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La URSS y la Segunda República en guerra

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Tinta Roja Nº18 - Primavera de 2012
Órgano del expresión de los CJC

Víctor Moreno

Breve introducción

Estamos a dos décadas de la victoria de la contrarrevolución en la Unión Soviética que acabó destruyendo más de setenta años de construcción socialista. Esta última cifra casi coincide con el aniversario de la Guerra Civil española, nuestra guerra nacional y revolucionaria, una guerra que marcaría el futuro de España y de laque en gran medida aún hoy somos herederos.

El anticomunismo no es ni mucho menos novedoso, pero si es cierto que se está destapando una nueva campaña anticomunista orquestada por la Unión Europea que pretende silenciar y criminalizar los numerosos logros obtenidos por la URSS, cuando cada vez es más patente que el capitalismo es un sistema senil y caduco. Por lo que nos ocupa en este artículo, ha sido el revisionismo histórico y la historiografía anticomunista de todo cuño la que ha pretendido silenciar o difamar el importante papel jugado por la Unión Soviética en apoyo a una Segunda República Española asediada por unos, abandonada por otros.

Aunque de forma breve, el siguiente texto pretende rescatar y contribuir en la recuperación del papel jugado por la URSS en nuestra guerra, de la que se cumplen importantes aniversarios, como los 75 años de la batalla del Jarama o de Guadalajara.

El contexto internacional

Tras una larga conspiración y planificación, el 18 de julio de 1936 se producía la sublevación de buena parte del ejército apoyado por los sectores más reaccionarios de la sociedad. Su objetivo: destruir la república del Frente Popular. Pero los golpistas se dan de bruces en la mitad del país por la resistencia de los militares leales y fuerzas populares. El golpe de estado da paso a una larga y dura guerra. Aunque no solo podemos explicar este paso por la heroica resistencia del pueblo, pues también jugaron en él otros factores, entre ellos, los movimientos que se dieron en el plano internacional.

Prácticamente desde el minuto cero la guerra en España toma un carácter internacional. Cinco serán los agentes internacionales principales: Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y la Unión Soviética. De un lado las potencias fascistas, Italia y Alemania, no dudan en prestar su apoyo a los sublevados –y concretamente a Franco–. Del otro lado el resto de países europeos considerados “democráticos”, alineados en el llamado Comité de No Intervención impulsado por Inglaterra, que en la praxis suponía un boicot absoluto hacia la República. Señalar que en ese Comité también entraron Alemania, Italia y la URSS, aunque con motivos y papeles diferentes.

Por parte de EEUU se impulsó la Ley de Embargo para boicotear el comercio de armas de la República, incluso denunciando a la armada fascista a buques de transporte republicanos. Aunque curiosamente, empresas norteamericanas suministraron combustible y camiones a los sublevados a precios muy bajos, o incluso armamento made in USA que se utilizó en bombardeos masivos a grandes ciudades como Barcelona.

Pero serían Alemania e Italia los países que dieron su apoyo directo y claro a los sublevados, puenteando claramente su supuesta neutralidad. Los objetivos de Hitler y Mussolini eran claros: lograr la hegemonía en Europa, instaurar en España una dictadura títere de corte fascista para acabar con el Frente Popular y desarticularlas fuerzas antifascistas. No solo eran intereses políticos, también geoestratégicos y económicos, como el control de las rutas comerciales o del subsuelo mineral español.

Un apoyo que sin exagerar podríamos calificar como decisivo en la victoria de Franco, que se manifestó desde los primeros días de agosto en la batalla del Estrecho, en la que Franco logró cruzar el grueso de su ejército de Marruecos a la Península gracias a la flota y los aviones fascistas, como las aeronaves JU 52 alemanes o los Savoia italianos.

La ayuda alemana se materializó con la Legión Cóndor, compuesta por unos 6000 hombres (sobre todo pilotos y técnicos) apoyada por cientos de aviones, tanques, piezas de artillería y material de guerra en general. Italia organizó el Corpo diTruppe Volontarie, con unos 40000 hombres y también con cientos aparatos y material bélico. Realmente el grueso de los efectivos militares del ejército de Franco –entre alemanes, italianos, portugueses, marroquíes e incluso irlandeses– era esencialmente extranjero.

La República no lucha sola

La República tuvo que enfrentarse a todas las dificultades de la guerra cuesta arriba. Para empezar, la indudable superioridad militar de los sublevados, acrecentada por los grandes envíos de material bélico y soldados de las potencias fascistas. Así mismo, la situación política de la República, con una gran fricción interna, impedía centrar todos los esfuerzos en la guerra contra el fascismo, algo completamente diferente al o que ocurrió en el bando franquista. Y, como hemos visto, el contexto internacional era favorable a la victoria del fascismo en España, puesto que, mientras Franco recibía toneladas de materiales con todas las facilidades, la República se enfrentaba al boicot internacional y se veía abocada a numerosos problemas para acceder al armamento que necesitaba.

