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"Se lo repetiremos mil veces...". Ideología y medios de información a 70 años de Stalingrado

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Eduardo Corrales

Miembro del Comité Central de los CJC

Esta semana se cumplen 70 años de la victoria del Ejército Rojo sobre los ejércitos nazi-fascistas en la ciudad de Stalingrado, lo que supuso la primera derrota alemana y el inicio de la capitulación del nazismo en la contienda mundial. El sacrificio del pueblo soviético por vencer al fascismo fue absolutamente dramático, y por ello, digno de pasar a la historia de la humanidad como una de las más grandes gestas de solidaridad entre los pueblos. En su momento, los trabajadores del planeta supieron reconocer el valor del país de los soviets. Parecería lógico pues, que, en cada aniversario, se recordase agradecidamente un hecho que supuso la derrota del fascismo en su tentativa imperialista; parecería lógico, si el estado de las cosas fuera otro, pero no lo es.

Es por esto que la Televisión Pública Española decide “agradecer” la heroicidad del pueblo soviético programando, con motivo de la onomástica, un documental de propaganda anticomunista, ampliamente difundido desde hace años, en el cual se denigra de la forma más burda el proceso de construcción socialista de la URSS y la figura de Stalin, el político que, junto con su pueblo, tras la victoria sobre Hitler, se erigió en ejemplo para las masas trabajadoras de todo el orbe. No vaya a ser que a alguien le dé por pensar que los comunistas salvaron una vez al mundo de la barbarie más absoluta.

El documental que emitirá TVE –al que no dedicaremos demasiadas líneas– es, como tantos otros del mismo tipo, una amalgama de falacias, burdos montajes, y teorías del todo delirantes sobre la personalidad de Stalin, el devenir político y el día a día de la Unión Soviética. Las teorías sobre los minuciosos planes escenográficos de la URSS, barriendo la calles y utilizando a cientos, si no miles, de figurantes para representar una farsa al paso de cada visita extranjera, porqué de que los millones de muertos por hambrunas y persecuciones se volvieran invisibles. Stalin había tenido la brillante idea de convertir el país en un inmenso “show de Truman” de felicidad proletaria para cada visita diplomática. En fin...

Lo importante, o lo que nos interesa ahora, no son las torpezas y mentiras de un film cuyas falsedades –lugares comunes de la propaganda anticomunista y la historiografía burguesa– han sido debidamente refutadas en multitud de estudios, sin que la intelligentsia burguesa pueda corroborar con datos verificables ahora que los archivos y documentos oficiales de la administración soviética llevan ya dos décadas desclasificados, ni una sola de las afirmaciones hechas durante los años de la Guerra Fría. Lo que nos interesa es apuntar hacia el propio recurso por parte de los medios de comunicación de este tipo de materiales.

¿Por qué los grandes medios recurren a tales informaciones, claramente ideológicas y a bastantes luces falsas? Debemos comenzar por comprender, primeramente, que los grandes medios informativos –canales de televisión, prensa escrita– como parte de la superestructura social, dependen en todo momento de la clase económicamente dominante de la sociedad, y por ende, defienden los intereses de ésta. Así pues, tenemos que olvidarnos de aquella leyenda de los grandes medios “de izquierdas”, ni Le Monde Diplomatique, ni Público, ni, qué cabe decir, El País, defienden a través de sus comunicaciones los intereses de las amplias mayorías. También debemos entender que, cuando un medio cambia repentina o paulatinamente su línea editorial, virando de un cierto progresismo a posiciones liberales, por ejemplo, no está siendo cooptado por el poder. No es así, los medios informativos del capitalismo están y han estado todos ellos, siempre, al servicio de la burguesía, y las modificaciones de su línea editorial a lo largo del tiempo responden únicamente a los virajes tácticos que mejor favorezcan los intereses de los capitalistas que los ponen en movimiento. Cualquier brecha en un seno que dé cabida a un discurso favorable a los intereses de la clase obrera no es consecuencia más que de la relativa autonomía que cabe en el entramado superestructural capitalista, pero precisamente por esto, mientras el sistema no cambie, cualquier disidencia no dejará de ser un fogonazo temporal, pues el aparato seguirá dependiendo, en última instancia –como apuntaría Engels– de la base económica de la sociedad.

