacer concesiones: libertad de prensa, reunión y asociación, ampliación del censo habilitado para el voto entre los trabajadores y entrega de competencias legislativas para la Duma. A pesar de no constituir una conquista del poder obrero, la lucha organizada otorgó importantes derechos políticos para el pueblo ruso. A finales de 1905 se anuló la deuda a los campesinos y se les garantizó la propiedad sobre sus respectivas parcelas de tierra.[3]

Sin embargo, esta “primera Duma” seguía supeditada al poder legislativo de la Monarquía y el país seguía siendo ingobernable… existían numerosas ejecuciones tras juicios de guerra sumarísimos y episodios de violencia política, y, por su parte, las movilizaciones entraron en reflujo. Estos episodios concluyeron con el nombramiento de Piotr Stolipin como Primer Ministro en la “segunda Duma” y los meses que siguieron se caracterizaron por la eliminación sistemática de todas las concesiones políticas y la propia institución. Con la propiedad de la tierra en manos de terratenientes el país permaneció inalterado y el poder político continuó perteneciendo al zar en exclusiva. La creación de la Duma y la represión, sin embargo, desestabilizaron a los grupos revolucionarios, sus líderes fueron a la cárcel o se exiliaron, se ejecutó a millares de judíos y militantes socialdemócratas bajo el amparo de la “persecución terrorista” en la horca; mientras que las organizaciones se debatían en disputas internas: ¿debían presentarse a la Duma o continuar al margen? Las subsiguientes escisiones mantuvieron a los obreros en una cierta desorganización, que se fue superando a medida que se aproximaba 1917.

1905 parece dar una significativa lección, pues nada ganó definitivamente la clase obrera situándose tras las bayonetas de otros, de otra clase social. Demuestra, sin embargo, cómo se aprovecharon aquellas formas de lucha que servían al pueblo ruso para su liberación de manera victoriosa.

A pesar de la derrota de las políticas revolucionarias socialdemócratas, en el Imperio Ruso no estaba todavía todo el pescado vendido… De momento, quedaba todo por hacer, pues incluso el zar aguantaba en los despachos del Palacio de Invierno de Petrogrado.



[1] LENIN, V., El Imperialismo: fase superior del capitalismo.
[2]JUKES, G., The Russo-Japanese War 1904–1905, Osprey Essential Histories, 2002.
[3] TAIBO, C., Historia de la Unión Soviética: de la Revolución Bolchevique a Gorbachev, Alianza, Madrid, 2017.
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