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Dom20082017

Última actualización10:46:53 AM GMT


La cultura, un nuevo lujo

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cultura

Una de las primeras lecciones que nos da la vida desde la más tierna infancia, es que todo aquello que deseamos o queremos llevar a cabo tiene un coste, o mejor dicho, tiene un precio. Pocas formas de ocio son públicas y gratuitas. Salvo honrosas excepciones, nos vemos apartados desde el principio de nuestra vida de cualquier forma de ocio cultural. Y encima tenemos que aguantar a algunos periodistas elitistas y resabiados hablar de una juventud que desprecia la cultura. No, señores y señoras, no es la juventud la que se apartado de la cultura y el conocimiento, es que no hemos tenido oportunidad de realizar ese acercamiento. Porque como tantísimas injusticias que afectan a la mayor parte de la población, el acceso a la cultura es en efecto una cuestión de clase y como tal debemos abordar este problema.

Un episodio donde pude apreciar abiertamente esta problemática juvenil fue durante mi última estancia en la ciudad de Toledo. Una de las grandes cunas de la cultura de nuestro país. Una ciudad que trasmite historia a cada calle, edificio y puerta. Desde su casco histórico que conserva la estructura de una ciudad medieval, pasando por la infinidad de edificios religiosos y públicos de centenares de años de antigüedad o la cantidad de museos que albergan sus calles. Un patrimonio incalculable que se nos presenta, de forma falsa, al alcance de muchos. Toledo es una ciudad donde se respira cultura y arte, una visita obligada sin lugar a dudas en nuestra geografía. Pero algo se interpone entre un joven de clase trabajadora como yo y todas aquellas maravillas  que nos legaron quienes nos precedieron en este mundo. Una barrera muy difícil de superar para la mayoría de nosotros. No, no era un muro muy alto, ni un mágico campo de fuerza, esa barrera eran las decenas (centenares seguramente) de euros que costaría entrar a todos los edificios históricos de la ciudad. Desde la catedral, que costaba 10 euros la entrada, hasta algunas de las Iglesias más humildes cuyo coste rondaba los 3 o 5 euros. Hacer una visita al patrimonio histórico de Toledo es un lujo que pocos se pueden permitir. Y podíamos dar las gracias que era el día nacional del museo y la entrada era gratuita, lo cual fue fortuito totalmente y contribuyó a una valoración un poco más positiva de la excursión.

Ante esta decepción algunas preguntas y resoluciones me asaltaron de repente, además de algún ataque de rabia que pronto desapareció y que solo conllevo que se lanzasen al aire algunos improperios, que rápido se perdieron por las estrechas calles toledanas. Entre ellas el que hará la iglesia católica con el dinero que recibe por parte del  estado y de sus adeptos ¿Es necesario sumarle a esas cifras millonarias el escaso efectivo disponible que tenemos? Y aun más relevante y trascendental, pensar en toda esa riqueza que generamos los trabajadores y que es amasada individualmente por menos del 1% de las personan que componen la sociedad. La cual podría invertirse en sostener todo este patrimonio para así poderlo poner al servicio de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Sin restricciones de ningún tipo.

Y mientras caminaba por las enrevesadas callejuelas de aquella ciudad pensando en todo esto, maravillado a la vez  por la pura apariencia de una localidad que se ha mantenido intacta, superviviente tras el peso de los siglos, llegó la triste y dura conclusión: A aquellos que sostenemos este país y solo tenemos nuestras fuerzas físicas y nuestra inteligencia para sobrevivir, quienes lo creamos todos, irónicamente nada de lo que contiene este mundo nos pertenece. Y aquello que creemos tener seguro, resulta tener la fragilidad del cristal, amenazando con saltar en mil pedazos a la mínima perturbación.

Algunos nos hablan del patrimonio de todos los ciudadanos, pero si no podemos permitirnos a contemplarlo ¿Cómo va eso de que nos pertenece?  Lo que pasa, es que se ríen de nosotros y mientras nos alientan para que nos golpeemos el pecho henchido de orgullo, seguimos mirando desde fuera. No hay un cartel que ponga que no somos admitidos. No les ha hecho nunca falta.

Pero Toledo seguirá en pie. Seguirá en pie su catedral, sus iglesias, su alcázar, sus sinagogas, sus mezquitas, todo su arte y cada centímetro de su empedrado. Se mantendrá intacta como lo lleva haciendo durante siglos, esperando a que por primera vez en la historia, sea de una vez y para siempre puesta bajo el dominio del pueblo trabajador.

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