Hemos llegado a un punto de no retorno, el capitalismo –tal cual analizó Lenin– en su fase imperialista tiende a la reacción en todos los terrenos. En la lucha económica, destruye fuerzas productivas y conculca derechos laborales como una apisonadora; en la lucha política ataca por todos los medios que requiere las formas de organización de la clase obrera; y en la lucha ideológica pone en estado de alarma el amplio aparato de subyugación ideológica sobre la clase obrera, desde los programas educativos –de párvulos a universidad– hasta los medios de información, pasando por todos los campos y disciplinas de las ciencias, la cultura y el ocio.

Bundesarchiv Bild 183-W0506-316 Russland Kampf um Stalingrad Siegesflagge

En el terreno de la información periodística, la tendencia a la reacción de la oligarquía financiera se refleja en un tratamiento propagandístico cada vez más radicalizado y burdo. Pretendían que nos creyéramos que el viejo aliado yanqui anti-soviético Osama Bin Laden, reconvertido en archivillano de Occidente, fue capturado, ejecutado, transportado en helicóptero con nocturnidad de un país a otro, y le fue practicada la autopsia pertinente antes de ser enterrado en el fondo del mar, por respeto a sus creencias. Pero no tuerzan el gesto de forma aviesa ante la inverosimilitud de la película, nos presentaron una prueba de la irrefutable veracidad de la historia: una fotografía de la plana mayor del gobierno estadounidense expectantes ante una pantalla de televisión. ¡Ah, bueno!, entonces sí, podemos decir que todo es cierto... En definitiva, sería para analizar más detenidamente los procesos por los que la actual propaganda capitalista tiende a menudo al paroxismo, pero lo que parece claro es que la dominación ideológica ha de recurrir a medidas cada vez más extremas y arriesgadas.

En otras ocasiones se fue más sutil. La historiografía y el mundo académico ha tenido casi un siglo para escribir la historia desde el punto de vista de los oligopolios y las potencias imperialistas, para poner en práctica elaboraciones sociológicas como la famosa “teoría de los dos demonios”, que tan buen resultado le dio a la Junta Militar en Argentina a finales de los años 70 y principio de los 80. La satanización de líderes revolucionarios o antiimperialistas fue siempre una táctica sencilla, lo que menos importaba era la verdad o falsedad de lo dicho, de lo que se trataba era de destruir un sistema económico y unas ideas, y hacerlo criminalizando y destruyendo físicamente a aquellos hombres y mujeres que lo simbolizaban a nivel mundial. De Libia nos contaron sobre el botox de Gadafi, pero no del índice de desarrollo humano más alto de África antes de la barbarie otánica. En Siria –como antes en Palestina, Irak, o Libia– los malvados gobiernos elegidos por el pueblo tenían la costumbre en cada guerra que estallaba en su territorio, de usar a niños como escudos humanos. Nadie vio nunca tal barbaridad, pero no importaba, repetido mil veces, algo quedaría. En Irak, sin lugar a dudas, había armas de destrucción masiva; jamás se encontraron. Lo que sí vimos fueron las torturas de Abu Grahib y el millón de muertos; estos días se cumple el décimo aniversario de la invasión, quién sabe con qué nos deleitará La Noche Temática de TVE, tal vez con un documental sobre el tirano Sadam. Si se lo pierden, no se preocupen, a buen seguro volverán a reponerlo. Y así una vez tras otra, porque esa es la enseñanza que Goebbles les dejó, aquella famosa máxima del nazismo: una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad, o al menos, algo quedará.

A fin de cuentas, no olvidemos el carácter de clase de los medios de información. Mientras la clase obrera no cuente con un desarrollo en su organización que le permita dotarse de medios de información bajo su dirección, la tarea que nos corresponde es continuar ofreciendo una lucha cada vez más encarnizada también en lo ideológico. Una vez que el actual sistema de producción sea superado, será igualmente tarea imprescindible adecuar la historiografía a la verdad de los hechos.

Por hoy, a setenta años de la victoria del Ejército Rojo en Stalingrado, digamos sin imposturas, con total naturalidad, que nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a esos soldados, hombres y mujeres, al pueblo soviético y a los camaradas que en aquel momento supieron dirigir no solo el Estado socialista sino las esperanzas del planeta entero, por haber sacrificado todo en sus vidas a favor de la libertad de todos los pueblos del mundo.

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