Todas estas dificultades, y otras que no hemos mencionado, hubieran sido más profundas si no hubiera sido porque, como reza el título de este apartado, la República no luchó sola. Dos serían las grandes esperanzas: las Brigadas Internacionales y la Unión Soviética. La primera formaría parte de una de las grandes gestas y demostraciones de solidaridad e internacionalismo. El 18 de septiembre de 1936 la Internacional Comunista impulsó el reclutamiento de miles de combatientes antifascistas con experiencia militar de todos los países del globo para marchar en socorro de la República. El 8 de noviembre de ese mismo año tendrían su bautismo de fuego en la Batalla de Madrid. Casualidades de la historia, el día que comenzó el asedio franquista a Madrid se celebraba el 19 aniversario de la Revolución de Octubre. Por la creciente hegemonía del Partido Comunista de España, el pueblo madrileño se sentía cada vez más identificado con el pueblo soviético. El propio José Díaz lanzaba la consigna en vísperas del asedio haremos de Madrid el Petrogrado de España. En las milicias y en el ejército republicano, se proyectaban películas como Los marinos de Cronsdat o El Acorazado Potemkin, y algunas unidades recibían nombres de las epopeyas soviéticas, como Leningrado.

En la URSS existió desde los primeros momentos del conflicto español un interés por el desarrollo de los acontecimientos. Este interés no tenía nada que ver, como ha señalado la historiografía franquista, de los intentos de la URSS por establecer una República en España títere de Moscú .No podemos detenernos en esta cuestión, pero tenemos ejemplos documentales como la carta que enviaron Stalin, Molotov y Voroshilov en diciembre de 1936 al presidente Largo Caballero donde dejan claras las intenciones soviéticas en España.

Hay que señalar que la URSS no había establecido relaciones diplomáticas con España hasta el estallido de la Guerra Civil, pese a varios intentos durante los años treinta. En pos de unir esfuerzos en Europa frente a la amenaza del fascismo, el 25 de agosto de1936 llegaría el primer cónsul soviético a Barcelona, Vladimir Antonov-Ovséenko. Dos días después Marcelo Rosenberg llegaría a Madrid como embajador de la Unión Soviética.

El pueblo soviético en su conjunto daría muestras de apoyo y solidaridad desde las primeras semanas del conflicto. Desde el 2 de agosto se celebraron numerosos mítines en diferentes empresas y en los días siguientes se sucedieron manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades de la URSS, destacando la de la Plaza Roja de Moscú donde se congregaron cerca de 200.000 personas. La industria textil Las Tres Montañas sería la primera en promover el envío de víveres a España. En los primeros días de agosto se abrió el Fondo de Ayuda a la España Republicana, impulsado por el Consejo Central de los Sindicatos de la URSS. En el mismo mes ya había cerca de12.000.000 rublos destinados para la ayuda a España en forma de productos alimenticios y ropa, que seguirían sucediéndose durante el resto del conflicto. Otra gran muestra de solidaridad del pueblo soviético fue la acogida de miles de niños españoles que huyeron de la guerra, cerca de 3000 en 1938. Muchos de ellos, junto con otros exiliados españoles, engrosarían las filas del Ejército Rojo y defenderían con las armas su segunda patria frente a la agresión fascista.

La URSS, la No Intervención y el valor de los envíos:

Se suele señalar que la ayuda soviética llegó tarde y que ésta era de mala calidad e insuficiente. La URSS entró en el Comité de No Intervención con dos condiciones. La primera era que Portugal entrase en la No Intervención y la segunda que cesara de forma inmediata la ayuda italiana y alemana a los rebeldes. Esto último nunca ocurrió. Los retrocesos militares republicanos aumentaban y el peligro amenazaba a la capital. Desde septiembre, la Unión Soviética decidirá la ayuda directa a la República.

Los envíos soviéticos fueron fundamentalmente material bélico y humanitario, aviones y tanques. Por supuesto, también fue importante el envío de asesores militares que ayudaron a organizar el Ejército Popular de la República. Los primeros materiales llegaron desde octubre. Hay que señalar que Rusia se encuentra a miles de kilómetros de distancia y que los envíos de mercancías tenían que enfrentarse a la presión internacional, a los bloqueos fronterizos y a la piratería de aviones, barcos y submarinos fascistas. La Unión Soviética perdió numerosos buques de transporte en aguas del Mediterráneo, como el famoso Komsomol.

Estos materiales eran modernos y llegaron a superar en algunas ocasiones a las máquinas de guerra facciosa. Aproximadamente, se enviaron 650 aviones, 350 carros de combate y 1100 cañones. Para la lucha en el aire los envíos soviéticos fueron determinantes para hacer frente a la superioridad de los Fiat italianos y los Heinkel alemanes. Incluso los I-15 eI-16 soviéticos llegaron a ser en algunos períodos de la guerra superiores a la aviación fascista y dieron moral y esperanza al pueblo de Madrid cuando contemplaban las heroicas batallas aéreas y se lograba expulsar a la aviación fascista.

Lo mismo podemos aplicar a los modernos tanques T-26 soviéticos, que darían más de un quebradero de cabeza a las tropas sublevadas. Aunque la efectividad tanto de tanques como de aviones se vio acotada por las propias limitaciones de las fuerzas republicanas. Pese a que con el paso de los meses se mejoró, la efectividad, organización y disciplina del ejército reduciría el poder y valor de la ayuda soviética.

Bibliografía

Para aquellos que quieran profundizaren el tema se recomiendan los siguientes libros. Así mismo, todos los datos del artículo se han basado en las mismas fuentes que a continuación se indican:

NESTERENKO, La solidaridad de los pueblos con la República Española, Progreso, Moscú, 1974.

AROSTEGUI, Julio, Por qué el 18 de julio…Y después. Barcelona, 2006.

IBABURRI, Dolores, Guerra y Revolución en España 1936-1939, Tomos I, II, III y IV, Moscú,1966.

VIÑAS, Ángel, La soledad de la República. El abandono de las democracias y el viraje hacia la Unión Soviética, Crítica, Barcelona,2006.Víctor Moreno

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